Mundial de cross: Kenia recupera la hegemonía perdida

Publicado por 29/03/10 - 17:20

 Ebuya

Qué suerte tienen los espectadores de los crosses ANOC en nuetro país. Llega el Mundial de campo a través y los que ocupan las primeras plazas son conocidos por la afición española al verles cada fin de semana en el circuito nacional. Lástima que llegue el Mundial y que no se pueda ver por el televisor por ningún canal español. Internet, el futuro, parece ser la vía más común a partir de ahora.

Ebuya no tiene rival

Por fin el keniano Joseph Ebuya quedaba campeón del mundo. Aquel atleta de complexión fornida que se presentó en nuestro país hace unas temporadas con su imperial forma de correr, señalando a sus rivales, con el brazo estirado, por dónde debían ir: detrás de él.

Ganó Ebuya, pero el que dio el zarpazo definitivo para marcharse fue el eritreo Teklemariam Medhin, vencedor un año más del cross de Fuensalida. A su brutal cambio de ritmo cuando se cumplía el minuto 20 de carrera, tan sólo le siguió Ebuya. El español Alemayehu Bezabeh, atento al hachazo, se colocó cuarto, pero se veía que el campeón de Europa había gastado todas sus fuerzas antes. Durante los 7 primeros kilómetros el atleta entrenado por Manuel Pascua, nunca se sintió cómodo. Y no porque el ritmo fuera alto, que lo era, sino porque aún no se ha ganado el respeto de sus rivales. Le ocurrió el año pasado en Amman, y este año en Bydgoszcz su pesadilla ha sido el eritreo Samuel Tsegay. Apenas se llevaban dos kilómetros y no dudó en darle una especie de pechazo para amedrentar al campeón español. Y lo consiguió, porque a partir de ahí no encontró su sitio Alemayehu. Tan pronto estaba en la tercera plaza como al poco tiempo se encontraba a cola de grupo. Y no es lo mismo cambiar de posiciones con esa facilidad en un Campeonato de España que en un Campeonato del Mundo. En La Coruña se paseó. En Polonia sufrió, y al menos obtuvo una buena 14ª plaza que se acerca a la 9ª obtenida por el gallego Alejandro Gómez en el Mundial de Ostende’01.

Aún no hemos nombrado al campeón mundial Gebremariam. El etíope trataría de defender su corona, pero las sospechas que recaían sobre él se hicieron realidad. No estaba en su mejor momento y fue 10º. Su declive comenzó en enero en Amorebieta después de un otoño triunfal en nuestro país. A comienzos de año le ganó su compatriota Mesfin. Pero donde tocó suelo fue en Itálica, donde estuvo desaparecido. Allí ganó el keniano Leonard Patrick Komon. Un Komon que tuvo la medalla de bronce a su alcance. Tanto que si no hubiera levantado los brazos celebrando la tercera plaza y se hubiera dedicado a bracear, hubiera relegado al fantástico ugandés Moses Kipsiro a la cuarta plaza. Pero no. Kipsiro apretó hasta el final y se llevó una medalla que ya celebraba Komon. Queda la duda de si lo hizo para influir a los jueces porque él sabía que Kipsiro venía como un obús por detrás. Fue su único y gran fallo porque estuvo inteligentísimo toda la carrera, corriendo de menos a más, y alcanzando la tercera plaza en los últimos kilómetros cuando ya nadie le esperaba. Pero la perdió a manos (o en este caso “por piernas”) de Kipsiro.

El resto de españoles, homogéneos

Lo de Carles Castillejo fue digno de analizar. Fue para grabarle y poner el vídeo a las nuevas generaciones de corredores de cross de nuestro país. Desde la primera vuelta hasta el final estuvo entre las posiciones 30ª y 35ª. Nunca se movió de esa horquilla. Venía de La Coruña de fallar y aunque pudo ir con falta de confianza, en ningún momento lo pareció. En Polonia venía con la lección aprendida. Tiene tanta experiencia en citas mundialistas que ha logrado conocerse al máximo y saber hasta dónde puede dar. Y precisamente el máximo fue lo que dio. Fue tan inteligente que cuando el viento arreciaba, siempre tenía delante un atleta que le llevaba de liebre. Chapeau para él.

Ayad Lamdassem estuvo por debajo de lo previsto. Fue el 51º a 32 segundos de Castillejo. Debió estar en posiciones más adelantadas, pero no tuvo su día. Tendrá más oportunidades. Y si Lamdassem las tendrá, qué decir del debutante en un Mundial absoluto como Alberto Lozano. A sólo 6 segundos de Ayad, el de Guadalajara cuajó una actuación soberbia ocupando la 56ª plaza. Si hubiera quedado mejor, tampoco habría sorprendido porque es muy difícil determinar en este momento su techo (ni el de su hermano Álvaro). Curiosamente su anarquía en el entrenamiento (es puro espectáculo verles) y en la competición, les hace a ‘Los Hermanos’ ser diferentes. Ya hay quien trata de compararles con el plusmarquista europeo de medio maratón, el madrileño Fabián Roncero. Algo osado en estos momentos. Les queda aún todo por demostrar. Pero lo mismo le sucedió a Fabián antes de maravillar en el maratón de Carpi (2h:09:43) a punto de cumplir los 26 años, y luego ser 6º del mundo al año siguiente en Atenas’97. Tiempo al tiempo.

Tiempo era el que necesitaba Pentinel para volver a la élite nacional tras unos años algo confusos. No es ya aquel atleta del 2002, campeón de Europa de 3000 obstáculos, pero sí que sigue manteniendo su capacidad competitiva para sufrir en un durísimo cross de un Mundial de Cross (Largo). En su año glorioso de 2002 (fue plata también en 3000 del Europeo en pista cubierta) consiguió una excepcional 7ª plaza en el cross corto. Casi nada. En Polonia fue el 68º.

Cerrando el sexteto llegó Javier Guerra. Tras la renuncia de Alberto García, el segoviano fue el encargado de sustituirle. Su 81º puesto no hace justicia ni a la calidad ni al entrenamiento que ha llevado esta temporada. Capaz de realizar fantásticas exhibiciones, Guerra necesita alcanzar una regularidad que le permita estar en los puestos que le corresponden. Ya lo ha hecho en Europeos de cross. Ahora falta el siguiente paso: en los Mundiales.

Carrera femenina: Kenia impone su ley. Chebet y Masai dictan sentencia

La carrera femenina no tuvo mucha historia, o sí, según se mire. Porque dicen que la Historia está escrita por los vencedores, y en esto del cross, cuando se trata de correr, quienes tienen la voz cantante son las africanas, concretamente kenianas y etíopes.

Desde el principio impusieron un ritmo asfixiante para el resto de sus rivales. Ninguna atleta de piel blanca era capaz de seguirlas, salvo la estadounidense Shalane Flanagan (12ª) y la australiana Benita Willis (antes Benita Johnson), que fue 17ª. Las españolas trataron al principio de seguir a las mejores, pero Rosa Morató se dio cuenta de que no era su guerra. Su puesto no podía ser luchando por las medallas como sí hace en los Europeos, sino que su objetivo debía ser estar entre las 25-30 primeras. Lo consiguió puesto que fue 29ª.

Por delante, la imponente Linet Masai ejercía las veces de liebre. Su elegante y larga zancada iba minando las fuerzas a todas y cada una de sus rivales. Únicamente la etíope Meselech Melkamu y la keniana Emily Chebet eran capaces de seguirla. A menos de dos kilómetros para meta, y aprovechando uno de los tramos de bajada, Masai se distanciaba. Melkamu parecía que sacaba la bandera blanca. No podía con la keniana Masai. En cambio ésta parecía que sacaría la bandera de su país celebrando su victoria. Pero no. Emergiendo desde la tercera plaza llegaba su compatriota, la keniana Chebet.  Adelantaba a Melkamu y se deshacía de ella. Iba a ser un mano a mano entre las kenianas. Un cuerpo a cuerpo entre las dos.

Precioso desenlace

Moralmente, el espectador siempre se pone del lado del que va tirando en cabeza. Así ocurrió, por ejemplo, en la maratón del Mundial de Atenas’97 con Antón (detrás y oro finalmente) y Fiz (tirando en todo momento sin recibir un relevo, y que fue plata). Pero hay que añadir un aspecto poco tratado en este tipo de carreras. El que tira, o la que tira en este caso, no lo hace por beneficio común, sino por beneficio propio. Por querer llegar a meta en solitario, en primera posición. Por eso hay que felicitar a Chebet. Por aguantar hasta el final y dar emoción y espectáculo a una carrera que parecía sentenciada por la campeona mundial de 10000m en Berlín’09. Allí Masai ganó al sprint el oro. Aquí se tuvo que conformar con la plata. Chebet la adelantaba en los últimos metros a pesar de trazar las últimas curvas por detrás de Masai. Ningún reproche de la subcampeona (que repetía posición) hacia la nueva campeona. Le había ganado en buena lid. Sólo quedaba felicitarla y celebrarlo. Otro doblete para Kenia. Tercera fue la etíope Melkamu, con su compatriota Dibaba en cuarta plaza.

Las españolas no fueron las de Jordania

Las nuestras no pudieron repetir la misma posición que en la edición anterior en Amman. En Jordania fueron cuartas. Aquí obtuvieron una inesperada undécima plaza. Como decíamos anteriormente, Rosa Morató, subcampeona continental, fue 29ª. Tuvo a varias europeas por delante. Decentes estuvieron Alessandra Aguilar 40ª, Jaqueline Martín 52ª y Judith Plá 54ª. Cerrando el quinteto llegó la joven Gema Barrachina que fue 59ª. Con el nivel que mostró en el Nacional, se esperaba que estuviera cerca de Rosa Morató. Y aunque lo intentó en un principio, se acabó desfondando. Al igual que Alberto Lozano, tampoco se adivina el techo de la valenciana. Va a más.

Júniors ahogados tras la marea africana

Que algún español quede campeón del mundo júnior de cross como lo fuera el atleta Pere Casacuberta será muy difícil. Cada vez más. No quiero decir imposible, porque ojalá haya alguien que algún día consiga lo obtenido por el de Vic. Pero se me antoja una empresa excesivamente complicada.

Aitor Fernández, el mejor de los nuestros, fue el 56º a 2:33 del ganador, el keniano Caleb Mwangangi Ndiku. Kenia barrió al meter a cuatro de sus integrantes entre los cuatro primeros. Sin palabras. Los otros tres españoles fueron Fernando Carro 81º, Gabriel Navarro 88º y Mario Mirabel 97º. El puesto por equipos fue el 16º. Sobra decir que Kenia ganó.

En féminas las cosas no fueron mucho mejor para las nuestras, pero sí, de nuevo, para Kenia. Cuatro de sus integrantes se clasificaban entre las cuatro primeras. Sí, igual que sus compatriotas en la categoría júnior masculina. La ganadora fue Mercy Cherono.

La mejor española fue Estefanía Tobal, 59ª, a 3:01 de la ganadora. Por detrás, a 10 segundos de Estefanía, llegaba en 68ª plaza Ana Gutiérrez. María José Pérez 74ª y Tania Carretero 79ª completaron el cuarteto. Las españolas quedaron decimoterceras con 280 puntos. Muy lejos de, por ejemplo, las británicas que fueron quintas con 105 puntos.

Próxima parada: Punta Umbría, España

En resumen, cada vez más el Mundial de Cross se está convirtiendo en un coto privado para africanos, y en esta edición concretamente, coto privado para los kenianos. Ganaron todo. En esa bonita pugna por la supremacía mundial entre kenianos y etíopes, este año se inclina hacia los primeros. Qué lástima la ausencia del etíope Kenenisa Bekele y ver qué hubiera hecho ante el ganador, el keniano Ebuya. Un atleta, Ebuya, que fue derrotado por Sergio Sánchez en diciembre en el cross de Venta de Baños. No quiere esto decir que el leonés se hubiera proclamado campeón del mundo. Ni mucho menos. Pero hubiera sido un blanco perfecto para discutir la total supremacía africana en el cross. ¿Lo hará el año que viene en el Mundial de Punta Umbría? No se me ocurre mejor sitio.

 

Foto obtenida de as.com

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