Bernard Lagat o el valor de la constancia

Publicado por 11/09/12 - 0:26

 Bernard Lagat o el valor de la constancia

El atletismo es un deporte de valores, y hay atletas que constituyen auténticas representaciones vivientes de estos valores. Bernard Lagat es uno de ellos: constancia, tesón, esfuerzo y grandes dosis de moral que le llevaron, tras numerosos traspiés y reveses del deporte, a lo más alto de la gloria atlética. Esta es la historia de un atleta que cambió su nacionalidad y cambió el manto del eterno segundón por el de campeón de pleno derecho.

Bernard Lagat, como casi todo hijo de vecino lo hace en Kenia, nació para correr. Más concretamente, en 1974 el pueblo de Kaptel, en el distrito Nandi, tribu a la que pertenece, con sus nueve hermanos. Y como dictan los tópicos más cinematográficos de la forja de grandes atletas, Bernard Lagat corría milla y media hasta su escuela, suponemos que no especialmente despacio. Lo hacía, además, con el ejemplo de su hermana Mary en mente: corredora de gran nivel y campeona africana en diversas pruebas de fondo en el año 1994. Pronto destaca en los estudios, se gradúa en el instituto de su ciudad – el mismo al que llegaba corriendo – y comienza su andadura universitaria en la capital, Nairobi. Los chicos que van corriendo a la escuela poco saben de lo manido que está en Hollywood el tópico del ojeador que ojea al chico noble y con calidad, y se lo lleva a un mundo nuevo de chaquetas de equipos de baseball y animadoras. Eso fue precisamente lo que le pasó a nuestro Bernard, con tobillos prodigiosos y un tal Hicham El Gherrouj como héroe indiscutible.

Un entrenador atisbó el pozo de calidad atlética que había en Lagat y le envió directo a la Washington State University, donde empezó otra carrera: la de Sistemas. Y mientras se curte los codos delante de los libros, Bernard comienza a fraguarse una reputación como corredor de medio fondo. En 1999 gana los campeonatos indoor de la National College Athletic Association (NCAA) en tres kilómetros y milla, mientras que en aire libre lo hace en la distancia de cinco mil metros, y ya atesora marcas de primer nivel mundial en varias pruebas: 3:30.56 minutos en los 1.500 metros y 1:46.02 en los 800. Un año después, Bernard Lagat porta la bandera de Kenia hasta Sidney, y lo hace nada menos que para ser bronce olímpico en su distancia predilecta, los mil quinientos metros, y unas décimas por detrás de su gran héroe Hicham El Gherrouj, el marroquí derrotado por Noah Ngneny. Casi nadie al aparato.

UN SEGUNDÓN SIN PATRIA

Ser tercero en unos Juegos Olímpicos por detrás de tu héroe está bien para un rato, pero al cabo de un rato termina por aburrir: Bernard Lagat quería la gloria, ser más que su héroe. A partir de ese bronce, Lagat comenzó una cosecha de medallas. Que si plata en Edmonton, otra vez en Birmingham, incluso campeón mundial indoor en Budapest. Y un positivo por EPO que al final no fue tal y que le pudo costar un buen disgusto. Pero llegó la cita olímpica de Atenas y otra vez le falló la estrella: mientras El Gherrouj completaba su épico doblete de 1.500 y 5.000 metros, Lagat era subcampeón olímpico en la primera distancia. Que era su segunda medalla olímpica consecutiva, sí. Pero que volvía a no ser campeón, también. Sus 3:26.34 minutos de Bruselas en 2001 le convertían en el segundo hombre más rápido de todos los tiempos, pero eso no era suficiente.

 Bernard Lagat o el valor de la constancia

De hecho, por si no fuera suficiente, su nacionalidad también comenzó a darle problemas. En 2004, incluso antes de competir en Atenas con la elástica keniata, anunció que quería convertirse en ciudadano del país que, menos la vida, se lo había dado prácticamente todo: los Estados Unidos. Y casi le cuesta la medalla de Atenas, y le costó la participación en los mundiales de Helsinki, como ya le sucediera a Wilson Kipketer en los Juegos de Atlanta. Por el camino, eso sí, fue destrozando los récords de fondo y mediofondo de los Estados Unidos.

OSAKA Y LA REDENCIÓN DE BARRAS Y ESTRELLAS

Pero cuando parecía que el “segundonismo” de Bernard Lagat no tenía remedio, llegó el año 2007 y con él los mundiales de Osaka. Y las cosas no pintaban especialmente bien para Lagat, una vez asomada la cabeza en los cinco mil metros: no estaba ni entre los quince hombres más rápidos del año en 1.500, y apenas entraba en la treintena de los 5.000 metros, con ejércitos de corredores de su patria previa más que dispuestos a ser campeones del mundo. Pero nuestro joven que corría milla y media para ir a la escuela tenía otra bala: la del “me lo merezco”. Lo cierto es que ambas pruebas, durante el Mundial de Osaka, no pudieron haber salido más a pedir de boca: carreras tácticas, perfectas para un ‘killer‘ de la última recta como Lagat, que en la ciudad nipona de Osaka pudo ser su propio héroe consiguiendo un histórico doblete en 1.500 y 5.000 metros, a sus treinta y dos años y sacudiéndose de encima los fantasmas de ser el eterno segundón de la historia del atletismo. Por fin, el deporte había sido justo del todo con Bernard Lagat, ni Kipchoges ni baronías de Valencia ni nada de nada. Un Lagat que además de destilar alegría también rezumaba barras y estrellas por todos los poros de su cuerpo, interrumpiendo su vuelta de honor para escuchar el himno estadounidense que sonaba en honor de una compañera.

 Bernard Lagat o el valor de la constancia

A sus treinta y ocho años, la carrera de Bernard Lagat sigue gozando de una salud impecable, si bien el oro olímpico se le ha resistido con su cuarto puesto en Londres, pero ya nadie podrá negarle la capacidad de constancia y sacrificio, que le han llevado a ser uno de los medio fondistas más respetados de la historia y, por qué no decirlo, también de los más temidos.

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2 comentarios

  1. CarlosTemas
    (11-sep-2012 | 17:18)

    quien ha sido el/los entrenador/es de Lagat en su carrera?

  2. malísimo
    (14-sep-2012 | 11:19)

    Los demás también tienen tanta constancia y valor como Lagat, quien sabe si no más, pero lamentablemente en el mundo del deporte los observadores solo tienen ojos para el ganador.

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