Dependiendo del tipo de “colega” que te acompañe en tus entrenamientos, podrás conseguir tus objetivos a menor o mayor brevedad. Un compañero de entrenamiento te puede hacer correr más rápido, más lejos y más a menudo o todo lo contrario. Un buen compañero de asfalto te mantendrá más centrado y te ayudará a compartir estrategias e información relacionada con el running, lo que generará una simbiosis positiva si resulta que hay compatibilidad entre vosotros.

Grupos de entrenamiento

Quizá un grupo de entrenamiento sea ideal para aquellos que vuelven a correr tras un tiempo de inactividad. Con el tiempo, cada pequeño cambio de ritmo que se haga en el grupo, y observando los progresos individuales de cada uno, obtendrás la motivación necesaria para mejorar tu fortaleza física y mental gracias a esa facilitación social.

La clave reside en encontrar a alguien que te mantenga centrado en tu objetivo. Todos los corredores se pueden beneficiar del entrenamiento en grupo: aquellos corredores menos experimentados verán que lo que necesitan es un compañero para poder levantarse, por ejemplo, a las 7 de la mañana; y los corredores experimentados aprovechan el apoyo de sus compañeros para aumentar el kilometraje, haciendo que los minutos pasen deprisa.

Aprende a escoger a tu “compi”

No es difícil, entabla una conversación con otro corredor del parque, coméntaselo a cualquier colega del trabajo o, simplemente, busca en las redes sociales. Lo complicado es encontrar a alguien que quiera cumplir el mismo objetivo y que se comprometa a correr contigo un día tras otro.

Descubre si compartes con él estrategias de entrenamiento y expectativas. Con tan solo tres días de entrenamiento en su compañía te darás cuenta de si su carácter es positivo y fiable. Para darte cuenta de sus intenciones, comunícate, comentad la agenda del día, planificad entrenamientos, observa si tiene espíritu competitivo, observa sus reacciones si llega tarde, puntual o cancela algún entrenamiento, etc.

Si ves que surge algún conflicto de intereses, sé sincero contigo mismo y actúa, los problemas personales son los más desagradables.

Evita la competitividad

Las comparaciones son odiosas, así que es mejor evitar la competitividad, tanto la buena como la mala. Cuando te vuelves demasiado competitivo, pierdes de vista tu plan de entrenamiento lo que, al final, termina por fastidiar tu rendimiento.

Si vas a convertir tus entrenamientos en competiciones, mejor compite contigo mismo. Los corredores más experimentados pueden ayudar a los novatos en sus inicios, el mejor modo de aprovechar el tiempo en común es ayudándose mutuamente a superar los momentos más aburridos, colaborando y proponiéndoles objetivos más exigentes.

Corre a tu ritmo

Porque vayas acompañado no significa que tengas que hacer exactamente lo mismo que tu compañero. Si tenéis diferente nivel, no tienes porqué sobreexigirte o hacer entrenamientos poco exigentes. Siempre que se comparta algún aspecto del entrenamiento, te podrás compaginar perfectamente: un corredor que entrene una carrera de 10K puede coincidir en pista con un maratoniano que quiera hacer una tirada corta, siempre que se coincida con un ritmo preferido para ambos.

En definitiva, no disfrutarás corriendo en grupo si no lo haces a tu ritmo, tanto si vas muy rápido como si vas muy despacio.

Como ya sabrás, corriendo se segregan las llamadas hormonas de la felicidad (endorfinas), puede que la razón de las buenas relaciones que se establecen en los grupos de carrera haya que buscarla en la bioquímica. Corriendo eres más feliz, tu nivel de alerta esta más bajo, te abres con tus compañeros de fatigas hasta un punto meditativo, te quitas todo el estrés de encima… corres junto a un compañero con el que ni siquiera te enfrentas, es tu apoyo, compartes algo más que un ritmo.

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