Se entrenaba en días como Navidad para obtener una ventaja sobre sus rivales y cada vez que hablaba en una rueda de prensa saltaba la polémica. Francis Morgan Thompson“Daley” Thompson– es reconocido como uno de los mejores decatletas de la historia y también como el protagonista de momentos inolvidables en la historia del atletismo. En la década de 1980, cuando el movimiento olímpico perdía fuelle debido a los boicots provocados por la Guerra Fría, el atleta nacido en Nothing Hill (1958) logró brillar con luz propia para conseguir dos oros olímpicos de manera consecutiva, uno en Moscú 1980 y otro en Los Ángeles 1984.

Fue tachado como “arrogante”, “impertinente”, “sarcástico”, “solitario” e incluso “desagradable, grosero y sin encanto” por la prensa. Otra leyenda británica, como Sir Sebastian Coe, llegó a decir que Daley era un “estalinista”. Aun así, el gran público admiraba su carisma y sobre todo la confianza que tenía en sí mismo.

Su primer gran triunfo llegó en los Juegos de la Commonwealth de Edmonton en 1978 y vino de la mano de su primera polémica. Thompson se negó a cenar con los demás ganadores, decantándose por su tía Rayment Doreen, que había sido su cuidadora desde 1974. En la misma competición en 1982, fue castigado por negarse a llevar la bandera del equipo inglés en la ceremonia de apertura. Y en la misma temporada, durante la celebración de la gala de la Personalidad Deportiva del Año de la BBC -premio que le había sido otorgado-, abrió su discurso con la frase “Me siento como una mierda”, que en su momento fue visto como grosero y despectivo.

Thompson decía que en la prensa no se conocía bien el decatlón y que por ello había una falta de civilidad en general. De hecho, en Moscú 1980 se convirtió en el primer británico en conseguir una medalla desde que la prueba apareciese en Estocolmo 1912. En Montreal 1976, Thompson contaba con 18 años, y logró alcanzar el 18º puesto. Aun así, el ganador ese día, Bruce Jenner (EE.UU.), vio en él a su sucesor y como si de un gesto de entrega de testigo se tratase, lo invitó a su casa durante tres semanas después de los Juegos.

Su primer oro olímpico: Moscú 1980

Cuatro años más tarde, en Moscú 1980, el boicot marcó la combinada desde antes de su celebración. El plusmarquista mundial Guido Krätschmer no pudo acudir a la cita debido a su origen, ya que era de Alemania Occidental. A esto, Thompson respondió en Sunday Times diciendo que “todo el mundo conoce las fechas y el campeón olímpico es el mejor que hay en ese momento. No es bueno estar a  8.000 millas y decir: «Habría ganado si hubiera estado allí»”.

De este manera se encendió la mecha de los Juegos. En el primero de los días que dura el decatlón, el británico siempre acostumbraba a sacar una ventaja sobre sus rivales, debido a su poderío en los 100 metros y en el salto de longitud. Así ocurrió que en la primera jornada llevaba una ventaja de 254 puntos sobre el soviético Yuri Kutsenko, aún con el hándicap de haber hecho 15.18m en peso y 2.08m en salto de altura, por debajo de sus posibilidades.

El segundo día fue un paseo para él, consolidando la victoria en la pértiga y la jabalina y pudiendo disfrutar en los 1500 metros que cierran la prueba. Los aficionados soviéticos, que habían reservado sus más sonoros aplausos para ‘sus’ atletas, hicieron una excepción con Thompson y lo ovacionaron en pie. Cuando subió a recibir su medalla, logró que la pequeña representación británica que había en la grada entonase las notas del ‘God Save The Queen’, que oficialmente había sido negado por una sanción de Margaret Thatcher.

Durante la olimpiada hasta Los Ángeles en 1984, Daley Thompson logró proclamarse campeón mundial, europeo y de nuevo, de los Juegos de la Commonwealth. Estuvo invicto en competición durante seis años, batiendo en dos ocasiones el Récord del Mundo, ambas en 1984 (8730 y 8774 puntos respectivamente). Aun así, desde Alemania Occidental surgía la figura de Jürgen Hingsen, que había batido dos marcas mundiales en pruebas del decatlón.

El duelo Thompson-Hingsen que pasó a la historia

Con sus 2 metros de altura, Hingsen sobresalía en la lista de salida de la prueba olímpica, pero en las seis reuniones anteriores Thompson se había mantenido firme al acoso del germano. En Los Ángeles, el británico tuvo que competir como nunca lo había hecho antes para colgarse del cuello el metal dorado.

La temperatura el primer día era de 29 grados, 15 más que el día más caluroso en Moscú. En los 100 metros Thompson participó en la misma serie que Hingsen y Krätschmer y después de una salida en falso, partió de los tacos para llevarse la carrera con 10″44 (922 puntos), 122 más que Hingsen. En el salto de longitud empezó con 7.83m, continuó con 7.84m y en el último intento superó su mejor marca personal con 8.01m, 21cm más que Hingsen. Esta marca le habría valido el 5º puesto en la final individual de salto de longitud, y así amplió su ventaja hasta los 164 puntos. El punto fuerte del alemán llegaba con las tres pruebas de lanzamiento, las vallas y el salto de altura, donde su estatura le da una clara ventaja. Aún así, en el peso se quedó en 15.87m, solo 12cm por delante de Thompson, que volvió a superar su marca personal con 15.72m. Después de tres eventos, el británico se fue a comer como líder.

Por la tarde, Hingsen recuperó algo de terreno en el salto de altura, pero se lesionó la rodilla a la vez que le recortaba 77 puntos  a Thompson. El londinense abrió la veda de nuevo en los 400 metros para acabar el día con un colchón de 114 puntos. A la mañana siguiente Hingsen ganó los 110 metros vallas con 14″29, aunque solo superó por 0″05 a Thompson, que se situaba 108 puntos por delante a falta de cuatro eventos para el final.

Sin embargo, la gloria del decatlón puede hacer que un margen enorme de un oponente en una sola prueba pueda servir para desbancar al líder. Si Hingsen lanzaba el disco más allá que el de Thompson, la supremacía del campeón podría desestabilizarse. En el primer intento, el segundo clasificado lanzaría hasta los 49.80m, su plusmarca personal, mientras Thompson solo alcanzaba los 37.90m. Entonces Hingsen corroboró su marca con un excelso lanzamiento de 50.82m y el británico luchaba por superar su primer intento por centímetros. Hingsen no logró su tercer récord personal, así que cuando Thompson entró en el círculo, las puntuaciones eran de 886 para el de Alemania Occidental y 710 para el inglés, lo que haría líder a Hingsen por unos futuros decisivos 68 puntos.

Thompson se concentró mientras caminaba hacia el círculo, respirando profundamente y balanceando los brazos para quitar tensiones. Con una giro poco ortodoxo, la fuerza física, así como la fuerza de voluntad, consiguieron que el disco volase más allá de los 40 metros. El artefacto aterrizó en los 46.56m, una nueva plusmarca personal para él en la competición. Él lo describe en su autobiografía como “el mejor y el peor momento de su vida”. A continuación, con una distancia reducida a 34 puntos pero un Hingsen enfermo en el salto con pértiga, se elevó hasta los 5m por los 4,50m del alemán, lo que le otorgaba una distancia de 152 puntos.

La jabalina del británico aterrizó en los 65.24m y ya solo quedaban los 1500 metros. En la prueba de medio fondo, Thompson corrió 11 segundos por debajo de su marca personal (4’34″80), pero de todas maneras superó el Récord del Mundo de Decatlón con 8.847 puntos. La plusmarca se mantendría hasta 1992, cuando el estadounidense Dan O’Brien lograba superarlo en Talence (8.891 puntos).

Daley Thompson quedaría en cuarto lugar en Seúl 1988, sus últimos Juegos Olímpicos. La prueba de Los Ángeles 1984 terminó por presentar al mundo el decatlón, con una lucha incesante entre dos ‘superatletas’ que se terminó llevando el británico. El disco tiñó su metal de dorado, un decatleta reconvertido en el discóbolo de Mirón.

[youtube width=”480″ height=”360″]http://www.youtube.com/watch?v=fPpu6Y6v5T8

 

Foto 1 | Popperphoto

Foto 2 | Telegraph

Foto 3 | BBC

Foto 4 | Hemeroteca Mundo Deportivo

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