Odriozola, Añó y… ¿José de Arimatea?

Publicado por 20/11/12 - 22:00

Antes de hablar de las elecciones de la Federación de Atletismo, presentemos a José de Arimatea, algo así como el polo opuesto a Judas Iscariote. José de Arimatea fue el discípulo oculto de Cristo: el que, aprovechando sus buenas relaciones con judíos y romanos, se llevó el cuerpo de Jesús una vez muerto y le dio sepultura, facilitando por tanto el testimonio, según los Evangelios, de su resurrección al tercer día. Ni Poncio Pilato ni el sumo sacerdote Caifás sospechaban que este respetable mercader del siglo I era cristiano. Pero lo era, en secreto. Y estaba en todas las salsas; en todos los sanedrines e instituciones ortodoxas israelitas, y además en puestos de gran relieve. Sin su intervención, sin ese sepulcro vacío, nada sería igual en la religión. Su papel, pues, aunque poco vistoso, fue clave al aparecer en el momento justo.

Digo esto porque corre el rumor de que, a la chita callando, el mundo del atletismo espera una señal de su propio Arimateo. Del hombre que, si se cumplen determinadas condiciones, y sólo si cumplen determinadas condiciones, saldría del armario electoral, provocando un terremoto federativo como fue, salvando las distancias, la semilla cristiana en el mundo romano.

-¿José de Arimatea? -pregunto desconcertado a mis rumorólogos, sin captar a quién se refieren.

-José de Arimatea, se vea o no se vea -me responden en un pareado: como si lo llevaran compuesto de casa.

Honestamente ignoro si tal prodigio es posible, pero ahí lo dejo.

Y ahora vamos de la especulativa Jerusalén a la tangible avenida de Valladolid. El pasado fin de semana se eligió la Asamblea, compuesta por 145 miembros, que votará el 16 de diciembre al próximo presidente de la Real Federación Española de Atletismo. Momento clave, pues, para las dos alternativas posibles: el invicto José María Odriozola, que lleva 6 mandatos consecutivos desde 1989 o el aspirante Vicente Añó, quien, por cierto, fue vicepresidente del propio Odriozola durante 19 años. Dos expertos, pues, en la fontanería federativa frente a frente. Agárrense los machos, y los cachos.

Vaya por delante que derrotar a un presidente que aspira a continuar es –le robo la expresión a Gregorio Parra– tarea de gigantes. El miedo a lo desconocido mueve los resortes invisibles de cualquier federación. El futuro de muchas familias está vinculado a la confianza de una u otra persona. Es normal y es humano. El presidente reinante tiene toda la infraestructura posible, las facilidades, las lealtades. Por su parte, el candidato cuenta a su favor con el desgaste propio de la gestión y el descontento que pueda aglutinar en torno suyo. No son armas baladíes éstas ni aquéllas.

Odriozola, catedrático de Bioquímica, ha demostrado una solidez a prueba de bomba en el cuerpo a cuerpo electoral. Si esto fuera boxeo, diría que gana todos sus combates por ko. Repasemos. En 1989 doblegó al candidato oficialista, Guillermo Ros, por un contundente 151 a 60. En 1993 la cosa fue más lejos porque casi cuadruplicó a Fernando Palacio por nada menos que 92 a 22. En 1997 apareció su rival más sólido, Sergio Vázquez, al que sin embargo duplicó en sufragios (89 a 42). En sus otros tres mandatos no ha tenido oponente y el respaldo de la Asamblea ha sido casi unánime; eran tiempos de éxito rotundo para el atletismo español, y el deseo de cambio no puede ocultar los méritos contraídos por José María Odriozola entre 1989 y 2008.

Pero esta vez, las elecciones son diferentes porque entran en juego tres variables:

1)  El desgaste en la gestión está en su máximo umbral. Son 23 años en la presidencia. El propio Odriozola no es ajeno al clamor de cambio; ha reconocido que la situación es complicada y quiere pilotar el giro “desde dentro”. Económicamente, nada será igual a partir de 2013. El atletismo tiene que aprender a vivir con lo justo y amputarse miembros para que el cuerpo siga vivo, lo que significa que el micromundo de la RFEA no mantiene prietas las filas. Tampoco los resultados deportivos llegan como antes. Además, las relaciones de Odriozola con la prensa y con algunas instituciones se han ido enfriando.

2)  Añó es la horma del zapato de Odriozola. Y me viene otro refrán a la cabeza: no hay peor cuña que la de la misma madera. Ambos han trabajado juntos en la época de mayor esplendor del atletismo nacional. Después Añó se fue, pero, a efectos electorales y administrativos, nadie le tiene que explicar nada en la RFEA, porque lo sabe todo. Añó, también profesor universitario pero de Ciencias del Deporte, ya ha obligado a Odriozola a modificar el calendario electoral y a cambiar las fechas de las Jornadas Técnicas de la RFEA. Puede ser un detalle residual, pero nunca un adversario del presidente le había cambiado el paso de un modo tan sutil.

3) España tiene un problema con el dopaje. Bueno, España y todas las naciones del mundo; sin embargo, nuestro país no irradia tolerancia cero como Francia, por ejemplo. La RFEA, maniatada por una laxa Ley Antidopaje e imbuida quizá de un cariño paternal hacia quien no lo merecía, no ha podido o no ha sabido transmitir firmeza en los últimos años, trufados de operaciones policiales y laberintos jurídicos y mediáticos que dejan más preguntas que respuestas. Y en el dopaje no puede haber cabos sueltos; hace una década que la opinión pública dejó de creer en los Reyes Magos.

Esos tres factores van a hacer de Vicente Añó un digno adversario. Dice en Marca que, con la Asamblea elegida el pasado fin de semana, “hay partido”. Y tal vez lo haya, para general asombro: muchos votos díscolos, muchos José de Arimatea –uno más significativo que los otros– se esconden en listas supuestamente controladísimas, y descansan en los cuarteles de invierno a la espera de activarse o no, según sople el viento. Según se cumplan, insisto, determinadas condiciones. Si no, nada habrá ocurrido, y seguirán profesando su fe en silencio.

Mientras tanto, podemos distraernos con la guerra de cifras. Añó, muy optimista, habla de un empate técnico a 60 y de dos decenas de indecisos, más o menos. El entorno de Odriozola, en cambio, calcula una horquilla entre 108 y 97 posibles votos a su favor, y entre 37 y 26 afines al aspirante. Es lo que hemos leído en prensa. Y no sé quién lleva razón; confieso que servidor no conoce al 75% de los elegidos el sábado. Mucho menos su tendencia. Pero desde mi humilde observatorio creo que, con o sin arimateos, la cosa no va a saldarse, ni mucho menos, con una barrida como la propinada a Sergio Vázquez o Guillermo Ros.

El siguiente episodio de este thriller se proyectará en dos semanas. Me refiero a la presentación de avales, que tendrá lugar entre el 4 y el 8 de diciembre. Un mismo asambleísta puede firmar a varios candidatos, lo que desfigurará la proyección de voto y por tanto no tendrá valor estadístico real. Sin embargo, y esto es lo importante, los números no caerán en saco roto porque –como nadie quiere estar en el bando perdedor– activarán o apagarán a muchos votantes agazapados. Y entre ellos, a ese supuesto José de Arimatea del atletismo español… y quién sabe a cuántos otros discípulos en cuya mano está el cambio o la continuidad…

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