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Caigamos en la metáfora (como Woody Allen en la película Match Point, por poner sólo un ejemplo): la vida, igual que un partido de tenis, es a menudo como ese momento en el que la pelota golpea la red, y después, por azar o destino, puede caer de un lado u otro, con consecuencias muy distintas dependiendo del resultado.

Algo así debió de pensar el bueno de Renaud Lavillenie, de 26 años, originario del pueblo de Barbezieux-Saint-Hilaire en el distrito francés de Cognac, en el Europeo en pista cubierta de Goteborg del pasado mes de marzo. Primero ya en la prueba, campeón europeo por quinta vez (tres en pista cubierta, dos al aire libre), el francés pidió nueva altura. 6,07 metros. La altura que haría que no hubiese nadie más entre él y el cielo (llámese Sergey Bubka). Dos intentos fallidos y tercera oportunidad. Un salto final. Y el desenlace que todos conocemos de uno de los momentos atléticos más comentados de este invierno. El listón que no cae, el francés celebrándolo, pero la cruel bandera roja del juez levantada al no estar el listón apoyado en su soporte, y la desesperación del francés, que pese a ser oro europeo, acabó llorando y desconsolado. De no haberse movido ese listón, no habría nadie más entre él y su cielo, pero la suerte, o el destino, no lo consintieron.

Al otro lado del océano atlántico, casi simultáneamente, la historia era distinta. Jennifer Suhr saltaba 5,02 metros en la pista “flotante” de Albuquerque, con lo que superaba su propio límite al tiempo que se convertía en la segunda mujer en la historia que pasaba los cinco metros, e incluso llegando más allá de su propio cielo (llámese Yelena Isinbayeva) establecía un nuevo record del mundo en pista cubierta.

Dos extraña parejas. Dos mitos del atletismo y dos aspirantes, que aunque hoy por hoy aún no admiten comparación, ya opositan a sucesores. Dos muestras, en todo caso, del apasionante momento que vive la pértiga y de lo que nos espera en el mundial de Moscú este verano. Lavillenie y Bubka. Suhr e Isinbayeva. Las extrañas parejas.

Pértiga femenina

En la pértiga femenina, todas las miradas están puestas en el regreso a la competición de la zarina Isinbayeva (31 años en junio) en la prueba de la Diamond League de este sábado, y es que, últimamente, todo lo que gira sobre la figura de una de las atletas que mayor hegemonía han mostrado a lo largo de la historia, es una gran duda. Inédita en el indoor, sin noticias sobre sus entrenamientos, y desaparecida de lo más alto del ranking desde que en 2009 estableció su último record mundial de 5,06 metros (al aire libre, indoor hizo el récord del mundo en 2012), aún no sabemos hasta dónde podrá llegar en su regreso. European Athletics recogía en su web las palabras del presidente de la Federación rusa de atletismo, Valentin Balakhnichyov, quién expresaba que “está entrenando muy duro, y quiere volver más fuerte que nunca”. Poco más sabemos. A parte, claro, de que tratándose de la poseedora de veintiocho records mundiales entre pista cubierta y al aire libre, siempre hay que tenerla en cuenta, y que además, siendo el mundial en Moscú, la rusa va a regresar con el claro objetivo de recobrar su corona mundial y no dar por buena la medalla de bronce de Londres como despedida a una de las más brillantes carreras de toda la historia del atletismo.

http://www.youtube.com/watch?v=S_NXuHNPrUk

Al otro lado del océano, su compañera de baile, la americana Jennifer Suhr (31 años) antes conocida por su apellido de soltera, Stuczynski, lejos de las polémicas entre ambas en 2008, sigue a lo suyo; y tras encabezar el ranking mundial en 2010, 2011 y 2012, y arrebatar a la rusa la corona olímpica en Londres; este invierno ha dado un paso más, y ahora su nombre figura como record mundial indoor con 5,02 metros. Al aire libre su mejor marca personal de 4,92 (que sólo es cuestión de tiempo verla mejorar) aún está lejos de los 5,06 de la rusa, pero el hecho de que sea la segunda mujer en la historia que supera los cinco metros, y su gran estado de forma, la colocan en todas las listas de favoritas para Moscú.

Suhr e Isinbayeva pueden volver a escenificar “la guerra fría” de la pértiga femenina entre las dos potencias mundiales, Rusia y Estados Unidos, quienes se han repartido casi a partes iguales las grandes competiciones internacionales, con dos juegos olímpicos para cada país, tres mundiales para Rusia, dos para Estados Unidos, y con sólo dos victorias de once grandes competiciones que no corresponden a ninguno de los dos países.

Abriendo más la mirada, dos son pareja, tres multitud. Y en este baile de favoritas no se puede dejar de tener en cuenta al resto de acompañamiento, al frente del cual podríamos situar a la cubana Yarisley Silva, que cumplirá 26 años el 1 de junio, y que ya sabe lo que es ser plata en Londres y marca mundial de 2013 con su mejor marca personal de 4,85 metros tras un gran arranque de temporada en el que ya se ha impuesto por dos veces a la estadounidense Suhr.

Pértiga masculina

Ambicioso. Obsesivo. Luchador. Soñador. Trabajador. Y una lista de calificativos que enseguida se acaban para describir a Renaud Lavillenie, con quién la vieja escuela francesa recupera un trono olímpico que ya tuvo con Pierre Quinon en Los Angeles 1984 y con Jeane Galfione en Atlanta 1996.

Miembro de una saga de pertiguistas (su abuelo Jean fue un apasionado de la disciplina, y su padre Gilles, saltador amateur), Renaud creció con la pértiga desde niño, y desde muy temprano era su juego preferido. Una afición que su padre le inculcó, y en la que pronto le acompañó su hermano cinco años menor, Valentin Lavillenie (que ya acredita una marca indoor de 5,70).

El francés ha instalado un pasillo de salto y una gran colchoneta con listón en el jardín de su casa, junto a la piscina, y los vecinos, conocedores de las locuras de los Lavillenie, ya se han acostumbrado a verlo saltar una y otra vez por encima de los setos.

Tan trabajador, tan ambicioso. Los que le conocen, insisten que su ambición no parará hasta llegar lo más cerca posible del mito ucraniano. Tan iguales, tan distintos. Y el mismo Bubka que en más de una ocasión ya ha manifestado su debilidad por el saltador francés y ha dicho que no le cabe duda de que algún día lo superará. Y si bien, aún parece estar lejos ese momento (Bubka llegó a 6,15 metros), la ambición del francés no parece tener límite, y tras un oro olímpico, un mundial en pista cubierta, y cinco europeos entre aire libre e indoor, sólo le falta la corona mundial (dos bronces en 2009 y 2011) para cerrar un palmarés únicamente al alcance de los más grandes. Lavillenie acredita 6,01 metros al aire libre y 6,03 metros en pista cubierta. Esos 6,07 que intentó le hubieran dejado a un solo paso del mito, y de ahí esas lágrimas de ambición (Steven Hooker saltó 6,06 metros en pista cubierta; y al aire libre Tarasov y Markov 6,05, Brad Walker 6,04, y Okkert Britts y Jeff Hartwig 6,03).

No obstante, su baile con el irrepetible Bubka aún está lejos, y toda la armada alemana, con el incansable Bjorn Otto (35 años) a la cabeza, van a volver a discutirle alrededor de los seis metros la corona mundial, y a recordarle que su pelea en primer lugar está aquí, con los pies en el suelo, y que esa es la batalla que primero tendrá que ganar para después, si puede, acercarse a un poco más a su ídolo ucraniano, o para que al menos entre ambos ya no haya nadie más, como así hubiese sido si ese listón, en Göteborg, no hubiese querido caer del otro lado.

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