Tiene mérito. Compaginar la tarea de cajera en un supermercado con el atletismo, tener 44 años cumplidos y ser tres veces campeona de España de 100 kilómetros. Lo ha conseguido Ana María Ferradás, una menuda atleta que corre en todos sus ratos libres, que no tiene entrenador y se declara autodidacta y que se ha acostumbrado a la soledad del monte y a entrenar a las horas más intempestivas con tal de dar rienda suelta a su pasión.
Ana Ferradás llegó al atletismo con 28 años, después de machacarse durante toda su vida en el gimnasio y en el supermercado. Casi dos décadas después se ha acostumbrado a una rutina casi espartana. Se levanta cada día (domingo alternos incluidos) para ir al supermercado, a mediodía aprovecha para hacer un entrenamiento -carrera o bici de montaña-, vuelve a su puesto de cajera y por la noche, si el cuerpo se lo permite sigue corriendo. «Aproveito tódolos momentos que teño para adestrar. Para min non é un traballo, é unha paixón. Adestro tódolos días porque a forma costa unha vida collela, pero podes perdela en dous días», comenta la atleta del Ribadeo. En total hace dos horas diarias que se doblan a los domingos por la tarde, que es cuando aprovecha para hacer el mayor kilometraje siempre que no participe en alguna prueba. Por problemas de agenda solo acude a los populares más cercanas y cuando tiene día libre en su trabajo. Con esta guisa de vida familiar, ni hablar. «Se chego a estar casada e ter fillos esto sería impensable».
Su afición al atletismo no la ha detenido en las pruebas clásicas. Si un amigo le metió el vicio de correr en el cuerpo, otro la llevó a la larga distancia. Su primer contacto con el ultrafondo llegó en un campeonato de España en Bezana (Cantabria). «Fun ca idea de facer 70 quilómetros e resulta que acabei e por riba fun segunda». Desde entonces, otro subcampeonato (oficioso) y tres títulos de campeona de España jalonan su palmarés. Nunca se ha bajado del podio.
El último triunfo llegó el domingo en Madrid, en un día infernal con lluvia y viento. «Foi o máis difícil de todos, porque só se trataba de aguantar». Vaya si lo hizo -apunta que por encima del esfuerzo físico está la capacidad mental-, se mantuvo en carrera durante 10 horas y 12 minutos con un único receso de cinco minutos para ir al baño, una visita obligada que por momentos puso en peligro su triunfo al acercársele una competidora a 3 minutos. Al final le sobró media hora.
Ayer regresó a su casa de Ribadeo tras un maratoniano viaje en autobús y con el cuerpo maltrecho. Necesita al menos una semana para recuperarse del esfuerzo de los 100 kilómetros, una cuestión insignificante teniendo en cuenta el susto que se llevó tras su participación en el Campeonato de Europa de 24 horas. «Teño a costume de non beber moito e quedei tan mal da proba que estiven quince días hospitalizada», recuerda.
El percance para nada le apartó de la competición ni del entrenamiento. Quiere seguir en la distancia mientras el cuerpo aguante «demostrando que podo competir con xente máis nova ca min». Ya está planeando tomar parte en la media maratón de Vitoria. Un pincho para la ribadense.
X. R. Castro 1/4/2008
Fuente: La Voz de Galicia