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Colm O’Connell, entrenador de David Rudisha y que guió la carrera de otros ilustres campeones como Sally Barsosio, Wilson Kipketer o Peter Rono, siempre comenta que parte del éxito del atletismo keniano se debe, entre otros factores, a las duras condiciones de entrenamiento de sus atletas que junto con la altitud (2.300 metros), la dieta, su predisposición al esfuerzo y una tradición deportiva hacen que sus atletas sean superiores.

O’Connell resume el tipo de vida que se puede encontrar en algunas zonas de Kenia con una frase: “No vais a encontrar un helado o chocolate en Iten“. El comentario podría parecer una simple anécdota pero en el fondo transmite lo diferente que puede ser la alimentación entre nuestra sociedad occidental y el tipo de vida que se vive en este país africano.

Estas condiciones espartanas de entrenamiento hace que sean muchos los atletas que vean en Kenia el mejor lugar para llevar a cabo su preparación. En los últimos años son cientos de atletas de élite occidentales los que se han ido allí a entrenar buscando la altitud, grupos de entrenamiento, condiciones de vida similares a la de los atletas kenianos, alimentación, etc. Entre ellos están Mo Farah, Makhloufi, Lalli, Tahri o Ryan Hall.

Atletas de todas las nacionalidades y de todas las disciplinas de fondo, han buscado en Kenia estas condiciones extremas. Lejos de los lujos y facilidades occidentales, con una única obsesión: el entrenamiento. Pero la mayoría de ellos lo han hecho de manera esporádica y en períodos de tiempo más o menos cortos. Se buscaba en muchos de los casos un entrenamiento específico para una determinada competición.

La excepción a esta regla son dos hermanos neozelandeses llamados Zane y Jake Robertson que decidieron quedarse a vivir de manera permanente en Kenia desde que a los 17 años dejaran su país y se fueran al Este de África. Siete son los años que llevan viviendo y entrenando en Kenia y Etiopía, ya que Zane estuvo entrenando durante dos años en Adís Abeba, donde vivía su novia, la fondista de origen etíope Betty Desalegn, atleta que vive en la capital de Etiopía pero que defiende los colores de Emiratos Árabes Unidos. Curiosamente ambos se conocieron en el Campeonato del Mundo de Punta Umbría.

Las primeras etapas de sus vidas fueron duras, ya que se encontraron con la incomprensión de muchas personas allegadas que veían en la decisión de marcharse una imprudencia. Pero los hermanos gemelos Robertson hacían oídos sordos a las recomendaciones de sus seres queridos y se marchaban al Este de África.

La decisión había empezado a madurarse en el año 2006 cuando Jake, con motivo del Campeonato del Mundo de Fukuoka, tomaba contacto con los atletas kenianos. En la mesa había dos opciones: la tradicional de irse a EE.UU. o la menos segura ir partir hacia África. Después de ese contacto con los atletas kenianos decidían emigrar al continente africano y el 1 de enero de 2007 empezaban su nueva vida.

El cambio de aires no deja de tener un simbolismo evidente. Nueva Zelanda, el país que había exportado los métodos de Lydiard y que había tenido atletas de la talla de de John Walker o Peter Snell, pasaba por una nueva etapa al exportar talentos a África. Lydiard había emigrado a Finlandia a entrenar a finales de los 60, lo que supuso el renacer del fondo finlandés. Otros atletas “kiwis” habían emigrado a EE.UU. (Willis a Michigan, Kim Smith a Providence, etc.) pero era la primera vez que se tomaba la decisión tan arriesgada de ir a África.

Su adaptación tampoco fue fácil. Su marcha estaba llena de temores y su futuro plagado de interrogantes. La ciudad que escogieron para vivir era Iten, el “Sangri-La” de los fondistas. Es una pequeña población de poco más de 40.000 habitantes situada en el Valle del Rift y que cuenta posiblemente con el porcentaje de atletas respecto a la población, más alto de todo el planeta. Los dos primeros años tuvieron el sustento familiar y vivían en una casa austera, sin ningún tipo de comodidad y durmiendo juntos en un pequeño colchón. Zane la denominaba “celda de hormigón”. “Sin Jake no habría sobrevivido”, comenta su hermano gemelo Zane.

Ambos hermanos coinciden que sus fuertes creencias religiosas les ayudó a pasar los malos momentos como enfermedades, lesiones o inevitables momentos de bajón cuando estás a miles de kilómetros de la casa de tus familiares y amigos. “Ser cristianos nos ayuda mucho. Creo que dios nos permitió venir a Kenia y quedarnos. Incluso las cosas malas que sufrimos nos hacen mejores personas. La fe nos ha ayudado en muchos momentos difíciles”, comenta Jake.

Ellos mismos comentan que los propios atletas kenianos tampoco creían que pudieran durar bajo las duras condiciones de vida y de entrenamiento que tenían en Kenia. Pronto encontraron la ayuda por parte de los corredores locales, incluidos Saif Saaeed Shaheen y Patrick Sang. Todo son palabras de agradecimiento para ambos. Siempre que pueden expresan palabras de gratitud al recordman mundial de 3000 metros obstáculos: “Aprendimos mucho de Shahhen, en términos de mentalidad y la tenacidad necesaria para tener éxito. Él nos enseñó a estar centrados en las carreras y en los entrenamientos. Sin su amabilidad y hospitalidad no habríamos luchado”.

Otro que les ayudó desde el primer momento es Patrick Sang, obstaculista que fue medalla de plata en los JJ.OO. de Barcelona. Sang es un reputado entrenador que se formó en la Universidad de Texas Longhorns en EE.UU. y que lleva un grupo de atletas entre los que destaca el campeón olímpico y mundial de maratón Stephen Kiprotich o Geoffrey Kipsang Kamworor, campeón del mundo de media maratón. “Patrick nos acogió desde el primer momento. No por las marcas que teníamos, sino porque los kenianos son gente agradable y hospitalaria. Patrick era el entrenador de nuestros ídolos y estaba allí dispuesto a ayudarnos y nunca nos cobró un centavo”.

Los hermanos destacan además el trabajo llevado a cabo en Kenia por los técnicos. Zane llega a afirmar que los “atletas kenianos y etíopes ponen más ciencia en su trabajo que los atletas de Nueva Zelanda. Sobre todo en trabajo pliométrico que en Nueva Zelanda casi no se trabaja”. Llegaron a realizar tres sesiones de entrenamiento diarios. Se levantan muy temprano, sobre las 5 a.m. Después de la carrera de la mañana regresan a desayunar y vuelven a descansar. La segunda sesión la pueden hacer a las 10 a.m. Después de comer se dan un masaje y luego viene la última sesión del día. También se han mostrado muy agradecidos al apoyo que les prestó Eliud Kipchoge y el entrenador italiano Renato Canova. Su consejero en Nueva Zelanda es Steve Willis, hermano del medallista de plata en los JJ.OO. de Pekín 2008, Nick Willis.

Sobre la vida en Kenia comentan que es radicalmente distinta a Nueva Zelanda. Normalmente hay cortes en el suministro eléctrico, incluso de noche, por lo que tuvieron que acostumbrarse a vivir a oscuras. En la zona que habitan tienen agua corriente dos veces por semana y, si tienen suerte, durante una hora: “el agua está de manera no programada dos veces a la semana, pero si por azar no estamos en casa en ese momento, por estar entrenando, tenemos que ir a casa de amigos a recolectar agua y traerla de vuelta. Es un buen entrenamiento de fuerza. Caminar 15 km al día, aquí es normal“, relata Zane.

Aunque su alojamiento ha mejorado, tampoco disfrutan de muchas comodidades. Reconocen que han llegado a ver las mismas películas hasta 30 veces.

Es evidente que cada vez son más los atletas occidentales que se van al Este de África a entrenar y una pequeña parte de esta tendencia se la deben al “efecto llamada” que han provocado estos dos hermanos gemelos. Zane declaraba recientemente a la revista Spikes que “con el tiempo, otros atletas nos comenzaron a seguir y cada vez más gente se unía al grupo porque creían en lo que estábamos haciendo”. Ahora tienen muchos amigos en Kenia y son otros muchos amigos internacionales los que se desplazan a Kenia para visitarlos y entrenar con ellos.

El nivel atlético alcanzado por ambos les ha dado la razón. No fueron pocas las voces que decían que no tenían talento ni nivel, pero el tiempo les ha dado la razón. El más destacado de los hermanos es Jake que ha llegado a marcas que le permiten acceder a los grandes campeonatos. En los tres últimos años ha acudido a los tres grandes acontecimientos atléticos del calendario: Campeonato del Mundo de Daegu 2011, JJ.OO. de Londres 2012 y Campeonatos del Mundo de Moscú en 2013 y este año, en los  Juegos de la Commonwealth, tuvo la mala suerte de caer a falta de dos vueltas, empujado por su compatriota Willis y acabó 9º en 13:29.69. La mejor marca de Jake Robertson en 5000 es 13:15.54 y en 10.000 es 27:45.46. Su marca en 2008, el año después de llegar a Kenia, era de 14:14.07 en 5000.

A su hermano Zane es más común verlo correr distancias más cortas pero tiene un registro muy similar en el 5000. Su marca personal en 1500 es de 3:35.45 y 13:13.83 en el 5000. Zane logró ser finalista el Campeonato del Mundo de Moscú en 5000 metros, en el Campeonato del Mundo de pista cubierta en Sopot, también lograba alcanzar la final. En el pasado mes de mayo se convertía en el primer “mzungu” (hombre blanco) en vencer en una prueba en Kenia. Lo hacía en un 5000 en el que realizaba 13:46.35 y minutos más tarde era tercero en una serie de 1500 con 3:43. La mejor marca de Zane en 2008, un año después de su llegada a África era de 3:50.60. En los Juegos de la Commonwealth de hace apenas un mes, se hacía con la medalla de bronce con un registro de 13:16.52.

Otro aspecto que los ha hecho fuertes es la inquebrantable relación entre estos dos hermanos gemelos. La confianza es mutua y su fortaleza mental fraguada con los años de entrenamiento y competición entre kenianos. Zane dice que su hermano Jake logrará bajar de los 13 minutos y su hermano corresponde a los elogios de su hermano asegurando Zane se convertirá, con los años, en el hombre más rápido de la historia de Nueva Zelanda en 1500 y que logrará batir el récord de Nick Willis (3:30.35).

Sus futuros parece que seguirán vinculados a Kenia. “No tenemos planes para dejar esto. Me gusta mi vida aquí”, relataba Jake recientemente.

Imagen | Flotrack.org

1 Comentario

  1. Felicito al articulista por un texto tan trabajado y fidedigno. Mi más sincera enhorabuena.

    La mayoría de gente cree que en Kenia hay dos negritos corriendo delante de un león, pero cada vez es un tema más recurrente en la prensa deportiva. Estoy convencido de que Iten pronto será una meca del running (si no lo es ya), con viajes programados incluso para atletas amateur… tiempo al tiempo.

    Tremendo lo de estos dos hermanos. Ejemplo claro de que sacrificando todo por una meta se consiguen resultados.

    saludos!

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