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Viejo 17-12-2007, 11:48   #4 (permalink)
gijonés
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Purificación Santamarta

La pionera

La burgalesa Purificación Santamarta, la mejor velocista invidente de la historia, afronta la recta final de su vida competitiva tras haber sido referente para los deportistas paralímpicos

Vive el final de su carrera con el orgullo de haber sido pionera en el deporte. A sus 45 años se resiste a abandonar las pistas, esas que le han dado tantas satisfacciones desde que empezó en 1979. Purificación Santamarta tiene en sus piernas los títulos suficientes como para ser considerada una de las grandes deportistas españolas de todos los tiempos. A saber, 38 medallas de oro repartidas en 11 títulos Paralímpicos, 9 Mundiales y 18 Europeos. Sus plusmarcas rondan las 40, pero esta velocista invidente recuerda que ha tenido que compaginar el trabajo -vendedora de cupones- con las tareas familiares -tiene dos hijos- y los entrenamientos. «Sólo he pedido excedencias de diez meses para preparar los Juegos de Barcelona, Atlanta y Sidney, pero con una ayuda de 300 euros al mes no me da para vivir», afirma.

Santamarta fue la protagonista del homenaje que se le tributó el jueves en Villasana de Mena. Por el polideportivo primero, donde tuvo tiempo de charlar con los atletas del futuro, y por el Cine después, donde tuvo lugar una charla, pasó un ciclón de experiencias, un mito del deporte paralímpico que pasa por ser la mejor atleta de la historia y que apura sus últimas lecciones sobre la pista. «Al máximo nivel mi trayectoria se acabó en el 2000. Estas Olimpiadas serán probablemente mi última gran competición, aunque luego seguiré entrenando y estirando, no puedo parar de repente», afirmó.

Su entrenador, Benito Peláez, y ella forman una pareja que se conocen y trabajan juntos desde el verano de 1979, por lo que es fácil comprender que Peláez es para Santamarta algo más que su entrenador.

Años de pelea

Santamarta ha sido muchas veces el azote de los altos cargos, que han oído a esta burgalesa clamar en el desierto pidiendo ayudas a una disciplina que sólo fue reconocida en los Juegos Paralímpicos de Barcelona. «He tenido que pelear mucho. Pero son lentejas, si quieres las tomas y si no, las dejas. Normalmente es lo que les pasa a todos los pioneros, que cuando comienzan alguna tarea tienen que ir haciendose hueco a veces a codazos. El año de la Paralimpiada de Barcelona hubo un salto muy importante a nivel de apoyo de ayudas, medíatico, y repercusión a nivel social, pero a partir de ahí, nos hemos estancado. Últimamente han dicho que el Comité Paralímpico Español había hecho un plan para discapacitados, pero a mí no me ha llegado nada. Y si tienen que contar con alguien, conmigo debieran hacerlo. Pero tampoco me importa. El que nada recibe, nada debe. Así que si no consigo ninguna medalla, les diré 'chicos, lo siento. Nada me habéis ayudado, nada os debo'».

«A mi manera de ver no se toma en serio el deporte paralímpico. El presidente del Comité dirá que sí, porque a su cargo tiene un presupuesto y unas cosas importantísimas, pero yo pienso que no».

¿Y qué consecuencias tiene la falta de medios y de apoyos? Para ambos, las consecuencias ya se han podido ver, y temen que se refleje con mayor crudeza en los Juegos de Pekín. «Vamos a bajar mucho porque en el resto de países se están profesionalizando. En España se está haciendo lo contrario. Tenemos grandes atletas de más de 35 años y deportistas de 15. La generación intermedia apenas existe».

El recuerdo de Barcelona

«En los Juegos de 1992 corrí en cuatro distancias -100, 200, 400 y 800 metros- con sus respectivas series clasificatorias, con lo cual fueron ocho carreras. Gané cuatro oros y sumé seis récords del mundo. Fue mi mejor momento, pero también fue duro porque empecé a acumular mucho agotamiento. A partir de que gané el cien, entré en barrena, el único rato que estaba bien era corriendo, porque parada me dolía todo el cuerpo. Cuando gané el 800 fue como una marioneta a la que cortan las cuerdas. Me plegué sobre mi misma, pensé que ya me podía morir tranquila», recuerda.

Tanto esfuerzo la llevó a seleccionar sus objetivos. «Empecé ganando, continué con los récords del mundo, y ahora estoy disfrutando de lo que es el atletismo y todo lo que le rodea. Ahora preparamos sólo 100 y 200».

Las causas hay que buscarlas en su ritmo de vida diario. «Date cuenta que mi jornada laboral empieza a las siete de la mañana y termina a las once y media. Caigo en coma, muero directamente, y resucito a las siete de la mañana del día siguiente».

Para Santamarta, de no haber tenido que llevar un ritmo de vida tan intenso, sus marcas y sus logros habrían sido superiores, algo a tener en cuenta si estamos hablando de la mejor atleta invidente de toda la historia en España. «Si yo hubiera vivido del deporte habría podido ser mejor, y hubiese estado corriendo incluso en las competiciones normales. Yo en Castilla y León competí entre 1998 y 2000 y siempre estaba en las finales».

Para hacerse una idea del valor de las marcas de Santamarta, su entrenador hace una comparativa entre las que realizó su pupila en Sidney y las de sus pruebas en el Campeonato de España. «Un 25.11 en 200 fue bronce en el Campeonato de España, y Puri bajó de 25 en los Juegos, y con 57 segundos en 400 se quedó cuarta, y ella hizo 56.83».

Después de una exitosa trayectoria, se queda con el reconocimiento de la gente. «En Burgos cuento con la estima de todos», afirma una atleta con cuyo nombre se bautizó la pista de atletismo de la ciudad. Y a nivel general también se siente orgullosa cuando hace balance de tantos años de sacrificio. «Yo pienso que soy un símbolo del deporte para ciegos o discapacitados».

Igor Barcia 17.12.07
Fuente: El Norte de Castilla
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