Usain Bolt lo ha vuelto a hacer. El jamaicano se ha proclamado campeón olímpico de cien metros lisos con 9,63 segundos en la final más rápida de la historia de los Juegos Olímpicos, con su compatriota Yohan Blake en segunda posición y el estadounidense Justin Gatlin en el bronce. En los cuatrocientos metros femeninos, la estadounidense Sanya Richards se hizo con el codiciado título olímpico por delante de la británica Ohuruogu.

¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tantos ingleses?“. La misma pregunta se han realizado millones de aficionados al ver entrar vencedor a Usain Bolt en la final olímpica de los cien metros lisos, como una exhalación, en apenas 9.63 segundos durante los cuales las aguas del Támesis no han podido sino congelarse por respeto. No sabemos de qué planeta pudo despegar Usain Bolt, sí que hemos podido ver a todos los ingleses a los que, por el camino de cien metros, ha dejado con la boca abierta y el corazón parado ante un nuevo despliegue de poderío y superhumanidad nietzscheiana. Venía de ser derrotado más de una vez por su compatriota Yohan Blake, y de ver las exhibiciones de los estadounidenses en las rondas clasificatorias. Pero, por primera vez en su vida, Usain Bolt decidió ser rápido en los tacos de salida, y necesitó setenta  metros para dejar atrás a sus rivales como quien se sacude de encima un mosquito especialmente pesado. Nueve segundos y sesenta y tres centésimas para el jamaicano, el segundo mejor tiempo de toda la historia por detrás de su propio récord del mundo. Y sin dejar su particular fanfarria de lado en ningún momento, tirando por tierra todas las teorías relativas a la concentración previa a la competición.

Pero no ha terminado ahí el espectáculo, una décima más tarde entraba en meta su compatriota Yohan Blake, con 9.75 segundos, igualando su mejor marca personal y sacando cuatro centésimas al estadounidense Justin Gatlin, que en su vuelta a la competición tras severas sanciones por dopaje mejoró su marca personal hasta 9.79 segundos. Por detrás, el resto de atletas contribuían a convertir la final de cien metros lisos de Londres en la más rápida de la historia de las Olimpiadas: 9.80 para Tyson Gay, 9.88 para Ryan Bailey, 9.94 para Churandy Martina y 9.98 para Richard Thompson. El único que no consiguió bajar de los diez segundos fue el jamaicano Asafa Powell, aquejado de una lesión en los primeros apoyos de la carrera. Cien metros grabados a fuego en la historia del atletismo que harán de los Juegos Olímpicos de Londres algo completamente inolvidable.

SANYA RICHARDS CONSIGUE SU ORO MÁS ANSIADO

También tiene motivos para la celebración la estadounidense Sanya Richards, por fin campeona olímpica de cuatrocientos metros lisos. Richards, tras aquella aciaga última recta de Pekín, donde quedó relegada a una amarga tercera plaza, supo mantener la cabeza fría ante la maniobra kamikaze de la rusa Krivoshapka, finalmente relegada hasta la quinta plaza. Segunda fue la heroína local Christine Ohuruogu, que repitió hazaña medallística de Pekín al proclamarse subcampeona olímpica. Tercera fue la estadounidense Deedee Trotter, quien se rebeló contra su etiqueta de eterna cuarta clasificada para remontar puestos hasta el tercer escalón del podio olímpico de Londres.

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