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Toda la carrera de todo atleta profesional tiene su línea de meta, y la de Natalia Rodríguez ha llegado a la suya: desde los 4:42.4 de su primer 1.500 en 1995 hasta su récord (y nuestro récord) de 3:59.51. La tarraconense, recordwoman de España de 1.500 metros lisos al aire libre, hacía el anuncio en la red social Twitter ayer a última hora de la tarde, colgando las botas después de casi veinte años en la élite del atletismo español. Una decisión que ha llegado después de dos años convulsos de lesiones y también de cambios de entrenador, llegando incluso a competir bajo las órdenes de Antonio Serrano. En la memoria, sus medallas internacionales, su récord de España y su descalificación de Berlín. Y su final, ese final al que muy pocas pudieron hacer frente y que nos valió una de las etapas más gloriosas del 1.500 español.

Hablar de Natalia Rodríguez es hablar de la historia viva del mediofondo español, y de buena parte de sus éxitos fuera de nuestras fronteras. Su gran momento – a nivel de marcas – llegó en el año 2005, cuando de forma sorprendente destrozó el récord de España de 1.500 dejándolo en unos 3:59.51 minutos impolutos a día de hoy, y que parece que se van a tirar un buen tiempo en la nómina de récords. Hasta entonces, su paso por categorías menores y anteriores a senior había sido un auténtico ‘show’: campeona de España de 800, 1.000 y 1.500 en categorías cadete, juvenil, junior y promesa, además de un espeluznante récord de España de 800 junior (2:02.78) y otro de 1.500 promesa (4:04.24). Fue subcampeona de Europa de 1.500 en categoría sub23 en Amsterdam en 2001. En este vídeo de Pablo Villalobos vemos a una Natalia Rodríguez que ya impresionaba en categoría cadete:

LA ‘SUPERMAMÁ’ DEL ATLETISMO

Hasta ese récord de España en 2005, Natalia Rodríguez había superado su paso por categorías menores y había metido la cabeza en la élite internacional, aunque sin el premio de una medalla: fue sexta en dos mundiales (Edmonton y Helsinki) y en un europeo (Munich), y participó en dos Juegos Olímpicos (Atlanta y Atenas), pero las medallas no llegaban. Tras el récord, llegó una inoportuna lesión y la bendición de la maternidad. En este caso, el término ‘bendición’ no alude sólo a la manida fórmula utilizada en mil ocasiones, sino a una realidad atlética: llegó Guadalupe, su hija, y Natalia se convirtió en una máquina del sprint. Nadie podía con ella. Volvió en 2008 con toda su fuerza y desde entonces hasta el día de su retirada ha conseguido sus mayores éxitos deportivos: bronce en el mundial de Daego de 2011 al aire libre, campeona de Europa en Turín 2009 en pista cubierta, subcampeona mundial indoor en Doha 2010 y bronce europeo en Barcelona 2010.

 

BERLÍN CONTRA NATALIA

Nadie podía con Natalia Rodríguez: arrancaba a falta de 300 metros para el final de la prueba y nadie podía seguirla, ni dentro ni fuera de España. Su potencia era la envidia de las frágiles mediofondistas africanas y sólo las más correosas conseguían que no fuera campeona de todo en lo que competía. Natalia Rodríguez estaba en su momento de gloria. Pero entonces llegó el momento que quedó grabado en la retina de todos los aficionados españoles: cuando la tarraconense corría los últimos metros de la final del mundial de Berlín, y en una arrancada de las suyas la etíope Gelete Burka se iba al suelo y Natalia se quedaba sin el oro que se había ganado por derecho. En meta, la imagen que ya conocemos:

El estadio se revolvió contra ella, ella se acercó a pedir perdón, y terminó perdiendo la medalla de oro. Una triste anécdota de la que se recuperó con cuatro medallas internacionales, pero ningún oro mundial. Una espina que se lleva clavada en su retirada del atletismo, después de cuatro Juegos Olímpicos, ocho mundiales y cuatro europeos.

Se retira la dama del 1.500 español, y al atletismo nacional le costará mucho volver a encontrar una solidez competitiva como la de Natalia Rodríguez, un dominio igual del 1.500, distancia que conocía como un caballero medieval conocía a su caballo de batalla.

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