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Imagínese que esta usted en el Nido del Pájaro de Pekín disfrutando de una agradable jornada del mundial de atletismo. Igual está usted viendo una semifinal de 200 metros, o una final de lanzamiento de martillo. De repente, todos en pie para escuchar el himno de Kenia. Se iza la bandera negra, roja y verde. Mira usted al pódium, esperando encontrarse a un espigado corredor de maratón, y en cambio se encuentra un mamotreto de cien kilos estrictamente keniata. Ha ganado la jabalina. Cierra los ojos. Vuelve a abrirlos. Ahora el keniata es mucho más fino y espigado, pero ha ganado el 400 vallas. Es la nueva realidad. Kenia ha salido del fondo, y está lista para conquistar cada rincón del estadio.

El ‘mamotreto’ del que hablamos – con todo el respeto del mundo – se llama Yulius Yego, y con un lanzamiento de 92.72 metrazos se ha proclamado campeón mundial de jabalina. Es keniata, y antes de poner en valor ese hecho diremos que su marca tiene poco de broma o curiosidad: nadie ganaba un mundial lanzando tanto desde que un tal Jan Zelezny – recordman mundial – lanzase 92.80 en Edmonton en 2001.

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Desde luego, no es ninguna novedad que Julius Yego es un gran lanzador de jabalina: ya fue cuarto en el mundial de Moscú en 2013 y venía lanzando por encima de los 80 metros desde un año antes. Lo novedoso es que un atleta keniata – nacionalidad relacionada automáticamente y por méritos propios con el fondo – se ha convertido en el segundo atleta no europeo de la historia que gana un mundial en jabalina (el sudafricano Marius Cobertt lo hizo en 1997). La primera medalla para su país y para el continente africano en esta prueba. La primera medalla para Kenia en un lanzamiento de cualquier tipo. Historia pura y dura.

Por tanto, los keniatas saben lanzar jabalina, y eso es algo que usted nunca se hubiera podido ni imaginar: once medallas de oro en obstáculos en la historia de los mundiales y tres en maratón, entre otras cifras, avalan esta creencia hoy probada errónea. Lo que un aficionado medio espera de un keniata son ritmos imposibles en carreras de medio y largo aliento, tirones espectaculares en mundiales de cross y marcas de infarto en maratón, pero no un cebollazo de noventa metros en jabalina. Pues habrá que acostumbrarse, porque el bueno de Julios tiene sólo 26 años, y entrena en Finlandia después de haber aprendido la técnica de jabalina viendo vídeos de Jan Zelezny en Youtube. Su límite lo pone la pista.

IMG_1086El segundo hombre que ha visto usted subir al pódium por delante de un ruso y un bahameño es Nicholas Bett, ha ganado los 400 metros vallas y con una marca de 47.79 segundos, lo que supone la mejor marca mundial del año (es decir, no faltaba nadie). Desde luego, es la primera medalla que saca Kenia en esta prueba en un mundial, aunque no la primera para el continente africano en su conjunto, teniendo en cuenta a atletas sudafricanos como Luis van Zyl o el zambiano Samuel Matete.

En este caso sí hablamos de una progresión completamente espectacular e inesperada: el año pasado, Bett hizo su mejor marca con 49.03 segundos. Un año después, ha bajado esa marca dos segundos. El súbito dominio keniata en esta prueba de 400 metros vallas viene reforzado por el hecho de que hubo otro finalista de este país, Boniface Tumuti, que fue quinto con 48.33 segundos. Un oro y un quinto puesto en una prueba en la que nunca habían tenido ni un mal finalista.

Son dos medallas completamente atípicas – tanto, que son inéditas – en el atletismo mundial, incrustadas en un medallero extraño: por segundo año consecutivo, el podium de maratón de hombres no ha tenido ningún keniata, si bien por otro lado han mantenido su insultante hegemonía en los obstáculos. En el 10.000, su bestia negra ha cambiado de nacionalidad y en vez de un etíope llamado Gebreselassie o Bekele, ahora es un británico llamado Mo Farah.

Jabalin y 400 metros vallas son pruebas en las que africanos han comenzado a entrar con fuerza, tal y como este año hemos visto a un jamaicano llamado O’Dayne Richards ser tercero en lanzamiento de peso y a un bosnio repetir ese puesto en el 800. Los tiempos cambian. Cuanto antes lo asimile usted, mejor.

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