Faltan dos meses para rematar el año. Quedan pocos maratones importantes en el horizonte: Valencia, Turín, Florencia, San Sebastián, Castellón, Fukuoka… Pero ya podemos decir que 2012 ha sido el mejor año de la historia de los 42,195 kilómetros. Si Filípides levantara la cabeza, no daría crédito. De momento hay 11 corredores por debajo de 2.05:00; 22 sub 2.06:00; 43 en menos de 2.07:00; 82 sub 2.08:00; y, ¡pásmense ustedes!, 125 y 171 atletas con marcas inferiores a 2.09:00 y 2.10:00, respectivamente. Todo en la misma temporada, así, sin anestesia.

Las cifras, espectaculares, han coincidido con una explosión en el censo de carreras de todo el planeta, y con el unánime sí, quiero de gobernantes y patrocinadores a todo lo que huele a ruta. Por fin han comprendido que el turismo deportivo es una poderosa herramienta económica; que los maratonistas dejan en una ciudad millones de euros de gasto verdadero, contante y sonante. Y encima pagan por inscribirse.

Pero volvamos a la cuestión. Correr en 2.09:59, como de momento han conseguido 171 personas en 2012, representa 1.202 puntos según la tabla húngara. O sea, equivale en 800 metros a una marca de 1:43.99; a 8.600 puntos en decatlon; a 8,36 metros en longitud. Sobran las palabras. Este ránking no se sostiene de puro inverosímil. Lo que pasa en el Cuerno de África es tan carnavalesco como si en Finlandia y Estonia, en el mismo año, aparecieran dos centenares de lanzadores con más de 85 metros en jabalina.

Igual que el ciclismo ha tenido su propio naufragio, encarnado en Lance Armstrong y el fraude que se urdió en torno suyo, el mundo del maratón y de las carreras en ruta va a sufrir, antes o después, su propia catarsis. Con o sin efecto retroactivo. Y la tomadura de pelo que hemos vivido será de dimensiones tan descomunales, que renegaremos de la élite con el rencor de un desengaño amoroso. El cinismo se apoderará entonces de los aficionados como ya se ha enseñoreado de los fans más incondicionales de la bici. Y entraremos en una espiral injusta que nos hará sospechar de todo y de todos.

A imagen y semejanza del ciclismo, que ha visto caer en picado las audiencias en el Tour o en la Vuelta a España, se achicarán los espectadores del atletismo; aunque aquí poco hay que achicar porque las televisiones, salvando los Juegos Olímpicos y algún campeonato o mítin aislado, hace tiempo que dieron la espalda a nuestro deporte.

Y de la misma manera que los alrededores del exsiete veces ganador del Tour se poblaron de médicos que jugaban a druidas, de preparadores físicos que eran camellos, y de cómplices que se llenaban los bolsillos con el producto Armstrong, el gigantesco imperio del dopaje en las carreras de ruta pondrá en entredicho la profesionalidad de todos sus deportistas y actores, y amenazará su continuidad, ahuyentando a patrocinadores, administraciones y participantes.

El público apasionado dirá que el atletismo es virtud, que el inexplicable incremento en el nivel del maratón se debe a la irrupción de los africanos en este tipo de competiciones, a la mejora de los entrenamientos, la altitud, etc. O sea, se esbozará un escenario de color de rosa, como si los atletas del Continente Negro hubieran descubierto este deporte hace cinco minutos. Idéntica candidez que ya se respiraba en esos años de feliz ignorancia en que el secreto del invencible Armstrong era su técnica del molinillo.

Sin embargo esa credulidad, que yo admiro, se dará de bruces con los hechos. No quisiera parecer apocalíptico, pero se acerca el momento de la verdad. Cada vez hay más pistas. Mathew Kisorio, un keniano de 58:46 en medio maratón que dio positivo hace pocos meses, reconoció su culpa y afirmó que iba a colaborar con las autoridades para destapar los casos de dopaje generalizado en África. Lo hizo en un arranque de sinceridad o porque pensaba que le rebajarían la pena, al estilo de la irrisoria Ley Antidopaje española que nos legó Jaime Lissavetsky. Pero como ni la AMA ni la IAAF iban a reducirle la sanción, Kisorio guardó silencio.

Más recientemente, un polémico reportaje de una televisión alemana mostraba con cámara oculta a intermediarios en Kenia que se ofrecían para suministrar productos dopantes. ¿Sensacionalismo periodístico o secreto a voces? Como suele pasar en cualquier país bajo sospecha, la primera reacción no ha sido investigar, sino envolverse en la bandera nacional para conjurar la envidia extranjera. Hasta que el castillo de naipes se derrumbe.

Y no digo esto por acusar a kenianos y etíopes, dos pueblos por lo demás maravillosos y genéticamente mejor adaptados –en general– a las carreras de largo aliento. Lo escribo a modo de ejemplo, a sabiendas de que el dopaje es un negocio extendido en todo el mundo, que afecta a blancos, negros y amarillos por igual.

Al revés: kenianos, etíopes, eritreos o ugandeses son víctimas de una actividad lucrativa que desvirtúa el deporte. Cualquiera haya metido la nariz entre bastidores, sabe que los grandes traficantes europeos ganan montañas de dinero en el continente africano, y aprovechan el binomio necesidad-talento para exprimirlo hasta la última consecuencia. Hasta el último céntimo.

A fin de cuentas, el dopaje es una ramificación más de la picaresca del homo sapiens: allá donde existe una actividad humana que genera dinero, hay un atajo para trampear. Da igual que hablemos de bolsa, política, prótesis mamarias o atletismo. Así somos las personas de todas las razas: ventajistas.

Y, como el maratón y la ruta se han convertido en un negocio, subimos la apuesta. Y la volvemos a subir. Y los espectadores somos cómplices involuntarios. Y ya no nos basta con ver ganar las carreras en 2.07, 2.06 ó 2.05. Queremos más y más. Cuidado, pues, compadres. La ruta se parece cada vez más al ciclismo de la época de Armstrong, y por ese camino acabaremos asesinando a Filípides.

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Licenciado en Periodismo y corredor practicante (cada vez más lento) a razón de 4/5 días por semana. Ha desempeñado diversas responsabilidades en instituciones públicas, siempre en el área de comunicación, y ha participado en los equipos de prensa de varias campañas electorales autonómicas, nacionales y europeas. Autor del libro "El Derecho a la Fatiga", un estudio sobre el dopaje en las carreras de fondo y mediofondo.

10 Comentarios

  1. Excelente artículo. Espero que no tengan que escribir los nombres de los vencedores de las carreras con lápiz y apretando poquito, por si tienen que desposeerlos de algún título o marca dos años después.

  2. Pues yo, el mismo que desde el minuto uno puso en entredicho a Lance Armstrong, voy esta vez a mostrarme credulo y lo justifico así:

    1/ El dopaje es caro y el dinero en esos paises no sobra precisamente. Logicamente detras de las estrellas hay dinero de occidente pero es que en Kenya o Etiopia hay cientos de miserables capaces de correr en tiempos no muy lejanos a estos cuando si que sabemos que la diferencia entre ir dopado y no es muy grande.

    2/ Ningun keniano hasta Kisorio ha dado positivo nunca y una cosa es que el mismo no de, en cuyo caso podríamos hablar de complot como en el caso de Lance, y otra es que ninguno de nunca.

    3/ En supuesto “complot” para que ni Etiopes y Keniatas dieran positivo no creeis que los paises occidentales y poderosos lo dejarían viendo como sus atletas son humillados por estos???.

    4/ Cierto que hay una explosión en la ruta pero no lo es más que la cantidad de dinero que se está viendo no tiene ni punto de comparación con el de la pista o el cross. Si por correr en 1.43.xx pagaran lo que pagan por hacer 2.05 en maratón no os quepa la menor duda de que saldrían decenas de keniatas haciendolo.

    5/ En relación con lo anterior creo sinceramente que todavia desconocemos las capacidades de estos tios para las carreras de fondo. Solo ahora que hay dinero a espuertas en la captación de talentos e incentivos vemos lo que hay.El maratón hasta hace bien poco era una prueba en “standbye”.

  3. Hola, Ulrich. Encantado de verte por aquí. Me parece muy interesante tu punto de vista, sobre todo esa reflexión de que el maratón está en auge porque se paga bien.

    Tienes razón, ser maratonista de 2.09:59 es mucho más rentable que ser decatleta con 8.600 puntos, por ejemplo.

    Pero la historia del deporte nos enseña que el hecho de que se pague bien una prueba, es sinónimo de que el dopaje aumenta exponencialmente.

    Además… un corredor de nivel de 1:43 ó 3:32 largo (nivel de 1.2xx puntos por tabla húngara) puede ganar más dinero que un tipo de 2.08-09 en maratón.

    A los traficantes europeos, por otra parte, les importa un comino que Europa tenga cada vez peor nivel en fondo. No es cuestión de patriotismo, sino de dinero. Les importa solo lo bien que funciona el dopaje en una cantera de talento tan impresionante como la de África.

    No digo que todos los africanos hagan trampa, ni mucho menos. Pero créeme, mi opinión no es un capricho de domingo. Callo más de lo que sé, aunque no me lo calle todo.

  4. Juan Manuel igualmente es un placer oirte. Hombre no todo hay que tomarlo al 100%, ni todos mean agua bendita ni todos van hasta el culo. Yo solamente expongo los motivos por los cuales al menos aun pueden tener el beneficio de la duda, cosa que por ejemplo Armstrong no tenía por donde cogerlo. Yo sé que hay atletas que en estos maratones ponen como requisito en el contrato no pasar el control….cosa que tambien hacía un maratoniano español hace años, hasta ahí puedo leer.

  5. Juan Manuel, yo soy de la opinión de Ulrich. Hay muchísimos atletas africanos en marcas sub 2h10′ que no creo que estén dopados, ahora, ¿los sub 2h06′?, no lo sé. Creo que hay más posibilidades de que nuestros maratonianos desde 1990 hasta el 2008 lo estuvieran que los sub 2h06′ africanos.

  6. Gracias también por tu opinión, Piotry. Coincido contigo en que antes que los africanos, los europeos de finales de los noventa y principios del siglo XXI también iban hasta arriba. Alguno de ellos cayó, por cierto. Otros escaparon incólumes.

    Claro que hay atletas sub 2.10 no dopados. Pero una buena porción lleva en la sangre armas no convencionales. Y cada vez está más extendido.

    Si mañana pusieran controles sorpresa de sangre+orina en las Majors a todo quisqui, se pondrían las botas… en fin… qué añoranza de los tiempos en que el dopaje era tan rudimentario, que ganaban los verdaderos campeones…

  7. No encuentro este tipo de artículos en foroatletismo. Busco en Foroatletismo\Actualidad\ y no encuentro los artículos. ¿Alguien me puede decir cómo buscarlos? Gracias!.

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