yuki-kawauchi

“No aspires a la vida inmortal,
pero agota el campo de lo posible.”

Píndaro. III Pítica
(cita con la que Albert Camus abre “El mito de Sísifo”)

Según una de las distintas versiones que existen al respecto, Sísifo obtuvo el permiso de Plutón para regresar temporalmente del infierno, pero ya en la tierra, atrapado por el disfrute de las pasiones terrenales, se negó a volver a la oscuridad, hasta que fue el mismo Mercurio quién tuvo que bajar a por el audaz desobediente. Los dioses pensaron que por el hecho de contradecirles no había peor castigo para Sísifo que el trabajo inútil y sin esperanza, y ciego, le condenaron a subir sin cesar una roca hasta lo alto de una montaña, desde dónde la piedra volvería a caer rodando hasta abajo, para que Sísifo la volviese a recoger y a subir de nuevo, indefinidamente.

Albert Camus dedicó todo un ensayo a la figura del mito. En él nos presenta a Sísifo como el “héroe absurdo”, “tanto por sus pasiones como por su tormento”, y como ejemplo de apasionamiento por la vida y desprecio de la muerte, lo que le llevó a contradecir a los dioses y ser castigado. Con Sísifo y su continuo esfuerzo como metáfora, el ensayo se mueve en la filosofía del absurdo, y en la reflexión de que nuestras vidas tienen el valor de lo que nosotros mismos creamos, lo que a su vez es lo que nos lleva a amar la vida y despreciar la muerte.

El camino de Yuki Kawauchi (Tokio, 1987), funcionario japonés e inagotable maratoniano, también se repite indefinidamente, y su caso comienza ya a ser digno de estudio en el ambiente atlético. Su historia es ya famosa por sí sola, y encierra esa mezcla de magia entre el corredor popular que ha sabido hacerse a sí mismo hasta llegar a la élite sin abandonar su vida de siempre, y el aroma a samurái que lucha hasta el final con todas sus fuerzas, aun a costa de llegar exhausto a la meta.

Repasando brevemente su trayectoria, hasta 2011 sus marcas ya eran notables para un corredor popular, y sus primeras victorias enseguida le sirvieron para comenzar a recibir ofertas de clubes profesionales que él rechazaba. Pero a primeros de ese año, en febrero, la maratón de Tokio le catapultó a la fama: tercero en la clasificación, primer japonés y un registro de 2h08:37 que le llevaba directo al mundial de Daegu al ser la mejor marca que lograba un japonés desde 2008. En el mundial, quedó en la posición 18, ayudando a su país a lograr la plata por equipos, lo que junto a todo, ha servido para crear la leyenda “ciudadano Kawauchi”, con locuras como tres maratones en un mes y medio a finales de aquel 2011, incluyendo un tercer puesto en Fukuoka el 4 de diciembre (2h09:57) y dos semanas después una segunda posición en Hofu con una marca de 2h12:33.

El año pasado, 9 maratones con 5 victorias, y de nuevo desafíos a la lógica tan grandes como el hecho de correr dos maratones en dos semanas tanto en abril como en diciembre, mes en el que repitió los del año anterior con marcas clavadas sobre 2h10.

Sin descanso, tras la nueva locura de diciembre de 2012, y empezando con sólo un mes de diferencia sobre su anterior carrera, el 2013 está siendo desde el principio todo un compendio de cómo derribar muchos mitos de la preparación del maratón: el 18 de enero acabó primero en Luxor (2h12:24); el 4 de febrero, dos semanas después, fue primero en Beppu-Oita con marca personal de 2h08:15; y de nuevo un mes después, terminó cuarto en Seúl con nueva mejor marca de 2h08:14 cerrando un tríptico terrible.

Tres victorias más en un maratón en abril, otro en junio y otro en julio, ya en vísperas del mundial de Moscú, dónde acabó de nuevo en la posición 18 con un tiempo de 2h15:35, para entrar en una nueva trilogía de otoño, con una segunda posición en Melbourne el 13 de octubre (2h11:40); viaje a Nueva York el 3 de noviembre para ser undécimo (2h12:29) y convertirse en todo un fenómeno mediático en el país estadounidense; y ahora a la espera, al menos, de Fukuoka este próximo domingo 1 de diciembre.

Mientras, prácticamente a carrera por fin de semana, sin descanso, con multitud de victorias en medias maratones locales y una gran regularidad de tiempos. Sin pausa. Como aquel que comenzó a correr y no sabía parar. Pero sin abandonar su rango de ciudadano que le hace estar cada día en su trabajo para cumplir las preceptivas ocho horas diarias, con una filosofía de vida como la que él mismo ha declarado en alguna ocasión: “aunque tenga que asumir toda la responsabilidad, entrenarme por mi cuenta me da mucha libertad, lo que me permite disfrutar con otros corredores que piensan como yo, e ir a mi propio ritmo, sin presiones. Yo elegí esta vida, y la disciplina me mantiene concentrado“.

Sísifo, como cualquiera de nosotros, no es distinto a un sencillo obrero que trabaja cada día en las mismas tareas, ni tampoco del maratoniano funcionario japonés, que nos sirve como metáfora de repetición infinita del esfuerzo dentro de una misma rutina. Sísifo, junto a la ladera de la montaña, ve bajar rodando la piedra que tendrá que volver a subir. Kawauchi, cada domingo, tras terminar su carrera, ya piensa en la semana de trabajo y entrenamiento que le espera, y en la carrera del siguiente domingo antes de comenzar de nuevo.

Entre tanto, Kawauchi -el trabajador en un instituto público, el corredor- se acuesta feliz. Su ejemplo, contra toda lógica, contra todos los fundamentos de la ciencia del entrenamiento, comienza a ser motivador para muchas personas, quienes atraídos por la magia de su historia, comienzan a ver en la locura del japonés un reflejo de su amor por los kilómetros y de esa extraña pasión que llamamos correr.

Y quizás ahí está precisamente la respuesta, y el absurdo sólo se perciba desde fuera. Porque desde dentro, la felicidad se esconde simplemente en amar tanto lo que haces como para estar siempre dispuesto a empezar una y otra vez. Camus afirma que debemos “imaginarnos a Sísifo dichoso”, al menos en esos instantes en los que no arrastra la piedra, y consciente de su destino, lo desprecia y se siente feliz con sus recuerdos y su esfuerzo, lo que le hace seguir adelante, porque como si no iba a comenzar siempre de nuevo. De la misma manera que nos ocurre a cada uno de nosotros en cuanto tomamos consciencia de nuestras rutinas y aprendemos a disfrutar de lo que tenemos y queremos. De la misma forma, en definitiva, que Yuki Kawauchi, bonito y desmesurado ejemplo del valor y la felicidad que significa amar lo que uno hace.

Maratones de Yuki Kawauchi (05.03.1987)

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Compilación de Ken Nakamura para Track and Field News

(http://trackandfieldnews.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1414 )

Foto | Cordon Press

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