La victoria de Carles Castillejo en el Medio Maratón de Granollers (1.02:37) ante el mismísimo Patrick Makau (1.02:40) y un buen número de kenianos y europeos de fuste, es sin duda la noticia más formidable del fin de semana.

Makau llegó a España con hechuras humildes. No pidió liebres que le llevaran a tiempos estratosféricos (tiene una PB de 58:52), no hizo declaraciones altisonantes, e incluso afirmó en el diario El País, con piel de cordero, que no sabe si será capaz de ganarse una plaza olímpica.

Cuando llegó la carrera anduvo siempre reservón, en puestos secundarios, como si la cosa no fuera con él, mientras tiraban del grupo Bernard Kitur y Hillary Kipchumba a un ritmo asequible (30:56 y 45:40 por los 10 y 15 kilómetros). Al campeón de Europa Victor Rötlin se le vio oficio, que no voluntad de ganar. Y Leiva, Iglesias y Díaz Carretero rendían todo lo bien que, a día de hoy, su planificación de entrenamientos les permite.

En el momento definitivo, cuando arrancó Castillejo a 500 metros, Makau salió de su escondite y trató de responder, apretó los dientes, empujó con todo lo que llevaba, pero no llegó a tiempo, y el catalán se adjudicó probablemente el triunfo con mayor resonancia de su carrera deportiva. El que necesitaba para reafirmarse en su nueva etapa en ruta.

Manda el sabio Catón decir la verdad, y la verdad es que Makau, un tipo que jamás ha pisado el tartán, es lento al sprint, por muy recordman mundial que sea. El año pasado, por ejemplo, le vimos justito ante un pistolero rápido cuando huele meta, Martin Lel. Y, por ende, lleva toda su preparación enfocada hacia los Juegos de Londres, con previo paso por el propio maratón londinense -o sea, el de todos los años en abril- y no va a dar una zancada de más antes de que llegue su objetivo. Se nota esa pereza, porque en el día de su récord en Berlín pasó a 1.01:44 y fue capaz de doblar. En Granollers, en cambio, ha cosechado una de sus peores medias desde 2006, año en que Patrick, por primera vez, disputó una carrera en Europa en la bíblica localidad de Tarso con 1.02:42. Muy similar, por cierto, al crono de ayer en Granollers.

Añádase a todo esto que el plusmarquista mundial de maratón iba a ser contratado el mes que viene en los 21,097 kilómetros de Praga para correr a ritmo de 59, aunque finalmente, no hubo suficiente dinero. Porque no vale lo mismo el fijo de un Makau que viene a ganar, que un Makau que viene a por marca.

Pero todo eso no mengua el mérito de Castillejo. Si Makau sabía que el sprint no es su fuerte, debió romper el grupo, y si no lo rompió, es que se equivocó de táctica o, simplemente, no pudo.

Ahora Carles podrá enmarcar esa foto que llevan algunos medios en la que aparece levantando los brazos, exhultante, mientras por detrás aparece la difuminada figura del recordman universal de maratón enseñando la dentadura en un gesto de sufrimiento e impotencia.

La hazaña de Castillejo es un aviso a navegantes. Un anticipo de lo que puede hacer en una carrera olímpica limitada a tres atletas por país. Ya tenemos maratonista español, después de muchos años. El rango de los 2.07-2.08 le espera. Y en media, si se anima, puede acreditar una hora pelada sin dudarlo. A base de kilómetros y paciencia, le ha tocado la lotería a los 33 años. Tiene que mentalizarse para pelear por un puesto de finalista en Londres.

Por su parte, Vanessa Veiga -¿cómo olvidarse de su progresión?- sigue viviendo su segunda juventud. Ayer perdió por tres segunditos escasos. Le ocurrió un poco como a Makau, que no tuvo el remate suficiente. Ya está en 1.12:45. A la vista de su buena adaptación a los 42,195 kilómetros, debe pensar en la barrera psicológica del 2.30. Y si lo hace en la Olimpiada, siempre que el clima se porte y con el mismo atenuante de tres corredoras por nación, tocará el cielo de las 15-20 primeras clasificadas.

 

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