No ha podido ser, pero tampoco puede afirmarse que pudiera hacerse mucho más. La cántabra Ruth Beitia lo dio todo en el momento preciso, saltando como nunca antes había saltado en un gran campeonato y consiguió la cuarta plaza en los Juegos Olímpicos de Londres, agridulce por haber estado tan cerca del máximo honor deportivo pero poniendo un buen broche a su impecable y supuestamente última temporada.

Ruth se había convertido en la última esperanza del atletismo español para poder conseguir una medalla en estos Juegos Olímpicos de Londres. Con sus dos metros de Santander en el bolsillo y la medalla de Helsinki colgada al cuello, no parecía tan descabellado. Pero unos Juegos son unos Juegos, y a veces no vale con mostrar tu mejor versión, a veces las demás hacen lo mismo, más y mejor. Comenzó su concurso, para valiar, limpia sobre las primeras alturas, aunque tuvo un ligero momento de duda sobre 1.97 que a la postre no tendría demasiada importancia, pero que en ese instante la dejaba fuera de las medallas por detrás de las rusas Chicherova y Shkolina además de la veterana Hellebaut. Y llegaron los dos metros, esa barrera que Ruth había franqueado varias veces a lo largo de su vida pero nunca en un gran campeonato. Pero demostrando que una no se convierte en la mejor saltadora de Europa por casualidad, Ruth saltó los dos metros a la primera, metiéndose en la pomada de las medallas.

Poco duró el sueño a los aficionados españoles, cuando además de la obvia Chicherova fue la estadounidense Brigetta Barrett, sin referencias medallísticas previas, quien saltó 2.03 metros a la segunda. Y Shkolina hacía lo propio a la tercera. Pero Ruth no pudo, aunque por poco, franquear esa barrera de los dos metros y tres centímetros, quedándose en una valiosísima pero agridulce cuarta plaza en el año de su supuesta retirada.

Foto | EFE

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