Sábado, 23 de junio de 2012. Asamblea de la Federación de Atletismo de la Comunidad Valenciana (FACV). Con la mitad del presupuesto gastado, con tres cuartas partes de las competiciones disputadas, los representantes del atletismo valenciano –directivos, atletas, entrenadores, jueces, clubes– nos reunimos anualmente, como el salmón remonta el río, para aprobar las cuentas y el calendario.

Una advertencia antes de que el lector siga adelante. Servidor no posee la verdad absoluta, ni su palabra es dogma de fe. Soy integrante, llamémoslo así para ubicarme, de la oposición; de esas personas que queríamos otro atletismo valenciano, y que perdimos las controvertidas elecciones de 2011. Me siento profundamente crítico, pues, con lo que ocurre en la FACV. Pero trataré de embridar mi pasión. En este artículo me comprometo a callar bastante más de lo que sé, aunque no me lo callaré todo.

Tres reflexiones:

1) A la mitad de los Asambleístas les importa un bledo la Asamblea. Analicemos. De 57 miembros electos, suelen comparecer una media de 20 (incluyendo la Mesa Presidencial), pese a tratarse de la única ocasión de fiscalizar las decisiones de la Junta Directiva, y pese al malestar reinante en las pistas de Castellón, Alicante y Valencia. Lo inaudito es que el 45% de los  compromisarios de la legislatura 2011–2014 aún no ha asistido a ninguna de las tres Asambleas convocadas hasta hoy.

Desde luego, hay algún ausente con motivos justificados, teniendo en cuenta que la reunión siempre coincide con campeonatos de fuste. También, sería injusto omitirlo, hay quienes con impedimentos personales como Santiago García de Cáceres o Juan de Dios Cobo (por citar uno de cada orilla), dan ejemplo de responsabilidad y acuden. Lo mismo digo de Araceli Lorente, que recorre más de 200 kilómetros para venir, y de otros que también llegan de lejos. Resulta insólito, sin embargo, que sean muchísimos los miembros a los que no se les ha visto un pelo ni se les verá, y que reconozcan en privado que jamás quisieron meterse ahí; que hicieron el favor de prestar su nombre, que casi se les empujó, y a menos que noten una imaginaria pistola en su sien, no pisarán la Asamblea.

¿Por qué en 2011, entonces, hubo un interés desmedido por imponer cierta lista de candidatos, empujada incluso por los empleados de la propia FACV? La respuesta es simple: esa lista forma un muro levantado por los que mandan y por los que cobran para garantizar un cuatrienio sin sobresaltos. Que acudan o no los miembros de la Asamblea, da lo mismo: lo que importa es que ostenten nominalmente su condición y bloqueen a otros que podrían estar.

Estas miserias no significan que tenga nada que reprocharle a nadie. Ni siquiera a los trabajadores de la FACV que hicieron todo lo posible por evitar que personas como el que suscribe alcanzaran la Asamblea: a fin de cuentas, algunos de ellos pagan su ficha, tienen perfecto derecho a preferir y a votar, y encima hay que reconfortarles porque no pudieron fabricar una Asamblea monocolor; no por mesura propia, que conste, sino porque la Generalitat corrigió sus abusos reglamentarios. Gracias a eso existen hoy versos sueltos que, caprichos de la matemática electoral de la FACV y de las listas cerradas, representamos una sensibilidad bastante más amplia de lo que algunos quieren hacernos creer.

De cualquier modo, la lucha de listas constituye una regla no escrita en cualquier federación española, igual que la ventajosa presión que se ejerce desde Pérez Galdós; es como las lentejas, te las comes o te las dejas. Y hay que ser humilde, o intentarlo. No debemos echarle la culpa a los elementos en plan Felipe II, ni al buggie que cantaban los Jackson Five. Si unos, ellos, sacaron la mayoría y nosotros no, es porque perdimos las elecciones y porque otros las ganaron. Mis felicitaciones, por consiguiente. En deporte, incluso en las federaciones deportivas, tenemos que perder con honra. Después la vida es larga y cada cuatro años, con toda tranquilidad, llega la reválida.

2) Al atletismo de a pie tampoco le interesa lo que pasa en la Federación Valenciana. Mientras fui joven y atleta (malo), más o menos hace un millón de años, justo me sucedía eso. Iba a mi rollo: a mis entrenamientos y a mis carreritas. Si había problemas en la Federación, y sólo si me tocaban de cerquísima, me cabreaba levemente, pero a la hora de la verdad, me preocupaban mis asuntos. ¿Adónde quiero ir a parar? A que el atletismo es un deporte muy egoista y muy individualista. Incluso miope. En Federación se toman decisiones que determinan, por ejemplo, las condiciones, las fechas y hasta el carril por donde se compite, pero la mayoría de gente es pasiva. Como dirían los clásicos, ha solido pasar siempre.

Pero hete aquí que el sábado algunos asambleístas, equivocados o no, imbuidos de que en la FACV quedan personas que dan todo lo que pueden, planteamos unas reflexiones para mejorar la situación del atletismo valenciano. La tirantez es indisimulable, y ni un arcángel hubiera creído que nos atenderían. Aún así intervinimos y nos dejaron intervenir. En eso, al menos, la Mesa fue más tolerante que en la Asamblea del 9 de abril de 2011 y dejó hablar antes de responder nanay.

Se pidió que:

  • Se supriman las limitaciones para competir de los controles A y B, y que sonrojan a los que ya somos mayorcitos, y hemos visto etapas de libre inscripción con organizaciones impecables.
  • Que mejoren las condiciones caóticas de algunos viajes que monta la FACV.
  • Que en verano no haya competiciones de mediofondo y fondo en horario matinal, sino vespertino.
  • Que se perfeccione la interlocución con las instituciones, a las que presumiblemente no sabemos explicar necesidades tan pedestres –verbigracia– que en una competición provincial escolar, puedan participar niños de otras provincias valencianas limítrofes.
  • Que una porción del tan cacareado superávit de la FACV se destine a mejorar la organización de algunos autonómicos que resultan un despropósito.

Por añadidura, un compañero de Xàtiva, nada sospechoso de ser opositor, sugirió que se eliminen las estrecheces administrativas para ¡poder elevar propuestas y hablar! en una Asamblea a la que acuden cuatro gatos. De hecho, planteó su propuesta, pero no se votó porque no la había registrado a tiempo.

Pues bien, tras exponer nuestras razones nos topamos con la impermeabilidad de la Presidencia. Para todo tuvo un no pronunciado con la condescendencia –es metáfora– del que vuela sobre vapor de eucalipto. Cosas del directo. Ese estilo se cuela de rondón entre el silencio de los asistentes, de los no asistentes, y del atletismo de a pie; ése atletismo de tartán siempre crítico en los estiramientos, pero demasiado desengañado o perezoso para asimilar que somos los federados de la Comunidad Valenciana, votando, los que al final decidimos… si queremos, por supuesto; que a lo mejor no queremos, y ni mis compañeros ni yo tenemos derecho a llevar la contraria si la gente es feliz con lo que tiene.

3) La Asamblea está montada de tal forma que no sirve para nada, salvo para acatar las decisiones de la Junta Directiva. La idea es muy simple. Como la Asamblea se celebra en junio –o sea, cuando ya se ha vendido la mitad del pescado económico y casi todo el deportivo– las decisiones son una mera formalidad. Una redundancia hecha a imagen y semejanza del que manda, que previamente ha resultado vencedor en la guerra de listas.

Sin embargo esa formalidad, por reducción al absurdo, podría generar algunas situaciones cómicas. Por ejemplo, si se despista la Junta Directiva –aunque la Secretaria General, posiblemente la persona con más visión de juego en la FACV, no le dejará–, si se descuida la Junta, digo, no se aprobarían los Campeonatos Autonómicos de Pista Cubierta que se celebraron hace más de cuatro meses, el 18 de febrero. O el presupuesto ya medio gastado. Y hasta podría tumbarse el sueldo disfrazado de Gastos de Libre Disposición que el presidente Vicente Revert percibe desde hace años, siempre en la hipótesis, claro, de que se quitara la máscara y se atreviera a cumplir con el artículo 27 de los Estatutos de la FACV.

Y, por cierto, tendría en mayor estima a Revert si lo hiciera; si en un acto de valentía pública sometiera sus compensaciones a la Asamblea y las oficializara como dice el Reglamento. Necesita la mitad más uno de los miembros de pleno derecho, y la verdad es que controla prácticamente todo el órgano, salvo algún díscolo. No lo tiene difícil y es el último paso que le queda para convertirse en el tipo de presidente que no quería ser en 2005.

Y que conste que no estoy en contra de que los dirigentes deportivos cobren. De hecho, me parece genial, si se lo ganan. Estoy en contra de que él, Vicente Revert, cobre por su gestión al frente de la FACV porque en siete años le habrá puesto mucha voluntad, pero no ha generado ni un triste beneficio económico fuera de las consuetudinarias subvenciones públicas y de las fichas pagadas por todos. Por no mencionar sus peripecias privadas para colarse, con éxito desigual, como empleado de una marca de motos, y después en un hotel alicantino donde casualmente se llevan a cabo todas las concentraciones. Y encima por acción u omisión, lejos de reconciliar al atletismo valenciano como exige su puesto, lo ha fracturado hasta el remate de que casi todos los que le apoyaron en la moción de censura contra Juan de Dios Leal le han dado la espalda.

Supongo, naturalmente, que él piensa al contrario; que ahorra dinero al atletismo, que los éxitos de los clubes o de las carreras de las populares le conciernen y que la gente le apoya. Por redondear: han votado a sus candidatos y a sus listas cerca de 180 personas de un censo de unas 2.000, frente a los 150 sufragios de la oposición, y se siente respaldado. Está en su derecho, faltaría más, porque con estos niveles de abstención y desinformación, es justo reconocer que tiene más avales que nadie. Pues bien, que se la juegue. Eso es atletismo: emoción y arrojo. Desde el 1 de octubre de 2005 no se ha sometido a una votación presidencial, y se le elige por estrangulamiento del adversario en la guerra de listas. Que ahora, con toda la calma del mundo, cumpla la normativa. Que la Asamblea se pronuncie sobre el sueldo, como solicitamos en la reunión para que constara en acta. Y que el Presidente, delante de todo el atletismo valenciano, tenga la valentía de admitir lo que más o menos, pero con otras palabras, nos soltó en la Asamblea del sábado: “Cobro porque yo lo valgo, ché”.

Así al menos controlaremos de manera oficial cuánto recibe, le pediremos responsabilidades que ahora rehúye, y no nos quedaremos con la chusca impresión de que en plena crisis, cuando los clubes hacen malabares para sobrevivir y se habla de pagar en las pistas del Tramo III, Vicente Revert se gasta en gasolina, desayunos, comidas y cenas –es la explicación que nos ofrece a su partida de Gastos de Libre Disposición de 2011 y como mínimo– 14.200 euros en 12 meses, un 25% más que en 2009… y suerte que en esta orilla del río hay unos cuantos mohicanos para que el dato no siga trepando como en 2010, cuando fueron 15.000…

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