Podría haber dicho "no" al deporte por pura saturación. Y es que en su familia hay un largo etcétera de nadadores, saltadores de altura y longitud, patinadores... Pero al final se le contagió la pasión por el atletismo de "rebote", para estar cerca de la chica que le gustaba, y hasta ahora. Las piernas de este deportista del Pamplona Atlético son las más veloces en los 400 metros vallas, y así lo corroboran las medallas que va recopilando. Txema profesa una gran admiración hacia la capacidad de superación de su hermana Ana, también atleta, y por supuesto hacia un deporte que le ha moldeado y en el que todavía le quedan éxitos por cosechar, como su próximo récord de España.
-¿Pasaste del enamoramiento físico al deportivo?
-Más que enamoramiento fue un pequeño capricho, pero así es, la chica que me gustaba practicaba atletismo y deseaba estar cerca de ella. Y después encontré lo que me gustaba en el atletismo.
-Y años después, ¿tu amor deportivo ha caído en la rutina o te sigue sorprendiendo?
-En algunos momentos pienso que sí, que es más rutinario y que lo hago porque es lo único que se me da realmente bien. Pero viendo las pequeñas alegrías que me da me entran ganas de continuar y de seguir adelante.
-Has llegado a este nivel a base de...
-Una parte grande es genética: mi altura es importante y poco a poco he encontrado mi fuerza en la velocidad. Y otra parte muy importante es el carácter, a mí lo que me ha curtido es el atletismo y las personas que me rodean, que son los grandes "culpables" de que siga en este deporte. Llevo diez años con mi entrenador, Félix Navarro, y ha sido esencial para mí.
-Una pizca de ambición será fundamental para dedicarse de lleno a un deporte profesional...
-En una pequeña pizca, sí. La ambición surge en relación a los pasos que vas dando, cuando hay un paso positivo enseguida quieres dar el siguiente, pero cuando das un paso negativo la ambición se desmorona y es frustrante, sobre todo cuando has pasado tantas lesiones como yo.
-¿Alguna vez te han parecido 400 metros interminables?
-Largas se hacen las semanas o las sesiones de entrenamiento, pero la competición es el punto al que todos llegamos con mucha ilusión. Además, es una prueba muy rápida y explosiva y cuando llegas a la meta la primera sensación que tienes es que se tendría que haber alargado un poco más.
-¿La velocidad, sólo para la pista?
-Creo que sí. Antes era un culo inquieto, pero cada vez soy una persona más calmada y tranquila. Además cuanto más nervioso estoy más tranquilo parezco, engaño bastante.
-¿Al margen del deporte, has cruzado muchas veces la línea de meta?
-Dedicarme al atletismo hace que a nivel personal no tenga muy marcadas las metas en cuanto a objetivos cumplidos se refiere. Pero sí que he cruzado metas que han aparecido por sí solas: he encontrado unos amigos fantásticos, una pareja con la que me encuentro realmente cómodo, y quizá el haberme ido a vivir con ella hace que me acerque mucho más a la familia.
-¿Cuál es el talón de Aquiles del atletismo en Navarra?
-Ahora mismo la propia Federación Navarra de Atletismo, y más concretamente su presidente, que se mantiene al margen del deporte que preside y es un grave error. Su pasividad hace que no venga gente joven, que no haya competiciones de alto nivel y que los deportistas de alto nivel no se sientan suficientemente amparados.
-¿Qué necesita más la cantera navarra, nuevos talentos o más dinero?
-La inversión es necesaria, pero sin abusar de ella. Necesitamos gente con ilusión, porque los entrenadores se vuelcan con los chavales y viceversa, y quizá promocionar más este deporte para que vuelva a crecer como la espuma.
-¿Cuando el cuerpo ya no sea tan dócil, qué carreras te tocará emprender?
-Mi objetivo es sacarme las oposiciones de bombero, porque ese trabajo sí es una forma de vida bastante pareja a la que tengo ahora. ¡Es que al haber entrado tan a fondo en el mundo del atletismo me costaría mucho salir de él!
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Vía
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