“Tras verle en directo en Nueva York, estoy seguro de que es capaz de batir su récord de 800 metros”. Las declaraciones son de Bernard Lagat, una autoridad en la materia. No se equivoca. Desde el pasado sábado, David Rudisha es el máximo candidato a volver a batir su propio tope mundial. Si no se lesiona está posiblemente en condiciones de hacer 1:40.50, quizá alguna centésima menos. Pero, ¿podría asaltar el muro psicológico de 4×200 sub 25, de 2×400 a menos de 50, es decir, del mítico 1:40?

Vayamos por partes.

Hasta el momento, en 2012, el keniano no había hecho ruido. El campeón en Daegu acreditaba 1:43.10, pero sin causar sensaciones extraordinarias, ésas que anuncian que un atleta está en disposición de algo grande. Se había limitado a ganar con suficiencia en Melburne y Doha. En ausencia de novedades, la joven generación del Mundial Juvenil de Lille (Kosencha, Amman, Amos) acaparaba el interés.

A Rudisha, sin embargo, le ha bastado una carrera para neutralizar a los pretendientes de su trono. En la ciudad de los Rascacielos, casi sin proponérselo, incluso huérfano de su liebre de cabecera Sammy Tangui,  transmitió una impresión fantástica para estas alturas de temporada.

Que vale 1:40 y pico es algo que no duda nadie. Seguramente lo vale desde 2010, cuando paró el crono en Rieti en el borde mismo de la barrera del 1:41. Como no hay rivales a su altura –Kaki no se lo cree, el resto anda a un segundo y medio en su mejor día- siempre corre en soledad los últimos 300 metros, lo que empeora, evidentemente, su desempeño.

La cuestión, no obstante, es si Rudisha aún logrará ir más allá de la simple mejora de unas pocas centésimas y removerá los límites humanos del mediofondo corto: si puede rebasar la frontera utópica del 1:40.

Contestar a esa pregunta es complicado. Evidentemente, nadie tiene una bola de cristal. Así que sólo podemos opinar, hacer una quiniela. Y mi opinión es que no puede. En primer lugar, porque en los últimos 31 años apenas se ha avanzado un margen exiguo de 72 centésimas en la plusmarca de 800 metros. Eso no es determinante, pero sí revelador. Pedirle ahora al keniano más de un segundo de mejora es un bocado demasiado grande. Una digestión prácticamente imposible. No digo que vayan a tardarse otros 30 años en llegar al 1:40.00 porque el atletismo, la genética y, desde luego y por desgracia, la química, avanzan muy rápido. Pero exigirle este acelerón contemporáneo a David es una barbaridad.

Por otra parte, la letra pequeña de las carreras de Rudisha es muy significativa. Teniendo en cuenta que cuando ha corrido en 1:41 ha perdido siempre unos 2-3 segundos en la segunda vuelta, para bajar de 1:40 estamos hablando de pasar a 47 largos, quizá 48 justos. Ningún ser humano actual, ni siquiera él, puede soportar ese ritmo.

Y eso que sus diez mejores marcas son para echarse a temblar, incomparablemente más valiosas que las de Wilson Kipketer, Sebastian Coe o Joaquim Cruz:

1:41.01 (1) Rieti 29.08.2010

1:41.09 (1) Berlín 22.08.2010

1:41.33 (1) Rieti 10.09.2011

1:41.51 (1) Heusden-Zolder 10.07.2010

1:41.74 (1) New York 09.06.2012

1:42.01 (1) Rieti 06.09.2009

1:42.04 (1) Oslo 04.06.2010

1:42.61 (1) Mónaco 22.07.2011

1:42.84 (1) Nairobi 30.07.2010

1:42.91 (1) Londres 05.08.2011

Pero, incluso en condiciones perfectas, con un paso equilibrado, con liebres de su gusto y un rival de su nivel acosándole, no creo que Rudisha pudiera mejorar más allá de 60 centésimas, que es la diferencia media que suele haber entre la marca de un mediofondista de élite tirando en solitario en la última vuelta, y la marca en competencia con otros rivales que le llevan hasta los cuadros. Y a lo mejor ni eso, ya que algunos front-runners como Johnny Gray se salen de la escala y pueden presumir de prestaciones muy similares en solitario y con liebres.

Por añadidura, existe la certeza de que ningún ochocentista aguanta durante más de 3 ó 4 temporadas consecutivas a pleno rendimiento. Sebastian Coe, Joaquim Cruz o Wilson Kipketer pasaron baches después de dos o tres temporadas de dominio absoluto. Y aunque seguían siendo grandes, nunca volvieron a correr tan deprisa. Ese carácter efímero del reinado en los 800 metros puede condicionar a Rudisha, que con ésta lleva tres campañas siendo el soberano de la distancia. Así que lo que tenga que hacer, que lo haga pronto.

Lo más determinante, sin embargo, es la opinión del propio Rudisha cuando un periodista le preguntó por el asunto tras la carrera de Nueva York. Leamos entre líneas: “¿Bajar de 1:40? Pues hace tiempo que pienso en ello, sería maravilloso; quién sabe, trabajando muy duro… Pero este año mi preparación está enfocada hacia los Juegos de Londres, quiero algo grande allí. Hay que ir paso a paso. Mejor bajar de 1:41 antes que hablar de otras cosas, ¿no?…”

2 Comentarios

  1. Hola Juan Manuel,
    el otro día tuvimos una charla por twitter con Luismi Berlanas y Andrés Martínez. Yo digo que habría que pasar en 48.0 como muy lento, el 600 en menos de 1:14 y luego aguantar hasta el final. Ellos sostenían que la cosa puede ser más simple: 49.0 + 51.0 = 1:40.0. Con un pelín menos bajaría de 1:40. Por su parte, Ignacio Romo es optimista con el tema y lo ve factible. Yo imposible no lo veo pero dificilísimo sí.
    un cordial saludo,

  2. Hola, Miguel, y gracias por tu opinión.
    Como ves, yo no soy tan optimista, creo que el 1:40.00 tiene que esperar.
    Rudisha a esos ritmos estaría aún más solo que ahora (¿quién diablos puede tirarle a 1:13.5-1:13.6?; porque para un reto semejante precisaría ayuda hasta casi el 600, al menos), y por otra parte no es un metrónomo de 49.0 + 50.9. Da la sensación de que necesita ir muy fuerte al principio y que sus segundas vueltas se van más o bastante más de 2 segundos.
    En cualquier caso, el rango que va del 1:40.50 al 1:40.99 está al caer si no se lesiona y eso ya constituye un bombazo.

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