Atletismo curioso (XVIII)

Publicado por 21/11/13 - 16:39

Frase de la semana

“He cambiado de planes y intentaré volver a la competición lo antes posible. La temporada que viene la perderé porque quiero ser madre, pero espero regresar para Pekín 2015. Todavía no estoy embarazada pero estoy a tiempo”, Yelena Isinbayeva

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Curtis Mitchell, bronce en 200 metros en el Campeonato del Mundo de Moscú, saltando 1.27 metros con una sola pierna.

Momentos olímpicos memorables: La maratón de St. Louis 1904

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La maratón siempre ha sido una prueba que nos ha deparado anécdotas e historias apasionantes. Parte de la mística y la grandeza de los 42.195 metros reside ahí, en su centenaria historia. La propia distancia es un cúmulo de casualidades. Sus inicios están en la leyenda que contaba que Filípides corrió, en el año 490 A.C.., desde la población de Maratón hasta Atenas para avisarles de que habían vencido a los persas. El corredor tenía que llegar a la ciudad antes que los persas para que la población se colocara en los balcones y ventanas para hacer creer al ejercito persa, ya que desde la lejanía no podía distinguir, que eran soldados. Pero todo parece que fruto de una leyenda y la mayoría de historiadores creen que el verdadero esfuerzo de Filípides fue recorrer casi 250 km desde Atenas a Esparta para pedir ayuda ante un ataque persa. En honor a este hecho se celebra el Espartatlón.

La segunda casualidad es que inicialmente se tomó la distancia tomando por referencia los metros recorridos en la maratón olímpica de 1908 en Londres. La salida fue desde el Castillo de Windsor para que la familia real británica pudiera ver la salida de la prueba y la meta en el estadio también se modificó para tener mejor visibilidad. El cambio de meta para que las autoridades tengan mejor visión es un hecho que se repitió en varias ocasiones. En España se hizo en pruebas como los 800 metros para que el dictador Francisco Franco pudiera ver mejor la llegada, ya que el palco de los estadios solía estar a mitad de recta.

La IAAF estableció la distancia oficialmente en 1921 y lo hizo tomando como referencia la edición londinense de 1908. Se estableció que la distancia que había entre Windsor y el estadio era de 42195 metros. Mediciones posteriores demuestran que se hizo mal ese cálculo. Hasta esa fecha las maratones variaban de distancia. La maratón olímpica de Atenas en 1896 tenía 40 km, la de Boston 1897 (1ª edición) 39,4 km. En París 1900 fueron 40,2 km y en St. Louis 1904 se regresó a los 40 km.

La épica de la maratón se acrecentó en esas primeras ediciones de la prueba donde hay muchas historias singulares, muchas de ellas motivadas por la falta de preparación de los corredores y de su amateurismo. Sin duda alguna, las maratones olímpicas más caóticas de la historia fueron las primeras ediciones: Atenas 1896, París 1900, St. Louis 1904, Londres 1908 y Estocolmo 1912. Decidirse por cual fue peor es complicado. El calor y la falta de preparación adecuada por la carencia de métodos de entrenamiento hizo el resto. En la capital gala el ganador fue un luxemburgués, que en compitió por Francia, llamado Michel Théato. Se le concedió el triunfo en 1912 después de muchas disputas por las equivocaciones que se produjeron en el recorrido. En Londres 1908 vimos la llegada agónica, y su posterior descalificación, de Dorando Pietri

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El calor de Estocolmo 1912 hizo que falleciera el atleta Francisco Lázaro. El fondista portugués, que corrió untado de sebo pensando que eso le ayudaría para protegerse del sol, desfallecía en el kilómetro 30 y fue llevado a un hospital donde moría a causa de una severa deshidratación, posiblemente motivada por la falta de transpiración de la piel.

Pero hoy nos centraremos en la maratón de St. Louis 1904, ya que por todo lo acontecido en esa prueba, es sin duda de las más esperpénticas. Realmente se podía considerar como un circo todo lo acontecido. La carrera fue lenta motivada por las condiciones de calor (32ºC), había poca agua en el recorrido, se administraron drogas y alcohol a los participantes, hubo perros persiguiendo a los corredores durante la carrera, los caminos estaban polvorientos y los coches en carrera hacían poco respirable el trascurso de la prueba, el trazado era sobre zonas agrietadas de carretera lo que hacía más complicado el correr, el recorrido era muy duro ya que tenía 7 subidas y el atleta que llegó primero a la línea de meta fue descalificado por hacer parte de la prueba montado en un automóvil. 14 fueron los participantes que lograrían llegar a meta de los 32 que tomaron la salida, entre los que había de todo, desde experimentados maratonianos que ya habían competido en Bostón a otros que no habían afrontado la distancia nunca.

Los favoritos eran Sam Mellor, Michael Spring, Newton, Thomas Hicks y John Lordon, todos ellos atletas que habían participado en maratón con anterioridad. Luego estaban algunos miembros de la tribu zulú que estaban en la Exposición Mundial, 10 atletas griegos y el cubano Félix Carvajal, entre otros.

John Lordon, un experimentado maratoniano, se retiraba al poco de iniciarse la carrera. En los primeros compases de la carrera tomaron el mando de la prueba Sam Mellor, E.P. Carr y Newton. Hicks tomó la delantera y se dirigía victorioso hacia la meta cuando tuvo un desfallecimiento que fue solventado por sus entrenadores, que le suministraron sulfato de estricnina y brandy. La estrictina era de uso habitual entre ciclistas y también la solía utilizar Francisco Lázaro, el maratoniano portugués que falleció en Estocolmo 1912. La ayuda del “equipo de apoyo” había resultado fundamental para el triunfo de Hicks. Sus colaboradores Hugh McGrath y Charles Lucas le suministraron el sulfato de estricnina dentro de un huevo crudo, ya que la estricnina es muy amarga para tomarla sola. Para algunos fue el primer atleta con ayuda “farmacológica”, mientras que para otros es el primer intento de envenenamiento olímpico. Y es que tomarse un huevo crudo en la mitad de una maratón no es lo más aconsejable. La estricnina se ha utilizado como pesticida para ratas pero también como estimulante del sistema nervioso central en los casos que se tome en dosis pequeñas. También hay fotos que evidencian que le ayudaron en los metros finales.

Pero al estadio llegó primero Fred Lorz, el primer tramposo reconocido en el mundo del atletismo. Lorz se había retirado por un problema de deshidratación en el kilómetro 15, se subió a un coche y se dirigió a meta. Pero cuando estaba cerca de meta, el coche se rompió así que una vez recuperado, retomó la carrera en ese punto, colocándose en cabeza y llegando primero al estadio con un tiempo de 3 horas y 13 minutos. Llegó a recibir las flores de vencedor de la mano de Alice Roossevelt, la hija de Theodore Roosevelt, presidente de los Estados Unidos en 1904. Poco después se descubrió la trampa y se repuso al legítimo ganador: Thomas J. Hicks, que vencía con un tiempo de 3h28:53. Segundo era Albert J. Corey con 3h34:16. Corey era francés, pero como no tenía los papeles en regla, fue catalogado como americano, que es lo que sigue siendo oficialmente a día de hoy. Tras todo esto, el engaño hizo que James Sullivan principal organizador de los JJ.OO. de St. Louis, pidiera la suspensión de por vida de Lorz, que se defendió de su infamia alegando que todo había sido una broma. Lorz era un albañil que entrenaba de noche y que a punto estuvo de acabar ahí su carrera deportiva. Finalmente la sanción no se produjo y pudo enfrentarse a Hicks en la maratón de Boston de 1905, logrando vencer con 2h38:25.

El resultado de Saint Louis sirvió para que Charles J. P. Lucas, uno de los entrenadores Hicks, aseverara que se demostraba la superioridad de la raza caucásica en las pruebas de fondo. El tercero de esa maratón fue A.L.Newton, también americano, pero el primero de nacimiento. Cuarto era el cubano Carvajal, quinto entraba el griego D. Velouis. Los atletas sudafricanos, Len Tau y Yamasani entraron en novena y duodécima posición. Lent Tau fue perseguido por un perro durante el trascurso de la prueba y tuvo que hacer una milla (1609 metros) de más, escapando del perro por fuera del recorrido oficial de la prueba. La prueba también casi se cobraba la primera víctima oficial en una maratón olímpica. William García había tragado mucho polvo levantado por los coches que circulaban entre los corredores y sufría una hemorragia que casi le costaría la vida.

De todos los participantes, la historia más sorprendente fue la del cubano Félix Carvajal. Se trataba de un atleta de muy baja estatura (1.52m), que ya había vencido siendo muy joven a “El Chistavín”. El atleta aragonés Mariano Bielsa, alias “El Chistavín” era un “andarín”, que es como se denominaban a los atletas en el S.XIX, que había creado una auténtica leyenda en España después de vencer una multitud de carreras contra caballos, de vencer muchas “pollaradas” (nombre que recibían las pruebas que se disputaban fundamentalmente por su zona) y que había llegado a vencer a Bargossi “el hombre locomotora” en uno de los eventos deportivos más mentados por la prensa de la época, en la plaza de Toros de Zaragoza en 1882.

Carvajal también era un “andarín” que trabajaba de cartero y que intentó sufragarse su viaje a los JJ.OO. de manera privada. Para recaudar fondos recorrió las calles de La Habana con carteles en los que pedía ayuda para lograr ir a EE.UU. De esta manera singular logró recaudar dinero suficiente para llegar en barco a Nueva Orleáns pero una vez allí las diversiones, el juego y los timadores le hicieron perder todo el dinero. Tuvo que hacer el trayecto que le quedaba (1.100 km) sin dinero, en “auto stop” y andando. Una vez en Saint Louis se presentó en la línea de salida con ropa de calle: camisa de manga larga, pantalón largo y zapatos que utilizaba normalmente como cartero. Con la ayuda y con una tijeras le cortaron los pantalones a la altura de las rodillas para que pudiera participar de una manera más cómoda. Durante el trascurso de la prueba corrió de manera lenta pero constante. A mitad de recorrido vislumbró una fiesta en la que estaban comiendo melocotones, así que se paró y les pidió uno. Al ver rechazada su petición, robo dos y salió corriendo mientras se los comía por el camino. Del grupo de cabeza fue el único que no tenía ningún tipo de asistencia ni ayuda exterior. Posiblemente, de tenerla su resultado habría sido otro.

Después de su actuación olímpica continuó compitiendo en EE.UU. durante un tiempo hasta que regresó a la isla, donde volvió a ejercer de cartero. Desgraciadamente, la pobreza nunca le abandonó.

Mas información sobre Félix Carvajal | http://verbiclara.wordpress.com/el-andarin-carvajal-campeon-de-los-pobres/

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