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Miembro de Honor
Fecha de Ingreso: Sep 2007
Localización: Asturias
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Yago vuela alto
De Valencia se queda con el clima y con la gente, «muy agradable». Mucho antes, «con 17 años», se había ido a Estados Unidos, al estado de Iowa. La experiencia americana fue larga y especialmente enriquecedora: «Me influyó en la forma de ser, de pensar, de ver las cosas», afirma Yago Lamela, un buen ejemplo de asturiano errante. Actualmente vive a caballo entre Asturias y Madrid, una ciudad «demasiado grande» que despierta en él sentimientos encontrados: «La gente es menos agradable que en Levante, y los atascos son agobiantes», pero también tiene «un encanto especial». Quizá sea que allí, en Cuatro Vientos, está dando rienda suelta a una afición «de toda la vida» que ha germinado con fuerza: pilotar helicópteros.
El saltador avilesino está sacando el título de piloto privado, 45 horas de vuelo más la teórica: «Siempre me llamaron la atención, ya desde pequeño». Los videojuegos de aviones, helicópteros o cualquier tipo de aeronave eran sus preferidos. Ahora todo es real, no hay nada virtual. Yago aprende a volar en un R22, un pequeño biplaza, y no descarta hacer de su afición una profesión: «La verdad es que cada vez tiene más salidas».
Eso queda para el futuro. Ahora la prioridad es entrenar, entrenar y entrenar: «Voy progresando poco a poco, y lo más importante, no tengo molestias». Lleva casi cuatro años lesionado y más de tres sin competir, desde Atenas 2004. Ahí empezó su particular vía crucis, con dos operaciones -una en cada talón- horas y horas de fisioterapia, acupuntura y muchas recaídas.
En verano
Tantas que barajó seriamente la posibilidad dejar el atletismo, pero ahora tiene la moral por las nubes, y nunca mejor dicho. «Espero volver a competir en verano, pero es mejor no anticipar nada, no vaya a ser que surja algún problema. ¿Miedo? Sí, mucho. Después de tantas lesiones es no se quita. Hay que ser precavido».
Yago Lamela estuvo dieciséis meses en Estados Unidos, en la Universidad de Iowa State. Fue allí donde consiguió romper por primera vez la barrera de los ocho metros, un salto que le dio la victoria en la Conferencia Big 8, dejando boquiabiertos a muchos, sobre todo a los saltadores de Nebraska, los favoritos. «Las diferencias entre las gentes de un estado y otro son abismales. En Iowa son muy conservadores, a los de fuera nos miraban como si fuéramos raros». Allí hizo «muchos amigos», y variopintos: «Chinos, indonesios, turcos y claro, americanos. Me sorprendió ver que coincidíamos en muchas cosas, comprobé que hay más similitudes que diferencias».
Regresó a Asturias y en febrero de 1999 dio el gran salto, 8.56 metros en Maebashi (Japón), plata en el Campeonato del Mundo Indoor. Al año siguiente, tras los juegos de Sydney, buscó nuevos horizontes. Se instaló en Madrid para entrenar a las órdenes de Juan Carlos Álvarez. Fue una relación efímera. A finales de 2001 emigró a Valencia, y allí, con Rafa Blanquer como entrenador, encontró la estabilidad que buscaba. Estuvo cuatro años largos, aunque de cuando en cuando «me entraba algo de morriña -Yago tiene ascendencia gallega-. Me apetecía volver, ver a mi familia, a mis amigoa, pasear por Avilés».
Ahora alterna Madrid y Asturias, y tiene dos cosas claras: «Asturias tiene el mejor paisaje y la mejor comida. Y es más barato».
Fuente: La Nueva España
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