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Son las siete de la mañana. Suena el despertador en la habitación de Pedro Nimo. Revisa los planes de entrenamiento de sus corredores por si hay algún cambio que hacer. Desayuna, se monta en el coche que le ha cedido una de las empresas que lo patrocina y se desplaza hasta su finca, a las afueras de Santiago de Compostela, para dar el almuerzo a sus caballos y limpiarles la cuadra, ya con la camiseta y las mallas de correr puestas. Vuelve a Santiago, pasa por el banco si es necesario y comienza su sesión de entrenamiento. Alrededor de las 12 de la mañana llega a su tienda, 3&Run, situada en la Rúa Restollal, donde sus socios ya llevan trabajando unas horas.

El despertador del marinense Víctor Riobó suena un poco más tarde, alrededor de las ocho de la mañana. Sale de casa directo a entrenar a las orillas del río Lérez, su lugar preferido. Poco después de que el reloj marque las 9, llega a su negocio, Miler Vintage Running Club, en un sótano de la Rúa Peregrina, en pleno centro antiguo de Pontevedra. Hace los papeleos y revisa, al igual que Pedro, los planes de entrenamiento de sus corredores.

Diciembre de 2013 cambió la vida de dos de los mejores atletas gallegos de la actualidad. Fue el mes en el que sus negocios abrieron las puertas al público. Desde ese momento su figura es más la de un empresario que la de un atleta profesional. Parece mentira cuando Pedro Nimo es el vigente campeón de España de maratón y Víctor Riobó es el vigente subcampeón de España de milla en ruta. Sin embargo, ambos ya no están en el mejor momento de sus carreras deportivas. El santiagués llegó vestir la camiseta de la selección española en el Mundial de Berlín en 2009 y el marinense lo hizo el mismo año en los Juegos del Mediterráneo celebrados en Pescara (Italia). Sus entrenamientos de hoy en día no tienen nada que ver con los de hace unos años.

«No pensé que fuese a ser tan absorbente ni a marcarme tanto. El problema es que la tienda cierra pero mi cabeza sigue trabajando. Hay noches en las que cuesta dormir porque me falta mucha experiencia en este mundo. No pensé que fuese a ser lo complicada que es», confiesa Pedro. Lo dice además en uno de los días en los que se encuentra más cansado, y su expresión da fe de ello. Es tan competitivo en las carreras como en su tienda. Una persona autoexigente y autocrítica, que le está dando vueltas todo el día a nuevas ideas y nuevos proyectos. Su peor enemigo es él mismo: «Todo proyecto en el que decido embarcarme lo hago a tope. Me doy mucha caña a mí mismo. A veces es insufrible».

La vida es un poco más tranquila para Víctor Riobó, sobre todo después de que hayan pasado los doce primeros meses desde la apertura de Miler. Aunque el proyecto comenzó con anterioridad, concretamente quince meses antes de la inauguración. «Fueron meses de mucho trabajo, de viajar y de encajar las ideas», recuerda. Él también tuvo que sacrificar gran parte de su actividad deportiva. Entrenaba por la mañana muy temprano cuando podía y por la noche, cuando salía sobre las diez, cubría corriendo el camino desde la tienda a casa. Ahora lo rememora más estabilizado, tranquilo «por poder pagar las facturas a final de mes», aunque la cosas «podrían ir un poco mejor». Es una situación totalmente nueva de un atleta que desconocía casi por completo el mundo empresarial. Cuando tenía 32 años —ahora tiene 35– decidió invertir el dinero que tenía ahorrado de becas y otros ingresos en lo que él denomina «una ilusión». Comenzó a planteárselo de la noche a la mañana, sin tener claro lo que quería hacer. Es decir, como empiezan casi todos los proyectos, de una pequeña semilla.

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Aunque lo que sí tenía claro era que tenía que ser «algo relacionado con el deporte». Por su cabeza rondó también realizar una oposición, ya que es diplomado en Educación Física, pero esa idea desapareció rápido. Tenía ganas de «algo que fuera atractivo y diferente para poder subsistir».

Pedro Nimo, a pesar de haber nacido en 1980 al igual que Víctor, sí que había tenido experiencia antes de embarcarse en 3&Run. Era el encargado de Bikila, una tienda de características similares situada en Vigo, que llevaba el nombre del que también era su antiguo club. Sin embargo, llegó un momento en el que quiso volver a Santiago de Compostela, el lugar donde nació y dio sus primeros pasos como atleta. Comenzó con la idea de un club de corredores y esos propios corredores le dijeron que en la capital gallega no existía ninguna tienda técnica para comprar zapatillas. Fue el germen del proyecto, pero la decisión definitiva la tomó tras conocer a Alberto, uno de sus socios, en una marcha cicloturista. «Me dijo que si montaba la tienda de running y me animaba a incluir una sección de ciclismo se venía a trabajar conmigo», recapitula el santiagués.

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Seis meses después 3&Run ya era una realidad. Un negocio que sirve productos y manutención de los tres deportes que conforman un triatlón (natación, ciclismo y carrera a pie). «Hice una tienda como si la hiciese para mí y pensando en qué buscaba y qué demandaba yo cuando iba a una tienda», comenta. Además, el local dispone de un taller para bicis en la planta superior. Pedro pasó de ser un simple encargado en Vigo a ser el responsable de programar, de comprar para después vender. «Recibía una mercancía y la vendía. Ahora se complica todo más y sobre todo teniendo en cuenta que aquí hay bicis, un taller de bicis —en la planta superior del local— y que busco otras cosas», señala.

En el Miler Vintage Running Club de Pontevedra la tienda solo supone una cuarta parte del local, que cuenta con otros tres espacios: sala de espera, vestuario (con taquillas) y sala de estiramientos. Esta última sala, que puede ser independiente de las demás, puede convertirse con unas sillas y una mesa en el lugar perfecto para una conferencia o la presentación de un libro. «Nunca diré que tengo una tienda de deportes ni de running, es algo más», puntualiza Víctor Riobó. Es un club social al más puro estilo británico, enfocado a los amantes de la historia del deporte. Dentro se pueden encontrar una campana, un disco de madera y unas zapatillas con clavos de principios de la primera mitad del siglo XX, todos elementos relacionados con el atletismo salvo el más curioso: un banco reciclado de la película Los lunes al sol que tiene como punto de apoyo una valla atlética. «Lo que me plantee fue meter dentro de un local un club británico, cuyo modelo surgió en la Segunda Revolución Industrial, momento en el que la gente empezó a tener más tiempo. Por eso incluí el salón de casa, una cafetera, refrescos, etc.», explica Víctor. En ese ‘salón de casa’, intenta transmitir su experiencia a los corredores populares, aunque al final, dice, «surgen todo tipo de conversaciones, no solo de running». Además, en el local, con tubería a la vista y hormigón pintado, se respira un ambiente vintage, tan de moda en los últimos años.

Miler y 3&Run partieron de la base de un club de corredores cuya camiseta ya es habitual verla en prácticamente todas las carreras populares gallegas, e incluso más allá. De hecho, el club de Pedro Nimo ya ha dado su primer gran paso a nivel nacional finalizando en tercer lugar en el Campeonato de España de maratón, el mismo que el santiagués conquistó a nivel individual. «El bronce lo ganamos un director de ventas de un concesionario, un químico, un camarero y yo», afirma Pedro con un gesto sorprendido. Algunas de las personas que entrenaba necesitaban estar federadas y les dio la oportunidad de hacerlo en su club. Para él no supone ningún gasto añadido: «Cada uno se paga su ficha y su equipación, que es roja y negra con un poco de blanco».

Aunque si hablamos de equipaciones, el gran experto es Víctor Riobó. La camiseta de Miler se convirtió en un éxito de ventas prácticamente desde el primer día. El diseño es sencillo: blanca con dos líneas (azul y roja) imitando la bandera británica y el logotipo del club en el centro. El marinense trató de concentrar sus pasiones en una pieza de ropa. Recuerda a la de los grandes milleros británicos de los años ochenta (Coe, Ovett y Cram), época en la que nació Víctor y en la que la distancia equivalente a 1.609 me-tros vivió su boom particular. Desde aquel entonces su equivalente en pista (1.500 metros) está considerado como la prueba ‘reina’ del atletismo. «La camiseta se ha vendido a nivel mundial sin página web, solo gracias a la página de Facebook y al boca a boca. Está en muchas comunidades autónomas y en casi veinte países a nivel mundial», subraya Víctor.

Los dos atletas gallegos son los que revalorizan sus marcas. Después de muchos años en la élite sus nombres venden por sí solos y por ello, aunque en un primer momento se mos-traban reacios, los incorporaron al de sus negocios. Así, los nombres completos de las marcas son ‘3&Run by Pedro Nimo‘ y ‘Miler Vintage Running Club by Víctor Riobó‘. «Aprendí que mi marca soy yo mismo como atleta. Antes me limitaba a correr, hacía buenas marcas, pero ahí se quedaba. Ahora sigo el ejemplo de David Beckham, que no fue el mejor futbolista del mundo pero sí el que más vendía», señala Pedro. Vende como atleta y también como ciudadano, convertido en la voz de los deportistas populares de Santiago e incluso, en algunas ocasiones, de todos los santiagueses. «En comparación al año en el que fui al Mundial, ahora soy más útil para la sociedad, para los corredores y por lo tanto para un patrocinador», explica.

Víctor recuerda cuando en verano un empresario belga, un alto cargo de grandes eventos deportivos, entró en la tienda y le encantó: «Él no sabía quién era Víctor Riobó. No es lo importante, soy un dependiente que puede ayudar a comprar zapatillas». Ambos se han convertido en un feedback muy importante para las marcas. Son los primeros que prueban las zapatillas y otros tipos de productos para ofrecer una valoración de los mismos. «Monté 3&Run porque de lo que sé es de deporte. Me encanta probar todas las zapatillas, coger un cúter y destriparlas», desvela Pedro Nimo.

Las zapatillas son el elemento sagrado del running, un deporte convertido en una religión en los últimos años. Cada ayuntamiento quiere tener su propia carrera popular, es el evento de moda, y la consecuencia es que el calendario se está masificando. Es una burbuja cada vez más grande que da la sensación de que algún día puede explotar o, al menos, parar de crecer. «Va a tener que reventar por algún lado. Aunque el running es una moda buena. Hay gente a la que no sacarías de ver la tele en un sofá y ahora inconscientemente sí que hacen deporte», dice Víctor. Cuando se pase la moda, asegura, «la gente va a seguir concienciada por lo menos en cuidar la salud».

Pedro Nimo cree que los corredores están empezando a subirse a la bicicleta cada vez más, de ahí el modelo de negocio de 3&Run: «Cada vez la gente es más exigente, de ahí la necesidad de tiendas más especializadas. Debemos hablar todos el mismo ‘idioma’», destaca. El santiagués tiene claro que el punto en común entre todos los deportistas es «el ‘subidón’» que les da después de cada entrenamiento. «Hay a quien le gustan las drogas y hay quien hace del deporte su droga», concluye.

La cara ‘B’ de la burbuja del running es la bajada en cuanto a medios económicos y resultados que ha dado el atletismo federado. En los ochenta y los noventa, Alejandro Gómez, Carlos Adán y los hermanos De la Torre llevaron a Galicia a lo más alto de los rankings nacionales, pero desde aquella época ha sido imposible juntar un grupo de tanta calidad más allá de los destellos individuales. «En cierto momento el atletismo federado consideró como menor el atletismo popular. Este creció y pasó al atletismo federado», indica Pedro. En la línea de salida de una carrera popular de 10.000 metros son escasos los que conocen a sus homólogos profesionales. «El mayor problema fue nuestro, por toda la diferencia que hay. Sería bueno que hubiese el conocimiento de la élite que existe en el ciclismo popular», destaca el marinense.

Son muchos los factores por los que una gran cantidad de atletas ha desembocado en el mundo empresarial en edad todavía de poder estar en la élite, dejando muchas cosas de lado. «Buscamos una estabilidad. En el mejor de los casos como deportista te pueden hacer un contrato de tres años. Además, esos contratos no son con altas en Seguridad Social como quizás tendrían que serlo. Llega un momento en el que quizás te canses de vivir en la cuerda floja», confiesa el santiagués. Ambos vivieron muchas injusticias a nivel profesional que ahora están siendo recompensadas con la parte empresarial, «fuera de la vorágine de depender de los resultados», confiesa Víctor. Ambos tienen el objetivo de sobrevivir sin caer en el estrés, aunque a veces se hace imposible. «Cuando estás demasiado agobiado con trabajos y proyectos, no da tiempo a disfrutarlos ni a vivirlos. Tenemos demasiadas cosas. Lo bueno es que estoy aprendiendo que cada vez necesito menos para ser feliz», revela Pedro.

A las dos de la tarde, Pedro Nimo se va a comer a su casa, se relaja media hora y vuelve a la tienda, donde está asesorando a los clientes hasta que cierra a las ocho y media. Cuando sale intenta hacer otra sesión de entrenamiento, «aunque hasta hace poco fue imposible», remarca. Le da de cenar a los caballos, cena él, revisa los planes de entrenamientos de nuevo y se va a dormir.

En Pontevedra , Víctor Riobó pasa la tarde con sus grupos de entrenamien-to, aunque una vez a la semana se ‘escapa’ con su propio entrenador, Carlos Landín, que también prepara a Solange Pereira, tetracampeona de España de milla. Cuando el sol ha desaparecido por el horizonte regresa a su casa y también se va a dormir. Es la nueva vida de dos atletas convertidos, desde hace dos años, en empresarios de élite.

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