Londres: el último maratón de la reina del maratón

Publicado por 27/04/15 - 8:16

radclfEl pasado domingo, en el Virgin Money London Marathon – la edición número 35 del mítico maratón de la capital británica – pasaron muchas cosas. Dos paracaidistas llamados Eliud Kipchoge y Tigist Tufa ganaban a los grandes favoritos, el plusmarquistas mundiales Wilson Kipsang (ex) y Mary Keitany. La lucense Alessandra Aguilar volvió a quedarse a muy poquito del récord de España, y el segoviano Javi Guerra se plantó por debajo de las dos horas y diez minutos en una carrera de cirujano torácico. Y el mundo del maratón dijo adiós a su reina, a su mayor leyenda, y lo hizo precisamente donde todo empezó, donde batió su récord mundial y donde ganó tres veces. El domingo, el atletismo se despidió de las zapatillas de Paula Radcliffe.

Paula Radcliffe sabía a lo que iba: doce años después de su espeluznante récord mundial (2:15.25) por esas mismas calles de Londres, volvió a pasear su característico braceo, pero esta vez no miraba el reloj, ni seguía a ninguna liebre ni iba echando cuentas con la calculadora. Esta vez iba saludando al público, dejándose querer por centenares de runners que se partían el alma para seguir a su ídolo deportivo y sencillamente, disfrutando. Al paso por el ecuador de la prueba, una intrépida reportera de la BBC echa a correr como una descosida, se pone a su altura – una gesta deportivo-periodística que nunca llegaremos a apreciar lo suficiente – y le pregunta que qué tal va, en riguroso directo. Y va Paula Radcliffe y contesta que bien, que es un momento mágico. La gente se vuelve loca por las calles de Londres. “Te vamos a echar de menos”, se puede leer en una pancarta, y ella que casi se echa a llorar con 35 kilómetros en el cuerpo.

En 2003, cuando esta mítica carrera se llamaba Flora London Marathon, la foto era bien distinta: una Paula Radcliffe que había sido campeona del mundo de cross dos veces de forma consecutiva, y tres veces de medio maratón, quemaba la suela de sus zapatillas buscando una marca que le lanzara hacia la historia. Por aquél entonces, el récord mundial de la distancia de Filípides estaba en sus propias manos: el año anterior, en el maratón de Chicago, había corrido en unas 2:17.18 horas que habían servido para desbancar de la nómina de récords a la keniata Catherine Ndeneba (2:18.47 en 2001), dejando muy muy atrás a atletas como la japonesa Naoko Takahashi o la keniata Margaret Okayo. Ese día la pelea era otra: ese día había que destrozar el cronómetro, no valía con arañar un minutito al récord del mundo.

El resultado es el conocido: 2 horas 15 minutos y 25 segundos. Pero los tiempos ponen los pelos de punta: empezó a correr millas como churros por debajo de los cinco minutos, y para cuando quiso coger velocidad de crucero había cruzado el medio maratón en 1:08.02 horas. Eso hubiera llevado a la británica a correr por encima de dos horas y dieciséis minutos, pero no: apretó el acelerador. El bueno de Steve Cram, que sujetaba el micrófono ese día, dijo al periodista Steven Mills en una entrevista que ni él ni el otro comentarista quisieron hacer estimaciones porque aquello no había por dónde cogerlo: “No fue hasta las últimas dos millas cuando nos dimos cuenta de lo que iba a suceder. Estaba acelerando, y creo que nunca hemos visto a una mujer correr así, habíamos visto a hombres pero nunca hasta ese momento habíamos visto a una mujer correr de esa manera”.

radcliffeAyer, por esas mismas calles de Londres, el desarrollo y el resultado fueron bien distintos. Paula Radcliffe, la leyenda viva del maratón mundial, ni siquiera estaba inscrita entre las atletas de élite, desvirtuando enormemente el término. Con sus 41 años, empezó a correr a unos 3:40 minutos por kilómetro, con los bandazos que sufre el crono cuando divertirse es lo más importante, pasó el medio maratón nueve minutos más lenta que en su récord mundial (1:17.03), y en vez de acelerar al final como el día de su plusmarca, se dejó llevar un poquito. Los dos minutos que perdió hasta llegar a meta en 2:36.55 horas probablemente los gastó en saludar a gente, chocar manos, hablar con otros fellow runners y, en definitiva, disfrutar de lo cosechado. Puesto 199 – primera mujer de su categoría de 40 a 44 años – para cerrar la historia más épica del maratón mundial.

RÉCORDS, MEDALLAS Y EL LOBBY RADCLIFFE

Repasar la vida atlética de Paula Radcliffe es hablar de un sinfín de medallas y grandes marcas: fue campeona mundial de maratón en 2005 corriendo más rápido que Zatopek, tres veces de media maratón entre el 2000 y el  2003, dos veces campeona mundial de campo a través y subcampeona mundial de 10.000 metros. Sus marcas de cualquier prueba – salvo la media – nunca se correspondieron con su estratosférico registro de maratón: sus 14:29.11 en 5.000 metros son la décima marca de todos los tiempos, sus 30:01.09 de diez kilómetros la sexta.

Pero el estratosférico récord de Radcliffe también le valió algún disgusto: en verano de 2011, la IAAF decidió que los récords hechos en carreras mixtas de hombres y mujeres contaban como marcas pero no podían ascender a la categoría de récord. Se montó un lío de padre y muy señor mío: el día en que Radcliffe rompió el crono en las calles de Londres, lo hizo en una carrera de hombres y mujeres, por lo que su récord podía quedar en una “mejor marca mundial”. Cutre. Ella se lanzó rápidamente a criticar esta decisión, y de hecho se trasladó a Mónaco para hacer lobby y conseguir que la IAAF no degradase su marca. En Facebook, más de dos mil personas se unieron bajo el título “Restore Paula Radcliffe’s Marathon World Record“. Finalmente, a la IAAF le pudo la presión y un portavoz, Helmut Digel, se apresuró a decir que “el récord seguirá, nadie cancelará el récord de Paula, seguro, nunca será degradado”. La medida entraba en vigor a partir de entonces. Por poco. En realidad la británica también tiene la mejor marca hecha en carrera sólo de mujeres (sus 2:17.42 de Londres dos años después) pero no era igual de impactante. No era la marca marciana a la que nadie se acerca ni por asomo. Y además, en esa carrera había tenido que parar para hacer un pis porque aquello se le iba de las manos, estomacalmente hablando. Ningún glamour en esa marca.

El domingo, toda esa historia cerró el círculo perfecto del atletismo: una vida de éxitos – aliñada con algunas lesiones desagradables, como aquella vez que fue atacada por un perro – que terminó con una mujer recogiendo toda la admiración que sembró, única y exclusivamente, con la velocidad de sus zapatillas. El domingo Paula Radcliffe se convirtió en una atleta eterna, y ya nadie podrá bajarla de ese Olimpo particular.

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