“Lo” ocurrido hace dos fines de semana al norteamericano López Lomong en los 5.000 metros de la reunión de Palo Alto trae a la memoria el recuerdo de otras históricas carreras en las que han pasado cosas alucinantes.

1) Vamos a empezar por Lomong, para centrarnos. Este atleta de origen sudanés (3:32.20 en 1.500 metros) corría la primera competición oficial de cinco kilómetros de su vida, y a fe que pagó la novatada, porque se hizo un lío con las vueltas y esprintó como un demonio a los 11 minutos de carrera creyendo que estaba en el último giro. Pero cuando ya celebraba su victoria, descubrió que aún le quedaban 400 metros más…

Éste es el vídeo completo de los 5.000 metros en Palo Alto.

2) Lo de Lomong no es lo más raro que ha sucedido en la constelación de las 12 vueltas y media. Personalmente, nunca he visto nada semejante a los sucesos acaecidos el 1 de febrero de 1990.

Se disputaba en Auckland la final de los Juegos de la Commonwealth y el verano austral había cocinado una tarde de calor. El mítico keniano John Ngugi preparaba la misma táctica que le dio el título olímpico en Seúl-1988, o sea, escaparse con un cambio de ritmo brutal al paso del primer mil; era su forma de correr, ya que el quíntuple campeón mundial de campo a través soportaba ritmos imposibles en solitario, pero carecía de velocidad final.

Esta vez, sin embargo, a Ngugi se le puso todo en contra. Poco antes de atacar rodó aparatosamente por los suelos y tuvo que remontar 30 metros a un grupo que rodaba a 2:42, que no era poco, dada la temperatura ambiente. Para mayor quebranto, Yobes Ondieki, otro de los africanos favoritos, trató de seguirle y también se revolcó en el tartán.

Pero lo más asombroso es lo ocurrido en el último kilómetro. La prueba, un delicioso galimatías, un poema sinfónico a la torpeza, el orgullo y la emoción, merece ser vista en su integridad, tal y como se recoge en estos dos vídeos:

Parte 1 Final de 5.000 metros de los Juegos de la Commonwealth-1990.

Parte 2 Final de 5.000 metros de los Juegos de la Commonwealth-1990.

3) En nuestra gira turística por los desenlaces increíbles no puede faltar Steve Ovett, ese gran provocador del público, que en 1980 –año en que fue campeón olímpico de 800 metros– decidió enrolarse en los 5.000 metros del mitin de Londres.

Ovett era entonces, con permiso de Sebastian Coe, el gran dominador del fondo mundial. Él y su compatriota se hinchaban a batir el récord del mundo de 1.500 y de la milla, y acumulaban victorias por doquier. Era la época dorada del mediofondo británico, tanto que alguien debió pensar que ese dominio podía extenderse a los 5.000 metros. Justo entonces ocurrió esto.

La prueba debería ser visionada por todos los atletas jóvenes, sobre todo aquellos que imitan a los jugadores de fútbol en sus celebraciones…

Mitin de Londres-1980.

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