Lo ha conseguido. El estadounidense Ashton Eaton ha inscrito su nombre con letras de oro en la historia del atletismo al batir el récord mundial de decathlon, con una nueva marca de 9.039 puntos sacando de la nómina de plusmarcas a todo un Roman Sebrle durante los Trials estadounidenses. Sella así Eaton su participación en las próximas Olimpiadas de Londres junto con Trey Hardee, segundo, con un Brian Clay que realizó tres nulos en el lanzamiento de disco.

 Los Trials estadounidenses es una de esas competiciones que nunca deja indiferente al mundo atlético, para bien o para mal. En pleno año olímpico, con toda la carne en el asador y todas las espadas en alto, ha sido Ashton Eaton el que ha puesto la nota de calidad con un récord mundial de decathlon, especialidad de las especialidades, con un estratosférico registro de 9.039 puntos, esto es, a una media de más de novecientos puntos por prueba. La hazaña de Eaton, el mismo que renunció a ser campeón mundial en pista cubierta para batir el récord mundial en los campeonatos universitarios estadounidenses, dibuja la línea que separa a los atletas de los superhombres, no consiguiendo sólo un buen registro a nivel global sino una serie de marcas en cada una de las pruebas suficientes para rendir a un buen nivel en cualquier campeonato internacional. Abrió la competición avisando: 10.21 segundos en los cien metros lisos, mejor marca nunca hecha en un decathlon con apenas viento favorable, para marcar las distancias con su compatriota Trey Hardee, doble campeón mundial que llegó a meta tres décimas más tarde. No quiso bajar la velocidad Eaton en el salto de longitud, consiguiendo un grandísimo registro de 8.23 metros, también lo más lejano que haya saltado nunca un decathleta y consiguiendo en las primeras dos pruebas la friolera de 2.164 puntos, a más de mil por prueba. Eaton cumple con las características del prototipo de decathleta rápido, muy rápido, que sabe transmitir esa velocidad a los saltos y las carreras de vallas: en el salto de altura, su tradicional talón de Aquiles, consiguió unos buenos 2.05 metros, rompiendo su maleficio con una prueba en la que atesora un alto nivel que nunca había conseguido plasmar en una combinada, para más tarde saltar la friolera de 5.30 metros en pértiga, corriendo por el camino los cuatrocientos metros en 46.70 segundos y las vallas cortas en 13.70 segundos. El viento contrario lastró ligeramente su carrera de vallas, quedando lejos de su marca personal, igual que en los cuatrocientos metros. Por detrás, el doble campeón mundial Trey Hardee solventaba algunos problemas en el salto de altura pero se mantenía a buen nivel aunque incapaz de seguir el tren de Ashton Eaton, convertido en una auténtica máquina de conseguir puntos.

Desde el final de la primera jornada, el mítico récord estadounidense de Dan O’Brien, 8.891 puntos que datan veinte años atrás, sabía que tenía las horas contadas, con Eaton consiguiendo una media de novecientos puntos por prueba y solventando bien las situaciones delicadas. Los lanzamientos, sector en el que peor se desenvuelve el estadounidense en relación con su nivel en el resto de pruebas, se solventaron con unas marcas de 14.20, 42.81 y 58.87 metros en peso, disco y jabalina respectivamente, por debajo de sus registros personales pero suficientes para mantenerse en la carrera por el récord mundial. Así las cosas, llegó Eaton a la última prueba, los fatídicos mil quinientos metros, con el récord de O’Brien prácticamente batido y con el billete olímpico en el bolsillo, pero con una plusmarca mundial que batir: su marca, 4:18.94 minutos, dos segundos más lento de lo necesario para batir el récord. Pero Eaton salió confiado, tranquilo, con la misma expresión de confianza que pone siempre que bate un récord mundial en pista cubierta como si no fuera con él la cosa, y convencido al paso por los primeros seiscientos metros de que lo conseguiría: a la estela de Curtis Beach, un raro caso de cruce entre decathleta y mediofondista, consiguió hacer de tripas corazón y apretarle las tuercas al cronómetro en la última vuelta, entrando en meta con 4:14.48 minutos y superando, por fin, el mítico récord mundial de Roman Sebrle por trece puntos. Felicidad al término de una prueba que el mismo Eaton definió en declaraciones posteriores como “vivir una vida entera en apenas dos días”, una prueba que siempre vive a la sombra del resto de especialidades pero que de vez en cuando llama a la puerta del aficionado para recordarle quiénes son aquí los atletas más completos.

EATON Y HARDEE ESTARÁN EN LONDRES

Con la tranquilidad de tener el récord mundial en el bolsillo, Eaton llegará a Londres con el claro objetivo de proclamarse campeón olímpico, máximo honor de un deportista, si bien tendrá con él a quien siempre ha conseguido negarle el oro: Trey Hardee, una vez asegurada su plaza para Londres en los Trials, compitió sin despeinarse en las últimas pruebas del decathlon, consiguiendo unos discretos 8.383 puntos que claramente saben a poco, por lo que cabe esperar un gran duelo entre estos dos atletas. Comprometió, y mucho, su participación en Londres el campeón olímpico Brian Clay, que tras un buen comienzo en los cien metros acusó problemas en la altura y los cuatrocientos metros y empezando la segunda jornada con un tropezón de 16.81 segundos en las vallas y sentenciando su declive con tres nulos en el lanzamiento de disco. Muy negro se le presenta el futuro olímpico a Clay, que terminó la combinada en duodécima posición y dejando claro que el decathlon es una prueba cruel. Menos para Ashton Eaton. Él sí que ha probado las mieles del triunfo total.

 

Fotos | USATF

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