Otra entrevista, seguramente "más seria".
La última oportunidad de Reyes
El mediofondista de 31 años abandonó la «soledad» de Soria para entrenarse en Madrid con Manolo Pascua en busca de la única medalla que le falta: la olímpica
Madrid- Todavía no ha roto a sudar, pero ya lleva una botella de bebida isotónica porque sabe que lo hará en breve. Con Manolo Pascua de entrenador no puede ser de otra manera. Sufrir para vencer. Reyes Estévez, el doble medallista de bronce en un Mundial en 1.500, el campeón y subcampeón de Europa y «sólo» séptimo en unos Juegos está en Madrid para que la última estadística cambie. Para que el diploma olímpico se convierta en una medalla dentro de un año en Pekín. «Cada vez que termino el entrenamiento digo: “falta un día menos para los Juegos”», reconoce el mediofondista. Está ansioso. Tiene 31 años y es su última oportunidad y por eso se ha agarrado a Pascua. «Ha hecho muchas tonterías, ha perdido el tiempo, pero la clase no se la quita nadie. Puede volver a ser el que era», dice el preparador, un tipo peculiar, fácilmente reconocible en las pistas del INEF por el sombrero y la perilla cortada en dos. Allí todos le saludan y le respetan.
Reyes estaba desaparecido. Su última buena actuación fue en el Europeo en pista cubierta de Madrid en 2005, donde logró dos bronces. A partir de ahí poco se supo del atleta que cogió el relevo de Fermín Cacho. Aparecía y se iba de la élite mundial sin un motivo aparente y le acompañaba la fama de deportista poco trabajador. «Se ha dicho eso, pero yo siempre hago lo que me dicen. A lo mejor el trabajo que hacía en Soria no era el idóneo para mí. Este año dará o quitará razones», analiza.
Vivir en Soria empezaba a ser deprimente. «Estar allí solo es complicado», explica. Después del entrenamiento, a casa y poco más. Demasiado tiempo para pensar. En Madrid se ha encontrado con todo lo contrario. «La primera semana me levantaba y todavía pensaba ¿“dónde estoy”?, pero es un cambio radical. Aquí hay ambiente de atletismo, compañeros por todos lados, vas al cine... No te comes la cabeza», afirma. La idea del traslado fue meditada. No tenía problemas físicos ni con su entrenador, pero los resultados no acompañaban. Hace dos años ya pensó en irse de Soria, pero aguantó para ver qué pasaba. Y no pasó nada. Este verano tomó la decisión. Después del Campeonato de España habló con Pascua, que le respondió: «Piénsalo bien. El 1 de octubre te espero en Madrid». Allí apareció, después de haber visto el Mundial de Osaka por televisión. «El nivel es alto, pero sin el de 3:26 [El Guerrouj], si corres en 3:30 puedes ganar y yo puedo volver a lograrlo», opina. La última vez que lo hizo fue en el 99 en Sevilla. Fue bronce por detrás de El Guerrouj y Cacho, las últimas medallas españolas en 1.500 en un Mundial al aire libre: «Pensé que Higuero lo iba a hacer mejor en Osaka. Casado estuvo bien y Gallardo, mal. Hay buenos atletas, pero lo importante es ser ganador y creértelo en el día decisivo».
La relación de Reyes con los otros españoles del «milqui» es «normal»: «Hay buen ambiente, aunque no quedamos para tomar cañas». Tam- poco es el mejor amigo de la Federación y su presidente, Odriozola. En 2000 le dejaron sin los Juegos de Sidney. «Ni olvido ni perdono. Me hicieron daño y eso siempre lo llevaré dentro. Fue un palo a mi autoestima y sufrí un bajón de entrenamientos e ilusión. Pero ahora sólo me preocupa entrenar duro e ir a los Juegos para que luego la Federación se cuelgue la medalla», asegura.
En el poco tiempo que lleva en la capital, ya ha comprobado que los métodos de Pascua hacen honor a su dura reputación. Tras unos esti- ramientos, él y su grupo realizan ejercicios de técnica. Entre los compañeros hay un etíope, Alemayehu Bezabeh, que no puede entrar en su país. Es un refugiado político y quiere ser español. La técnica no es su fuerte y Pascua le manda aparte. Lo de correr es otra cosa. Tras pasar por el gimnasio para hacer pesas, todavía con poca carga porque hay agujetas, y ejercicios para fortalecer, hacen un 2.000. Reyes y el etíope llegan prime- ro y detrás, con la lengua fuera, el resto. Pascua les regaña por haber ido tan rápido. «O me mata o me pone en forma», dice el barcelonés sobre el africano. Está corriendo en octubre en tiempos que en Soria no haría hasta febrero. Después trota. El sudor ya ha aparecido, aunque fuera una jornada rara. Tenía que disputar una milla en Pamplona, que ganó, y no se podía machacar. El día a día de Estévez es distinto, sesión por la mañana y por la tarde de lunes a sábado; otra el domingo. Vive para el atletismo, por eso no se ha buscado piso y reside en la Blume.
Hoy, Reyes volverá a su dura rutina. Lo hará feliz. Queda un día menos para Pekín.
Por Francisco Martínez
La Razón | Digital