Yuriy Sedykh, el abusón del martillo

Publicado por 05/11/12 - 8:35

En todos los colegios de las películas hay un niño más grande que el resto que se dedica a abusar de sus compañeros de clase. En el patio de recreo del lanzamiento de martillo, ese niño autor del “bullying” atlético se llamaba Yuriy Sedykh, soviético poseedor de un estratosférico récord mundial de 86.74 metros y autor de seis de las diez mejores marcas de toda la historia de la prueba. Como todo buen personaje cinematográfico, Sedykh tuvo su propio némesis, el ruso Sergey Litvinov, y el jovencito descarado que intenta usurparle el puesto, el bielorruso Ivan Tsikhan.

Nacido el 11 de junio de 1955 en la localidad rusa de Novocherkassk, Yuriy Sedykh aprendió rápido lo que es la disciplina soviética. Comenzó su andadura en el atletismo a la tierna edad de doce años, para más tarde trasladarse a Kiev, en Ucrania, e ingresar en la Sociedad Deportiva Militar. Dentro del ejército soviético, Sedykh llegó a la categoría de Mayor, poco comparado con lo que llegaría a ser en el atletismo. Rápidamente se decantó por la práctica de lanzamiento de martillo, sin ser un atleta de proporciones especialmente épicas ni tener una técnica especialmente depurada dentro de la máquina expendedora de atletas que era por aquel entonces la Unión Soviética. Si por algo destacaba Sedykh era porque, al contrario que el resto de niños del colegio, utilizaba sólo tres giros en sus lanzamientos, en vez de cuatro. Una diferencia que le llevaría a ser el mejor lanzador de la historia.

UNA PELEA DE SOVIÉTICOS

El primer gran triunfo de Sedykh vino en 1976, cuando se proclamó campeón olímpico en Montreal con 77,52 metros, por aquel entonces su marca personal. Un título que revalidaría cuatro años más tarde en Moscú, llegando cinco metros más lejos. Fue también subcampeón olímpico en Seúl, además de campeón mundial en Tokio. Pero su gran momento vino durante los Campeonatos de Europa de Stuttgart, en 1986, diez años después de su primer título olímpico, donde se proclamó campeón europeo con un nuevo récord de 86.74 metros, después de seis temporadas lanzando el martillo por encima de los ochenta metros. Pero no lo consiguió solo.

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Si hubo alguien capaz de empujar a Yuriy Sedykh a mandar el martillo tan imposiblemente lejos, ese fue el soviético Sergei Litvinov, tres años más joven que él y el único capaz de doblegarle durante sus años de esplendor. Unos años en los que las batallas se libraban por encima de los ochenta y cinco metros, y si no mejor haberte quedado en casa. Vivió una progresión muy pareja a la de Sedykh, un habitual de los ochenta metros desde el comienzo de la década de los ochenta, y protagonizó los mejores duelos que se recuerdan jamás en la disciplina. Empezó a batir récords mundiales a principios de la década, con sus 84,14 de 1983, al menos hasta que llegó Sedykh y se los quitó como buen abusón. Litvinov fue segundo por detrás de su compatriota en los Juegos Olímpicos de Moscú, pero consiguió doblegarle en los mundiales de Helsinki, así como en los Juegos de Seúl. Fue en 1986 donde también consiguió su mejor marca personal, 86,34 metros conseguidos en la localidad irlandesa de Cork, y fue testigo presencial desde el segundo cajón del podio del apabullante récord de Sedykh en los europeos de Stuttgart.

UNA MEDIA ENVIDIABLE Y UN JOVEN BIELORRUSO

Un récord mundial de 86,74 metros no es, por extraño que parezca, lo más espectacular que dejó el soviético Yuriy Sedykh. A día de hoy, posee diez de las veinte mejores marcas de la historia del lanzamiento de martillo, además de incontables concursos terminados por encima de los ochenta metros. Si ceñimos más el objetivo, veremos que posee seis de las diez mejores marcas mundiales, una corona que ni el mismísimo Litvinov fue capaz de arrebatarle, pero que un descarado bielorruso estuvo a punto de truncar en 2005. Ivan Tskihan lanzó el martillo hasta 86,73 metros, un centímetro por debajo del récord mundial, en 2005, asustando de veras al bueno de Sedykh, que seguramente pensara que su récord era algo imperecedero. Pero ningún récord lo es.

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