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Cuando muchas veces decimos “en este país, tenemos lo que nos merecemos”, hay incluso quien opina que la frase queda lejos de la verdadera realidad, que la situación tampoco es tan grave en ciertos aspectos, que se tienden a exagerar las cosas… Con los casos que nos ocupan hoy, la tesitura se torna tan grave que es insultante no reconocer la vigencia de la frase.

Aplicando la máxima al contexto al que nos queremos referir, toca hablar de la gran lacra de nuestro deporte. Si, de nuevo toca hablar de dopaje. ¿Y por qué? Pues lo explicamos.

El pasado miércoles era noticia en diversos medios que el triatleta de manresano Xavier Llobet quedaba impune tras haber sido sancionado en julio de 2013 con tres años de inhabilitación por la Federación Española de Triatlón (FETRI). La Audiencia Nacional ratificaba la suspensión de la sanción hace apenas dos semanas. La razón, “quebrantamiento de forma e indefensión”.

Poniendo al lector en situación, Xavi Llobet fue, a través de la llamada ‘Operación Cursa’, acusado de posesión de sustancias dopantes (EPO y hormona del crecimiento). El propio triatleta reconocía su culpabilidad en 2011. Sin embargo, apenas un mes después, y tras alegar “indefensión” por haber realizado dicha confesión sin estar asistido por su abogado (confesó sin haber sido aún imputado), trocaba su versión, y ahora, tras recurrir, la Justicia le otorga la razón. Incluso ha vuelto a retractarse de todo lo que confesara en su momento a los Mossos d’Esquadra. Curioso.

Por otro lado, el caso del marchador ‘Paquillo’ Fernández. Plata olímpica, tres veces subcampeón del mundo, y dos veces campeón de Europa. En noviembre de 2009, durante un registro llevado a cabo por la Guardia Civil en su propio domicilio, enmarcada en el ámbito de la lóbrega ‘Operación Grial’, se localizan sustancias dopantes. El granadino reconoce en febrero de 2010 haber estado en posesión de dichas sustancias, pero niega categóricamente haberlas consumido.

Hace unos días, nos sorprendía la noticia, publicitada por varios medios de comunicación especializados, de que el marchador presentará un programa en la TG7 (televisión municipal de Granada) sobre ‘running’ y atletismo, donde intentará abordar y solucionar dudas, aportar soluciones y consejos, y tratar los diversos temas que preocupan tanto al ‘runner’ más popular como al aficionado más experto. ‘Mejorar es Posible’, llevará por título. Resulta fascinante el juego de palabras, pensando en el contexto en el que se desenvuelve.

Ambos casos reflejan fielmente el estado de esta preocupante materia. Por un lado, el caso de Llobet aporta más sombras que luces a un entramado de enigmas legislativos, burocracia y defectos de forma. Como si el error que el deportista hubiese cometido durante su carrera quedase súbitamente en el olvido, ahora va a resultar que ya no sólo se escapa por el sumidero una sanción que es lícita, correcta, y habría que decir que, en muchísimos casos, insuficiente. Sino que aparenta que se busque mostrar la sensación de que Llobet es casi una víctima. Del sistema, tal vez. De las leyes. De los Tribunales. Tan víctima como para haber declarado su propia culpabilidad. Y tras hacerlo, aprovechando los resquicios que la jurisprudencia estatal ofrece en bandeja de plata, ha decidido que su descaro se ocupará del resto, retractándose de lo firmado en una declaración jurada ante agentes de la ley.

Hay que partir siempre de la base, que no se nos olvide, de que el dopaje en España no es un delito. Sí lo es traficar con sustancias dopantes.

Por un “defecto de forma”, un deportista que admitió en una confesión ante agentes de la autoridad haber adquirido sustancias dopantes que alteran el rendimiento se libra de ser sancionado. Poco más que decir.

En el caso subsiguiente, lo que más llama la atención es la “normalidad” con la que se presenta la situación. Como si no hubiera ocurrido nada, como si su pasado no existiera, o como si éste se hubiera borrado misteriosamente de la memoria social y colectiva, una persona que tenía en propiedad, en su domicilio particular, sustancias consideradas como dopantes, es convertida en poco menos que un ejemplo. No entramos ya en su sagacidad para lucrarse de su pasado deportivo, pese a los condicionantes, o en la utilización de su imagen para amparar una cadena de establecimientos dedicados al comercio de material de atletismo y ‘running’, hecho este último que daría para escribir ríos de tinta, sin duda alguna. Salta a la vista la infinita insolencia del asunto. Hablamos de una situación al amparo de medios de comunicación, que utilizan a un deportista implicado en un asunto relacionado con las sustancias dopantes, para conseguir notoriedad divulgativa mediante un programa que, paradójicamente, pierde toda su credibilidad por la misma razón.

El problema de base, la raíz de una coyuntura que se muestra tal y como es, cruda, rancia y alarmante, radica en la amargura con la que la generalidad de la opinión pública muestra su repulsa hacia los casos de dopaje cuando acontecen. Sí, ese es un enorme problema de base. ¿Por qué? Pues porque, en contrapunto, en el colmo del “postureo”, asistimos perplejos a la candidez con la que los asuntos de más peso, a nivel económico, de crédito social, o de imagen, son pasados por alto dentro de este contexto.

Cómo esperar que la opinión internacional tome en serio a un país de jolgorio y comedia en este ámbito (y en muchos otros), cuando protegemos al culpable tanto con malformaciones legislativas como con actitudes basadas ilegítimamente en la pasividad y la omisión.

Y hay que empezar por quienes tienen voz y no dudan en utilizarla para lo único que interesa: vender. Los propios medios de comunicación comercian con la información de tal manera que un deportista involucrado en un escándalo de dopaje de espantosa dimensión puede convertirse fácilmente en un acicate perfecto para conseguir visitas en una web, o publicidad para su medio. Tal es la desfachatez y el cinismo.

No podemos ni debemos olvidar a los propios círculos que rodean al deportista. Tras un caso en el que existen evidencias, hay detenciones, imputaciones, sanciones o condenas firmes, no faltan las voces “autorizadas” que apoyan y defienden a una persona que, por mucho que no nos guste, ha traspasado la línea que separa lo legal de lo ilegal. Lo correcto de lo incorrecto. No hay defensa posible. No hay “yo te conozco, eres una gran persona, confío en ti”. Eso no puede ser, no tiene cabida.

Al igual que no la tiene el tan manido “todo el mundo lo sabía”, o el ciertamente hipócrita “no me coge por sorpresa, era un secreto a voces”.

La trampa existe. Y es tan antigua como la propia humanidad. Y eso será, siempre, imposible de erradicar y de grabar a fuego en la conciencia de todos aquellos que son capaces de conciliar el sueño por las noches pese a saberse eruditos en la quintaesencia de la repulsión, la vergüenza y el engaño. No tienen problema en convivir con ello, y su anti-humanidad sale a flote con sus abyectas conductas.

Pero de ahí a que la sociedad se comporte de manera candorosa, haciendo poco menos que la vista gorda, aceptándolo con normalidad, y mirando para otro lado… por ahí no.

No debemos olvidar tampoco a los propios deportistas, ni muchísimo menos a los diferentes organismos que gestionan los derroteros del deporte. Por ellos, junto con los medios mencionados, debiera comenzar el cambio. No se vislumbra ni de lejos, de todas formas.

“Tolerancia cero con el dopaje”. Frase muy extendida en los últimos años. Tan irreal como la propia eficacia de la Ley y de la Justicia.

6 Comentarios

  1. Cómo esperar que la opinión internacional tome en serio a un país de jolgorio y comedia en este ámbito (y en muchos otros), cuando protegemos al culpable tanto con malformaciones legislativas como con actitudes basadas ilegítimamente en la pasividad y la omisión. RESPUESTA: Sería más vergonzoso y grave el hecho de tener que disculparse por saltar las normas que constitucionalmente erigen el procedimiento penal, entonces, esto no sería un Estado de Derecho.

    Estado de Derecho, sometido al imperio de la ley y sus normas rituarias, si los funcionarios que lo representan pasan una oposición donde se les permite pasar sin tener ni idea de Derecho Procesal…pasa esto.

    Culpables, sí, pero con todas las garantías, si no se ejecutan bien los procedimientos penales, hay una cosa que se llama nulidad, y eso ocurre aquí, y mucho más en países donde a lo mejor tiene “mejor imagen” como tú dices en este ámbito.

    Todas las pruebas que se recogen sin salvaguardar los mínimos imprescindibles exigidos constitucionalmente, no valen para nada, por lo tanto, la responsabilidad penal ha nacido contaminada, y no puede, afortunadamente, generar un fallo condenatorio. Y esto, en materia de dopaje, narcotráfico, estafa, robos etc etc etc.

  2. Hola K1madrid.
    Es inevitable que existan garantías procesales y normativas. Sino, como bien dices, sería muy difícil la aplicación del Derecho Penal.
    Sin embargo, el asunto del dopaje y todo lo que conlleva genera en sí mismo multitud de dudas y resquicios, no solamente en lo que se refiere a la Ley, sino en muchos otros ámbitos.

    La idea del texto no se centra en exclusiva en esto (relacionado con el asunto de Llobet – donde él mismo confesó una cosa, y días después, conociendo la situación, se retractó).
    Lo que se pretende es poner de manifiesto que estas actitudes no son un error. No nacen de un momento de duda. Tener en tu posesión sustancias dopantes no es ningún error.
    Y lo que no se puede tolerar es que ahora se les trate como a víctimas, o que se les dé, en el ámbito en el que engañaron (quisieron engañar) a todo el mundo, las mismas oportunidades que a los demás. Eso es intolerable.
    Unos están metidos hasta el cuello… y los malos somos nosotros por contarlo y denunciarlo. Estupendo.

  3. Los chistes, chistes son, pero el atletismo, y el deporte en general en este país de pandereta, son las repera.

    Todo proviene de un sistema corrupto, en el que los federativos ganan más que los propios atletas (federación de atletismo, natación y piraguismo por ejemplo), con señores que se apoltronan en el cargo (y en el sueldo), y que buscan mantenerse bajo cualquier circunstancia, incluso comprando nacionalizaciones (y medallas) o presuntamente camuflando casos de dopaje o mirando hacia otro lado.

    Cualquiera con un mínimo de decencia, hubiera dimitido y dejado paso después de tantos años en el sillón, pero claro sino sabemos hacer la O con un canuto, mejor quedarse donde por cierto nos pagan tan bien.

    Es una verguenza, y la fama del deporte español en el exterior es infame, y ganada a pulso. Con casos de dopaje continuo, y como si nada.

    Señores, cargo máximo de 8 años, y sanciones a perpetuidad para atleta e inhabilitación para el médico, y ésto se acaba en un santiamén.

  4. No difiero nada contigo Chema, respondo simplemente por lo que conozco el tema y lo que nos duele ver como diariamente, y no exagero, se conculcan derechos. Por lo demás, lógicamente lo que se necesita es una regulación real ad hoc, sin ningún resquicio, pero no obstante amigo, si una persona es declarada inocente, las segundas oportunidades deben de existir, sin más, por desgracias, chocamos con dos vertientes que dependiendo el prisma, tendrían ambas parte de razón. Es muy complejo.

    Doping hay y siempre hará, y creo que en España bastante menos que en otros lugares, y también pienso que hay deportes protegidos y siempre..pagan los mismos.

  5. Estoy de acuerdo K1madrid. Es complicadísimo regular todo esto. Pero como digo siempre, la famosa y tan manida “tolerancia cero” debe comenzar aquí. Debe ser tenida en cuenta desde la propia justicia. Y todos esos resquicios, esos pequeños agujeros por los que se escapa el aliento, deben ser tapados como sea.
    Aunque una persona sea declarada inocente, eso no implica que lo sea. Sí bajo el manto de la Ley, que lo ampara, por su propia normativa. No, bajo la realidad. Eso es así, le pese a quien le pese.
    No dudaba que estábamos de acuerdo.

    En eso también coincidimos. Siempre existirá. Lo que hay que hacer es denunciarlo cuando lo vemos. Y no dejarlo pasar, o tomarlo como algo normal.

    Un saludo.

  6. Ya lo hemos interiozado de tal manera que en este país dopaje y deporte van de la mano, que cuando surgen casos como estos ni nos alarman ni nos alteran, caso parecido a la politica y corrupcion. Como puede alguien confesar una cosa y luego retratarse de todo porque un abogado le ha encontrado un vacio legal, acaso tuvo que confesar con electrodos en los testiculos?. En lo que a mi respecta Xavier LLobet ni es deportista ni lo ha sido nunca, una persona que contradice los principios basicos del deporte no puede considerarse como tal.

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