Ningún buen aficionado se habrá sorprendido de que España vuelva sin medallas de Estambul. Ni siquiera de que hayamos retrocedido a esa época de atletismo analógico –pero muy digno– en que una plaza de finalista adquiría tintes de epopeya. La quinta posición del relevo masculino de 4×400 (de imposible traslación al aire libre) y la sexta plaza de Ruth Beitia (una atleta que se retira este año y que compitió muy bien en un concurso pobre) son lo mejor de una selección que proyecta en cada salto, en cada zancada, en cada lanzamiento, las consecuencias de un complejísimo relevo generacional.

Creo, humildemente, que los representantes españoles, salvo excepciones, han competido a su nivel. No se pueden pedir milagros a cierto grupo de atletas, de entre 28 y 32 años, que nunca han accedido a finales mundialistas u olímpicas. No hay más cera que la arde, y es poco realista reclamar heroicidades en este invierno de año olímpico y de Europeo light. Nuestras mejores opciones se han quedado en casa preparando otras cosas, lo cual, por cierto, es un síntoma de planificación pero no una garantía de éxito. Arturo, Manolo, Marta o Natalia, por escribir cuatro nombres ilustres, lo van a tener dificilísimo para llevarse una medalla en Londres. Y ninguno de ellos es un atleta joven.

Quizá por eso el dolor de Estambul no procede de la sequía de metales, que ya estaba asumido, sino de la sensación de que el relevo generacional no carbura. Al menos, aún.

A lo mejor es una impresión precipitada y los que fallaron aquí se levantan y nos asombran mañana. Es lo que esperamos todos. Pero, hasta que eso ocurra, hasta que las decepciones se tornen satisfacción, y por citar tres casos en edad interesante y con experiencia, la  irregularidad de Eusebio Cáceres (un tipo genial, perfectamente capacitado para ser finalista olímpico), la grisura de David Bustos (un gran mediofondista en un país que los ha tenido mejores) y la sospecha de que Isabel Macías no recupera bien de un día a otro (este invierno se comía el mundo, pero los atletas de una sola carrera no pasan a la historia), todas esas actuaciones flojas de gente de la que se espera mucho, dejan un mal sabor de boca. Si cualquiera de ellos hubiera aprovechado la ocasión de brillar, este Mundial de Estambul habría merecido la pena.

Pero nadie ha hecho nada que nos levante del asiento. Lo más parecido fue el primer puesto de Ángel David Rodríguez en su serie calificatoria de 60 metros o el de Antonio Reina en su preliminar de 800. Y eso vale de poco. Y encima ambos son veteranos.

A la generación del noventa –extensible hasta 1984-85– no le vamos a pedir más de lo que puedan dar. No debemos disparar las expectativas. Pero tiene que tomar el mando, hacerlo bonito. Eusebio, Kevin, Sancho, Bustos, Cienfuegos, Ramos, Martos, Merzhougui, Docavo, Macías, Marco, Tobal, Tacaks –me estoy dejando a muchos, hablo de memoria– tienen que hacer lo contrario de lo que hemos visto en Estambul, han de asombrarnos en la alta competición aunque no ganen. Conseguir que hablemos de ellos. Que el público se levante más pronto, trasnoche, que se busque la vida sediento de verles en el próximo campeonato. La cultura deportiva se fomenta a golpe de madrugón. Y no hay madrugón sin espectáculo.

Queremos plazas de finalista luchadas a cara de perro. Esculpidas en esfuerzo, limpieza, garra. En esta época de apagón televisivo para el atletismo son ellos, los nuevos, los que tienen que hacerse más visibles que nunca.

Así que, nada de lamentos por esta insípida actuación española en el Mundial. Que el duelo no dure ni 24 horas. Estamos en un complicado periodo de transición y volver sin medallas entraba en lo previsto. Es en lo imprevisto, en la sorpresa, donde está la solución; en jóvenes con carisma y con descaro que no se acomplejen y nos traigan, tras Estambul, una pasión turca verdadera.

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Licenciado en Periodismo y corredor practicante (cada vez más lento) a razón de 4/5 días por semana. Ha desempeñado diversas responsabilidades en instituciones públicas, siempre en el área de comunicación, y ha participado en los equipos de prensa de varias campañas electorales autonómicas, nacionales y europeas. Autor del libro "El Derecho a la Fatiga", un estudio sobre el dopaje en las carreras de fondo y mediofondo.

2 Comentarios

  1. El atletismo en España no sólo requiere un relevo generacional de atletas, sino también de mandatarios que llevan años en el sillón. No es normal la pujanza del corredor popular y el desastre en la competición de alto nivel. Mejoras en las instalaciones (es difícil entrenar en pista para cualquier joven en muchas ciudades),promoción escolar, nuevas ideas, nuevos empujes, nuevos apoyos y mucha voluntad de sacrifico en un deporte tan exigente y duro como el atletismo.

  2. De acuerdo con el comentario anterior. Dónde está la pista cubierta de Madrid. Hace poco se hizo el campeonato provincial de PC en pista de 400 a 0 grados…
    También es curioso repasar las fechas de los records de España. Todavía Fernando Cerrada tiene marcas de 1972!!.
    Está claro que hay muchos más populares por la calle (antes daba algo de verguenza correr por la calle), pero en las pistas corríamos bastante más.
    Solución: supongo que varias, que las pongan quines viven de estos desde hace años. Ah! y gran retransmisión del último campeonato del MUNDO!! por la tele. Deporte rey?

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