Mi primer maratón: relato en primera persona

Publicado por 19/02/14 - 22:02

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A bordo del tren Pacific Surfliner dirección Sacramento (California, USA) comienza el último trayecto hacia un reto: correr mi primera maratón. Un reto de esos que cuando uno cumplía la mayoría de edad se fijaba como algo que había que hacer una vez en la vida. Luego vino la universidad, los amigos, los compromisos, las responsabilidades en el trabajo y en la familia, la novia… La vida en el fondo son esas cosas. Uno vive feliz tratando de hacer el bien con todas esas cosas que le rodean.

Pero para los que amamos el deporte sabemos que esa felicidad “interior” necesita de un alimento “exterior” (aparte de la comida, claro). Soy de esos que cuando un compromiso me impide ir al gimnasio tal y como me había propuesto al comienzo del día me voy a la cama con un humor de perros. Desde fuera es una chiquillada, pero los que están leyendo estas líneas seguro que saben de lo que hablo. Además, el deporte, como la vida, no te deja conformarte. Vas al gimnasio y esperas poder levantar más peso en la mancuerna de turno, o doblar la sesión de abdominales de la semana anterior. Los especialistas hablan de “hormonas de la felicidad” o endorfinas. Yo hablo de retos.

Vayamos al running. Ese deporte tan individual que te aleja del bullicio diario y que todo el que lo prueba como es debido, repite. Todos hemos –o deberíamos haber- corrido la San Silvestre de nuestra localidad alguna vez. Sales a correr un par de semanas antes para prepararla, aparecen las agujetas, los problemas estomacales, la pereza por el frío, ¡horrible! Luego acabas la carrera y sientes una cierta satisfacción, pero muchas veces te queda la sensación de que no compensa tanto esfuerzo.

Luego está el caso de aquel que le coge un poco el gusto a eso de correr, que nota que gana forma física, que se apunta a la carrera benéfica tal y cual, etc. Es el caso del corredor popular que disfruta corriendo, que es objeto muchas veces de los comentarios jocosos de los amigos cuando se enteran que tiene que madrugar a las 7 de la mañana para ir a una carrera por la que encima ha tenido que pagar para participar. Y su mente siempre tiene un reto casi imposible: correr una maratón. Con estas líneas pretendo dar luz a esos que les gusta el deporte y que les gustan los retos. A esos que quieren correr una maratón pero esa sensación de que “no compensa” les invade eternamente cada vez que se calzan unas zapatillas de running. Va destinado también a aquellos que sólo han participado en la San Silvestre de turno. No hay que ser Superman ni renunciar a nada de tu vida, sólo hay que saber cuándo es el momento. Ya verás.

El antes

He participado en varias carreras populares, siempre de forma intermitente, con una preparación muy justa. Corrí la media maratón de Madrid hace casi 5 años acabando en un aceptable tiempo de 1h40. Y no la he vuelto a correr. Justo ese año terminé la carrera universitaria y la vida laboral ahoga un poco. El poco tiempo libre que me quedaba lo dedicaba a los míos. En cuanto al deporte, con ir al gimnasio tres veces por semana me bastaba para cubrir esa “felicidad” de la que hablaba al principio. ¿Pero y el reto de correr la maratón? Intentaba salir a correr una o dos veces por semana pero no podía estar más de una hora. Tengo la típica enfermedad crónica de tener una pierna más alta que otra (necesito llevar un alza de 1,2cm dentro del calzado); y unido a que mido 1,90 m tenía las excusas perfectas para decirme aquello que hemos oído tantas veces de: “correr una maratón no puede ser sano”.

El cambio de mentalidad

La vida está llena de trenes que pasan, y no me refiero a trenes como en el que estoy montado ahora mismo. Sino a oportunidades, cambios, señales que tienes que descifrar. A mí me ha venido en forma de una estancia pre-doctoral de 3 meses en la Universidad de Santa Bárbara (California, USA). He aprovechado para avanzar en mi tesis, hacer contactos, mejorar el inglés, hacer viajes cada fin de semana, disfrutar del sol… Pero esta estancia no hubiera sido igual si no me hubiera marcado este reto final de correr mi primera maratón precisamente aquí: ¡en California!

Allá por el mes de marzo me puse a soñar: busqué por internet fechas y lugares de maratones en California que coincidieran con los meses de mi estancia. Me quedé con lo de “California International Marathon” (Sacramento, 8 de diciembre) por aquello de que coincidía con los últimos días aquí –lo que me permitiría llegar entrenado- y por su proximidad con San Francisco para aprovechar el viaje y visitarlo. Recuerdo que por aquel entonces escribí en mi cuenta de twitter: “hoy me he despertado con un sueño”. Sueños aparte, mi forma física para el running era bastante floja. Intenté prepararme la media maratón de Madrid pero empezaron a aparecer dolores en las rodillas fruto de una altura insuficiente en el alza de la zapatilla derecha y tuve que desistir. Otro año y la misma historia. Lo de correr la maratón pasaba a ser una utopía.

Pero un reto es un reto. Y no tardé en descifrar que tenía que aprovechar el tren de la estancia en California para intentarlo. 3 meses fuera de casa, sin apenas responsabilidades, con un clima ideal, a un paso de cumplir los 30 años, mi boda a la vista,… ¡Era ahora o nunca! En el mes de julio retomé lo de salir a correr. Ahora eran unos 3 días por semana pero siempre por debajo de una hora, no me daba el cuerpo para más. Me lo tomaba con calma, poco a poco, con ilusión, escuchando  música a todo volumen para motivarme. Un día de esos salí desde la calle Orense de Madrid, Cuatro Caminos, calle Princesa, Gran Vía, Cibeles y vuelta por la calle Serrano. En total unos 14 kilómetros. Me sentí bien, sin molestias. Publiqué en mi tablón de Facebook mi “hazaña” para animarme con los “me gusta” de mis amigos. Lo de la maratón podía ser posible.

La preparación

Era agosto. Buceando en internet “cómo preparar una maratón” aparecen multitud de tablas, con multitud de objetivos, de formas de entrenar… Al principio decepciona tanta variedad, pero el denominador común de los programas para principiantes era salir a correr 4 días a la semana durante los 4 meses previos a la maratón. Y era justo el tiempo que tenía para el gran día que me había marcado, así que no me lo pensé más e hice la inscripción pagando los 135 dólares reglamentarios. Lo más difícil ya estaba hecho. Después de pagar ese dinero, muy mal me tenía que sentir para no correr la maratón. (Por cierto, ¡en España la inscripción a una maratón no es tan cara!).

El mes de agosto, fue el de la toma de contacto. Me fui de vacaciones a mi pueblo en La Mancha y a pesar de que mis rodajes no pasaban de los 60 minutos, creo que las altas temperaturas que soportaba me estaban acostumbrando a sufrir. Luego vinieron los fines de semana con 5 bodas y sus correspondientes excesos antes de mi viaje a California. Perdí un poco la forma, pero no me agobiaba. No iba a dejar de hacer algo de mi vida por el objetivo de la maratón. Me dije a mi mismo que si dejaba de ser yo durante la preparación, abortaba el reto.

Mediados de septiembre. Santa Bárbara me recibía con un sol radiante. No había excusas. “Sólo” había que ser constante en lo de 4 días a la semana para salir a correr y dedicar uno de ellos a una tirada larga. La primera semana esa tirada fue de una hora y cuarto,  en la siguiente de hora y media… Los plazos se cumplían. Pero pensaba en las 4 horas de carrera continua a las que tendría que someter a mi cuerpo el día de la maratón y me daba vértigo, así que decidí dar un paso más en mi preparación: controlar algunas comidas. Sencillamente consistía en que las noches previas a los días en los que entrenaba me tomaba un buen plato de pasta con agua y fruta. Me levantaba con un café y unas tostadas, salía a correr y a la vuelta un tazón de cereales. El resto de comidas más o menos tranquilas sin privarme de un par de cervecitas las noches que no tenía que entrenar al día siguiente, incluso acompañándolas de una buena hamburguesa al estilo americano. Nada de sufrir. Gracias a esos detalles había conseguido que el momento de calzarse unas zapatillas para entrenar fuese el mejor momento de muchos días. La guerra psicológica la tenía ganada.

Octubre fue el mes de la consolidación. De comprobar que podía tener una maratón en mis piernas. Seguía con la rutina de 4 días a la semana, estiramientos, abdominales, etc. Las tiradas largas empezaron a ser de 2 horas a un ritmo de 5:45-6 min/km y controlando la respiración. Ni una lesión, ni una molestia, ¡nada! Mi madre y mi novia me decían que estaba más delgado, así que empecé a frecuentar un poco más el gimnasio para ganar algo de masa muscular. También introduje un día a la semana de series de 1000 metros a ritmo de 4:00 / km para no perder resistencia anaeróbica. Intentaba no acabar nunca extenuado. A primera vista parece que no tiene sentido salir a correr por ejemplo un día 45 minutos a ritmo tranquilo cuando tocaba, pero yo iba notando como semana a semana respiraba mejor y se me cargaba menos el cuerpo. Había que hacer caso a los especialistas.

El 9 de noviembre corrí la segunda media maratón de mi vida. Se celebró precisamente en Santa Bárbara, así que aunque hubiera preferido una carrera de 10km, me enteré y me lancé a por ello. No modifiqué en nada mi entrenamiento en las semanas previas. Lo utilicé como el día de la tirada larga semanal. La primera parte fui tranquilo a ritmo de 5 min/km y la segunda parte apreté un poco hasta los 4:30 min/km. Las aplicaciones de running del Smartphone van fenomenal para marcar los tiempos. Mejoré aquella marca de mi primera media en Madrid que se produjo en el mejor estado de forma que he alcanzado, así que me llené de motivación.

Faltaba un mes, pero introduje un cambio en mi preparación un poco arriesgado. Consideré que las zapatillas con las que corrí la media no iban a llegar en las mejores condiciones para la maratón. Además me hacían rozaduras de vez en cuando sin motivo. Lo arriesgado de la jugada es que las cambié por un modelo minimalista -novedoso para mí- que me dio muy buenas sensaciones al principio, pero que durante la primera semana de entrenamiento me produjo algunas molestias en la zona de las pantorrillas. Busqué en internet y los foreros exponían que es necesario a veces hasta un año para aclimatarse a ellas. Me asusté. Quedaban 3 semanas para la maratón y ya no tenía más opción. Decidí probarme en la tirada larga semanal y completé 2 horas sin problemas. El running muchas veces no es planning, ni dietas, ni lo que pueda escribir yo en estas líneas… Son solo sensaciones. Y las mías volvían a ser buenas.

En el último mes tampoco faltaron fiestas con los amigos, ni viajes a Yosemite Park, Las Vegas, San Diego,… No es lo más recomendable del mundo estar dando la vuelta a California antes de una maratón, pero coincidiendo que las últimas semanas de preparación son más suaves consideré que tampoco me iba a afectar mucho. Sobre todo lo hice porque mi truco para alcanzar esas buenas sensaciones que comentaba antes no es solo tener una buena preparación física, sino también cuidar el componente psicológico. Y yo necesitaba sentir que estaba disfrutando y aprovechando el tiempo en esta estancia en California, ¡nada de agobios!

Estaba preparado… Las previsiones meteorológicas para el día de la maratón eran de sol, ¡pero a temperaturas bajo cero! Es curioso que después de haber entrenado con las cálidas temperaturas del sur de California, aparezca esta nueva circunstancia. Aunque para mí no hacía más que darle más emoción al momento. Ya nada me iba a hacer desistir. Sólo pensaba en llegar al hotel, descansar, hacer un poco de turismo por Sacramento, buscar un restaurante para cenar un buen plato de pasta previo a la carrera y… ¡rezar!

El reto conseguido

Julio Comendador meta

Por fin en el hotel. La medalla de la gloria de haber conseguido el reto de completar la primera maratón de mi vida estaba reluciente. Después de comer y beber todo lo que pude, quitarme la ropa que pesaba tres veces más que antes de salir, darme una ducha, etc.. ya era persona!! Reto conseguido.

Si alguien se espera que ahora voy a relatar que estuve “paseando” durante algo más de 4 horas hasta la llegada al Capitolio de Sacramento, que no siga leyendo. Fue la edición más fría de la carrera: siempre a temperaturas bajo cero. El agua que repartían a lo largo de la carrera estaba hecha hielo!

En los primeros 10 km fui tranquilo a ritmo de 6:00 min/km, comí unos geles para recuperar glucosa y busqué un grupo de corredores con los que compartir los siguientes km de mi hazaña a un ritmo aceptable. Ya no miraba ni el reloj. Estaba “esperando” al famoso muro de los 30 km con respeto. Y llegó el Calvario. Suena a tópico pero en el kilómetro 31 dejé de sentir las piernas. Ahí uno tiene dos opciones: o lamentarse por no haber realizado la mejor preparación y ponerse a andar, o buscar el apoyo del público, acordarse de la gente que me ha dado ánimos durante estos días, buscar esa canción que te pone los pelos de punta para seguir corriendo y comerte el asfalto. Era la guerra psicológica, yo la tenía controlada. Corredores que se quedaban en la cuneta aparecían en cada curva. Me decía a mí mismo una y otra vez: “no te pares, no te pares”. Hasta que apareció el cartel de la última milla que dirigía la carrera hacia el centro de Sacramento. El edificio del Capitolio de la línea de meta se divisaba a lo lejos. Iba a llegar.

Ahora viene el otro tópico pero que es lo más real del mundo: imposible describir lo que uno siente cuando tiene a miles de personas animándote en los últimos 100 metros de una maratón internacional con 10.000 participantes. Saludaba, reía, levantaba el puño, aplaudía, miraba al cielo, etc. No sabía que se podía gesticular tanto en tan poco tiempo… ¡y eso que no sentía mi cuerpo!

Acabo con esta reflexión final: correr una maratón es una de las experiencias más gratificantes de la vida y está al alcance de cualquiera. He escrito “correr”, no andar, así que para alcanzar esa experiencia hace falta entrenar. Bastante. Pero si uno coge la balanza de la vida y sitúa ese entrenamiento en un lugar adecuado, sin renunciar a las cosas verdaderamente importantes, logrará que en su rostro se dibuje la sonrisa que tengo ahora. Porque todo lo que supone esfuerzo personal produce mucha satisfacción. Pruébalo.

Julio Comendador medalla

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7 comentarios

  1. ChemaBZ
    (20-Feb-2014 | 11:18)

    Con todos mis respetos, y felicitando en primer lugar por el logro, me parece de una tremenda irresponsabilidad que una persona que además mide 1.90m (con lo que entiendo que no pesará 55 kgs) y que no está habituado, se lance así porque sí a correr un maratón por encima de 4 horas con unas zapatillas minimalistas que se compra un mes antes.
    Una irresponsabilidad absoluta. Tanto por él mismo y por su salud, como para aquellos que no dominan el tema, puedan leer esto, y utilizarlo como ejemplo.

  2. artrosico
    (20-Feb-2014 | 14:35)

    Gracias Julio por esta impresionante descripción de un novato en una maratón, el próximo Comenda, ya sabes quién será….

  3. artrosico
    (20-Feb-2014 | 14:37)

    ChemaBZ pues será irresponsabilidad según tú, pero razón de más para tener en cuenta que con fuerza de voluntad se consigue lo que se propone.

  4. ChemaBZ
    (20-Feb-2014 | 15:59)

    No discuto la valía. Todo el que termina un maratón merece mi total respeto y admiración. Es digno de halago. Ahí no tengo nada que decir, más que dar de nuevo mi enhorabuena.
    Pero sí, es una irresponsabilidad, repito. Tanto para el propio protagonista, como para aquellos que, sin ser conocedores del tema, lo tomen como ejemplo. Sea como sea, es una irresponsabilidad calzarse unas zapatillas minimalistas y de la noche a la mañana correr un maratón. Se necesita mucho tiempo de perfeccionamiento técnico y aclimatación física para lidiar con unas zapatillas de este tipo. Y no seré yo precisamente quien defienda las virtudes o las bondades del minimalismo frente al calzado tradicional, pero repito, es una irresponsabilidad. Por él, y por muchos que lo leen.

  5. Radagast
    (20-Feb-2014 | 16:57)

    Completamente de acuerdo con ChemaBZ, pero el protagonista reconoce lo arriesgado de la elección.
    Me ha gustado la crónica, sobre todo el concepto que transmite de la NO OBSESION con la carrera, creo que es importante, normalmente nos “cebamos” demasiado y dejamos de lado otras cosas, y no somos, la mayoría, profesionales de esto.

    saludos

  6. ErgothXES
    (21-Feb-2014 | 23:04)

    Enhorabuena… A las puertas de mi primer Maratón estoy, siempre va bien leer experiencias.

    Gracias por tu cronica

  7. Cristianbr
    (28-Feb-2014 | 11:32)

    Enhorabuena Julio, tengo ganas de estar a tope para poder hacer mi primera maratón.

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