La interrupción en cualquier ámbito de la vida es irritante. Y cuando se corre, también. Cada vez que uno se calza las zapatillas y pone en marcha el crono se inicia un tiempo ajeno al tiempo real; y una vez desatado ese mecanismo de la carrera a pie, no hay nada más molesto que pararse antes de lo acordado. Si te detienes sin acabar, es siempre por motivos indeseados que alteran la marcha y arruinan el plan.

No obstante, el atleta de pura raza tiene licencia para suspender su carrera por los siguientes motivos:

1) Por lesión o agotamiento extremo. Ya sé que el afán de acabar, sobre todo en situaciones heroicas, es objeto de veneración deportiva. Pero por más que nos coman la cabeza con esa filosofía de la superación, la resistencia al dolor, las hojas de laurel y las trompetas tebanas, existen líneas rojas que no deben cruzarse nunca por razones de salud. Echar pie a tierra está sobradamente justificado cuando hay riesgo para la integridad física.

2) Entre serie y serie, o entre el calentamiento y las series. En este caso se trata de un paréntesis perfectamente planificado, frugal, escaso, el preámbulo de un esfuerzo superior, la recuperación que precede a una explosión de energía propia. Por cierto, qué escaso es el tiempo en las pausas de un interval; es, por tanto, un fenómeno dentro del fenómeno general. O sea, los segundos entre serie y serie son aún más especiales y delicados que los de cualquier otro entrenamiento. La maldición caiga sobre aquellos que malogran el exacto cumplimiento de los descansos en un fraccionado: muermos que te hacen hablar y te distraen, gente que se mete por en medio y te impide arrancar, ciclistas que no te esquivan, etc.

3) También se hace alto en el camino ante un imprevisto del tráfico o un incidente: un semáforo -cómo jode el disco rojo, ¿eh?-, una persona que necesite socorro, incluso un encontranazo con alguien que se nos cruza que por cierto jode aún más. No es cuestión de atletismo, sino de civismo y sentido común. Queda excluido el hecho de pararse cuando algún gracioso nos pide fuego o la hora, porque los corredores en acción -cojones- ni fuman ni miden más tiempo que el tiempo que contiene la ecuación de su velocidad.

4) Para discutir cual verdulero. Es lo menos recomendable y no lleva a nada. Puedes discutir con la persona del encontronazo del párrafo anterior, con el que te insulta gratuitamente por tu condición de atleta, con el insensato de la bici que se cruza indebidamente en tu camino, con el dueño del perro-coñazo que persigue a los runners mientras su amo lo llama en balde, en fin, tú mismo. Pero además de no resolver nada, estropearás el entrenamiento.

5) Por las condiciones atmosféricas extremas, por ejemplo, cuando se desata una tormenta del copón santísimo y corres entre los árboles. Las zancadas tienen mucho mérito cuando la cosa se pone fea y las posibilidades de que te caiga un rayo son remotas, pero no pasa nada por buscar refugio. De hecho, las tormentas pasan en seguida. Por supuesto, jamás se te ocurra ir por una torrentera o barranco cuando caen chuzos de punta. No cuentan los stops por mariconadas como la lluvia común, los charquitos, el barro, la brisa, el fresco…

6) Porque no vas bien, siendo que no existe ninguna causa objetiva para ese bajo rendimiento. Puede ser que incubes la gripe o te haya dado un bajón, qué más da. El caso es que el cuerpo te envía un mensaje de alerta. Correr son sensaciones y a veces, cuando el día sale torcido y sufres más de la cuenta a un ritmo asequible, es mejor ralentizar la marcha o dejar la sesión para otro día.

7) También es aconsejable detenerse cuando corres por un lugar que no conoces (típico de viajes) y te pierdes. No tiene sentido seguir dando vueltas si no sabes cómo de lejos te lleva tu sesión. Párate, reflexiona e intenta orientarte. Y si hay gente, pregunta. Conozco a un par de tipos que se perdieron rodando por Berlín y estuvieron dos horas y media dando tumbos por la ciudad. No llegues a esos extremos, por Dios.

8) Porque encuentras a la niña que te robó el corazón aquella noche y que, vaya por Dios, no te dio su teléfono. Éste es un caso romántico muy poco frecuente, para qué nos vamos a engañar, pero se ha documentado algún suceso real y por eso lo cito. En tal situación, al carajo el entrenamiento y a por ella, insensato, que no sólo de running vive el hombre.

9) Puedes pararte también para beber durante una competición o entrenamiento largo simplemente porque no sabes beber mientras corres. Desde luego hay que ser cazurro para presentarte a un maratón y no haber ensayado el avituallamiento, pero da igual, es preferible que te hidrates aunque pierdas unos segundos a que te juegues la vida por no beber. Lo mismo en tiradas de muchos kilómetros, si ves una fuente, haz el stop reglamentario y sigue. Lo agradecerás.

y 10) La décima razón para detenserse es la única deseable para el atleta, la única que te llena deportivamente de satisfacción, y es parar en el preciso instante en que termina el entrenamiento. Es ahí cuando todo sale a pedir de boca y no hay novedad en el Cuaderno de Bitácora. ¡Pero qué poco encanto tendría el atletismo si los planes siempre salieran bien…!

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Licenciado en Periodismo y corredor practicante (cada vez más lento) a razón de 4/5 días por semana. Ha desempeñado diversas responsabilidades en instituciones públicas, siempre en el área de comunicación, y ha participado en los equipos de prensa de varias campañas electorales autonómicas, nacionales y europeas. Autor del libro "El Derecho a la Fatiga", un estudio sobre el dopaje en las carreras de fondo y mediofondo.

9 Comentarios

  1. Entretenido artículo, jeje

    Yo también me he tenido que detener por:

    11. Alto, policía. Documentación. A dónde va corriendo ?
    12. Joer, se me calló algo al suelo y no lo encuentro.
    13. Si te sale algún animal al paso.
    14. Problemas con los calcetines o si te entró piedrecillas en las zapas por tener roto los laterales.
    15. La pájara y tener un hambre bestial que no tienes fuerza para nada.

    Ahora mismo no me acuerdo de ninguna razón más por la que me haya tenido que detener.

  2. yo no solo pararme si no tener que volver a casa porque, entre las cosas positivas que tiene corre una es que remueve y recoloca los intestinos que da gusto…en más de una ocasión a los cinco minutos la tortuguita ha comenzado a asomar la cabeza, con lo que corre corre pa casa.. Soy el único a quien le ha pasado? con el tiempo he aprendido a ser previsor y salir de casa con la faena hecha, consejo, aunque no se tenga ganas se ha de ir a hacer una visita al señor roca antes de salir, y si quedas muy pronto para ir a correr al monte y no has tenido tiempo de saludar al señor roca o es que no tenías ganas en ese momento, poner clínex en la camel back 🙂

  3. y el motivo más típico en mi para parar es cuando vas a correr por la montaña y te das cuenda que ese sendero tan pequeño y coquetón es en realidad un sendero de jabalí que te lleva a la nada o entre zarzas o directamente al borde de un barranco, entonces es cuando te paras y piensas, muy bien la hemos vuelto a liar¡¡¡¡…aun que si en una salida no me pierdo como mínimo una vez ese día me falta algo 🙂

  4. Muy bueno el post, con ese aire de epica legionaria o romanticismo a veces.
    Los que me molestan muchísimo son los perritos o mejor dicho sus dueños, que parece que su objetivo es que el perro pase lo mas cerca de ti posible y si lo llevan suelto y se lanza hacia ti ladrando siempre dicen: “tranquilo si no hace nada”…cojones eso lo sabrás tu.

  5. Las diez razone acertadas y por supuesto las opiniones. Yo he parado por casi todo lo dicho y por una llamada al móvil que conteste y decía: mamá ven a casa que nos han robado en el trastero y se han llevado las tres bicicletas.

  6. Cualquiera se pierde, aún en la ciudad donde vives. Una vez iba campante y crucé donde no era, supongo, y de repente me encuentro en calles que nunca había visto. Pasé pena y pregunté, la calle tal, hacia dónde? Y la mano salvadora que me señala la dirección y unos 5 km de más.

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