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Los aficionados españoles de las pruebas combinadas tienen un problema. Son los que llegan al estadio a horas imposibles de la mañana, los que maldicen a los cuatro vientos porque Teledeporte no pone todos los tiros del peso del decathlon, y los que viven un 1.500 a cuatro minutos y medio como si El Gerrouj estuviese batiendo varios récords mundiales a la vez. Y son también los que nunca tienen españoles de referencia en grandes competiciones internacionales desde hace bastante tiempo: la última vez fue en Berlín, en 2009, cuando Agustín Félix fue trigésimo segundo. Dos años antes, fue decimoséptimo. Y nos tenemos que remontar hasta 1997, hace dieciocho años justos, para ver a dos españoles en un decathlon mundialista. Esa tendencia se romperá en Pekín, si las lesiones lo permiten. La maldición del decathlon español no cumple la mayoría de edad.

En Pekín, dos jovencitos vestirán la malla española en la prueba más elaborada del atletismo: Jorge Ureña y Pau Tonnesen. El primero es el hombre que ha revivido el maltrecho decathlon español, pasando de seis mil puntos en pista cubierta y siendo subcampeón europeo sub23 de decathlon. El segundo, español de nuevo cuño, ha escalado con facilidad el pico de ocho mil (8.247 puntos), algo que en España no se veía desde el récord nacional de Benet en 1998, que se dice pronto.

Cada uno tiene sus cualidades, y cada uno ilusiona de una manera a la parroquia. Ureña es el prototipo de combinero veloz, con marcas de escándalo en velocidad (10.86 en 100) y saltos (7.58 en longitud), que arrasa en la jabalina (64.02 metros) y sufre en el resto de lanzamientos. Competitivo como nadie, este alicantino sabe sobreponerse a cualquier contratiempo para terminar haciendo siempre un decathlon decente y cerca de los ocho mil puntos, barrera que por poco se le ha resistido dos veces este año. Tan competitivo es, que se ha proclamado subcampeón de Europa promesa. En los últimos años ha progresado meteóricamente (7.358 puntos en 2013, 7.656 en 2014 y 7.983 este año) y ha entrado en el mundial por la repesca, sin mínima. Esta pista cubierta pasó de seis mil puntos en heptathlon (6.051) y nos hizo soñar con un récord de España hasta el último metro. No tiene rival dentro de nuestras fronteras, aunque todavía le falta un punto para estar en el primer nivel internacional.

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Algo lleva este joven alicantino en los genes: su padre, José Antonio Ureña, batió el récord mundial de veteranos en la prueba hace tres años con una marca de más de 7.500 puntos. Casi nada. El chaval que cogió el testigo de manos del mismísimo Óscar González.

Tonnesen es el polo opuesto, pero con trescientos puntos más: tiene un año menos que Ureña y este año ha reventado la tabla de puntos con 8.247, tercer español de todos los tiempos. No es especialmente veloz (no baja de once segundos en cien, por ejemplo) pero es muy solvente en lanzamientos (46.48 en disco y 15.17 en peso) y salta 5.30 metrazos en pértiga. Un Peñalver de la vida, vamos. En Pekín tendrá más posibilidades de colarse en el top-ten (algo que no sucede desde que precisamente Peñalver fue 8º en 1991). Pero todavía tiene que afianzarse por encima de los 8.000 puntos: no llegó a los 7.900 en sus otras dos citas decathlonianas del año, entre ellas en la Copa de Europa.

HACE 18 AÑOS…

La raíz de estas líneas no es sólo que al que suscribe le encanten las pruebas combinadas: es que hace 18 años que España no veía a dos decathletas en un mundial. Fue en Atenas, en 1997, cuando el plusmarquista nacional Francisco Javier Benet fue 15º con 7.929 puntos y Jaime Peñas abandonó la competición después del salto de altura por lesión. Desde entonces, el decathlon español ha estado en una pequeña crisis, agudizada en los últimos años de transición, dependiendo de un Agustín Capellà que aparecía y desaparecía y que desde luego no se acercaba a los ocho mil puntos ni de lejos.

Esto cambiará en Pekín: Pau Tonnesen ya sabe lo que es cruzar esa barrera, aunque le falta (que sepamos) el punto competitivo de Jorge Ureña. El alicantino, por su parte, depende de sí mismo para escalar esa montaña, pero si ya es competitivo compitiendo casi en solitario en nuestro país, qué no podrá hacer en un mundial rodeado de los mejores. No veremos un récord de España en el Nido del Pájaro, pero si todo sale bien, por una vez los españoles viviremos el 1.500 del decathlon con una emoción especial.

Que entendemos de todo, y lo flipamos con Krauchanka, pero nos gusta animar a alguien con nombre pronunciable.

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SABINA ASENJO ROMPE OTRA MALDICIÓN

Os pensábais que sólo íbamos a hablar de combinadas, ¿eh? Pues hay otra cuenta histórica que se romperá en Pekín, salvo susto de última hora, y es en el lanzamiento de disco. Desde Ponferrada, Sabina Asenjo competirá en esta prueba en un mundial, y la última vez en que eso sucedió fue hace 24 años, en 1991, cuando la ex plusmarquista nacional Mari Ángeles Barreiro fue 26ª en la clasificación con 51.24 metros. No sabemos si la reciente recordwoman española será capaz de meterse en la final (se entró con 60.14 metros, un metro menos de lo que ella ha lanzado este año) pero desde luego tiene a tiro (nunca mejor dicho) convertirse en la mejor española de todos los tiempos en esta competición.

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