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Imagen cedida por Roberto Alaiz de su cuenta de Instagram (http://instagram.com/p/veWsnXObpo/ )

Necesitamos estrellas del rock.

Algo así debió de pensar Juan Carlos Higuero, el león de la Blume, cuando hace dos años, a principios de 2013, apuraba su gran estado de forma invernal en toda una meca del atletismo como Goteborg. En un período complicado, en pleno cambio generacional, Ramón Cid debutaba como nuevo director técnico, e Higuero, junto a otros veteranos acostumbrados a mil batallas, recogían el testigo de hacer de puente en plena renovación dentro de todo un Campeonato de Europa de pista cubierta.

Tu sígueme. Estate bien atento y vamos a tope”, parecía que le decía el león al jovencísimo Roberto Alaiz dentro de la segunda serie en la que coincidieron, mientras que, bajo la mirada del veterano, el joven empezaba a deslumbrar con su gran clase y una forma de correr tan exquisita y valiente que le hizo llegar a la final de los tres mil metros junto al propio Higuero.

En aquella final el león nos regaló una recta de meta de pura emoción. Hasta el punto de que con la velocidad que tan bien había preparado en el módulo de la residencia del CAR de Madrid (enmarañado en series 5×100 a 11.2, como contaba a través de las redes sociales) nos puso a todos de pie con unos memorables últimos ochenta metros y una enorme medalla de plata. Por detrás, a un nivel excelente y terminando en séptima posición, Alaiz ya nos había enamorado.

Desde entonces, el atleta leonés, curtido con los Lions Factory de Villacorta – “Villa”, como le llaman sus pupilos – no ha parado de crecer a pasos agigantados. Tras Goteborg se clasificó para el mundial de Moscú en sus queridos tres mil obstáculos, y en un gran 2014, con mínima en tres distancias diferentes para el Campeonato de Europa (3.000 obstáculos, 5.000 y 10.000 metros) se plantó en otro de los santuarios del atletismo, el renovado e histórico estadio de Letzigrund en Zúrich, dónde nos regaló una gran final de 5.000 metros que le llevó a la quinta posición y a transmitir de nuevo esa sensación de que estamos ante un diamante puro.

Alaiz sale a la pista, al barro de cross, como ese tímido rockero que sube al escenario ante los gritos de los fans. Con ese aire distraído, como ausente, pero tan cercano, tan querido. Su melena despreocupada, su estética casual apuntando a estrella del rock, y esa sensación de fragilidad tan lejana de la realidad, pues en carrera todo es pundonor, entrega, pura elegancia y ligereza.

Luismi Martín Berlanas, recordman español de obstáculos y ahora responsable nacional de fondo, sabe mucho de rock, del bueno, y en alguna ocasión ha bromeado a través de las redes sociales con el francotirador que espera a Alaiz detrás de cada línea de meta, dónde el joven leonés suele caer derrumbado como el que no ha guardado ni un miligramo de fuerza.

Un paseo por la web del propio Alaiz, por sus fotografías, sus viajes propuestos, sus imperdibles textos que acompañan a las imágenes que suele colgar en las redes sociales, termina de confirmar un aura tan especial que nos avisa de que nos encontramos ante uno de esos talentos tan excepcionales que exceden el propio ámbito del atletismo.

A su lado, tal y como ya ocurrió en Zúrich y llamados a escribir grandes páginas juntos (ambos nacieron en el mes de julio de 1990), en el Campeonato de Europa de Cross que se disputa este domingo, junto a Alaiz estará Toni Abadía, el mejor español de lo que llevamos de temporada, y otro gran talento cuya clase y pundonor aragonés ya lo han convertido en otro de los jóvenes más queridos de nuestro atletismo.

Puro rock, a finales del pasado mes de mayo, Toni Abadía viajó a Eugene, Oregon, a la misma cuna de Prefontaine, donde en el mítico Hayward Field se doctoró en uno de los mejores encuentros del fondo mundial. Antes ya había estado en el equipo español campeón de Europa de cross hace un año, antes ya también había sido el mundial de pista cubierta de Sopot (séptimo en su eliminatoria). Después llegó su victoria en los cinco mil metros del campeonato de España y una octava posición en el europeo de Zúrich. Siempre destilando esa garra y fuerza que atesora.

Y por si fuera poco, en el europeo de Samokov (Domingo 14 de diciembre desde 09:30h por Teledeporte), donde el equipo español llega con la vitola de favorito para revalidar el título por equipos que se logró el año pasado, también podremos disfrutar de Iván Fernández, un imprescindible ya de nuestro atletismo, que ha sabido recoger como nadie el legado espiritual de su entrenador, Martín Fiz, y que con actuaciones tan valientes como las de la temporada pasada en Elgoibar o Mérida se ha ganado el corazón de todos los aficionados.

Y de Dani Mateo, que como buen soriano, con el referente del monte Valonsadero a la puerta de casa, ama como nadie el cross y que por fin recoge el premio de debutar en la selección absoluta de campo a través. Y de Mohamed Marhoum, con su historia de superación del crío que nació en Marruecos, a poco más de un kilómetro de Ceuta, y consiguió alcanzar su sueño a nado, hasta llegar a ser sexto el año pasado en la clasificación individual de este europeo, y a quién unos problemas musculares le impidieron terminar la temporada pasada, llamada a ser la de su explosión definitiva, en Zúrich. Y de Alemayehu Bezabeh, con su historia de mil aristas a cuestas y la intención de revalidar su título individual del año pasado.

Junto a ellos, en el equipo de mujeres, la figura de Diana Martín, como una de esos rostros de “niña buena” que también siempre gustan tanto al rock, se erige como otro de los puntales del espíritu que tanto necesita nuestro atletismo y el deporte general.

Su historia habla de fortaleza, de trabajo desmedido, de humildad, sencillez y sacrificio. De la atleta que tras toda una vida peleando y compartiendo entrenamientos y estudios, por fin ha alcanzado el premio y el nivel por el que tanto ha luchado.

En Zúrich, la atleta de Móstoles, logró una medalla de bronce que la reconoce dentro de la élite internacional, y junto a sus gritos y celebraciones en la meta de Letzigrund estaban los de todos los aficionados de nuestro atletismo, que mejor que nadie saben lo que hay detrás de ese logro.

“Esta medalla, para mí, es un sueño hecho realidad; para el atletismo español es una medalla para que todos los atletas sepan que valen más de lo que los demás se piensan. Con ilusión y esfuerzo se puede conseguir todo”, decía la fondista tras la carrera al diario El País en un mensaje que nunca hay que olvidar, y más en estos días tan convulsos.

La pupila de Antonio Serrano sabe que con la madurez de sus treinta y tres años vive el mejor momento de su carrera deportiva. Este otoño ha realizado una concentración en altura en Sudáfrica, y llega al cross que tanto ama dispuesta a darlo todo, como siempre, al tiempo que encarna esos valores en los que tanto necesitamos seguir creyendo.

Junto a ella, la nacionalizada Trihas Gebre, residente en San Sebastián, se une al equipo español para darle un salto de calidad que hace soñar con cotas mayores incluso que el bronce logrado el año pasado. Y como una gran banda de música la consistencia corre a cuenta de valores tan seguros como la ya veterana Iris Fuentes-Pila, que suma veintiséis internacionalidades, Lidia Rodríguez, siempre muy regular y en constante progresión a sus 28 años, y Paula González, quién siempre con grandes temporadas de pista cubierta vuelve al europeo de cross en el que ya participó como promesa en los años 2006 y 2007 tras unas muy buenas carreras en Atapuerca, Soria y Alcobendas.

Por debajo, prometedores nombres que poco a poco ya van siendo una realidad como los promesas liderados por Blanca Fernández de la Granja, María José Pérez, Fernando Carro o Gabriel Navarro, y los junior con Celia Antón, Dounia Mahassin, Carmela Cardama, Carlos Mayo, Ayoub Mokhtar o Jordi Torrents a la cabeza entre otros, nos recuerdan que tenemos que seguir creyendo y apostando por el rock and roll.

Seguramente la multinacional que patrocina a Roberto Alaiz ya lo ha pensado, y si no debería de hacerlo. Su imagen en los cross de este año, como en Atapuerca, con la cara pintada, el pañuelo anudado al cuello y su melena al viento, es puro marketing, auténtica publicidad. Auténtico rock. Como el que tanto necesita nuestro atletismo.

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