Aviso que va tocho
Esta crónica no es de mi carrera, sino de la Gbka. Para mí, aparte de un entrenamiento aeróbico, ha sido sobre todo un orgullo poder volver a comprobar que a mi lado tengo a una mujer de bandera, madre ejemplar, compañera imprescindible y tras lo de hoy una fondista en potencia.
Mirad que he intentado que esta crónica la escribiera ella, pero no ha habido manera, no le ha salido de los mismísimos.
De esos mismísimos que ha usado para cascarse 16 km. en 1:28:03, a una media de 5:29 y encima permitiéndose el lujo de apretar en las últimas rampas y para poner la guinda al pastel ajusticiar a una rival directa para la clasificación de veteranas en los últimos 50 metros.
La carrera ha sido dura. Empezaba bajando durante 3 millas y media (la carrera la organizaban unos guiris, como todo lo que se hace en Alfaz del Pi, y estaba medida en millas), llaneaba durante dos por los alrededores del paseo de la playa de L´Albir, subía durante 3 hasta el Faro de la Serra Gelada y luego otra vez para abajo, otra vez a llanear y por último a subir las tres millas que habíamos empezado bajando.
Al principio estaba bastante nerviosa porque nunca había hecho 16 km. y tenía el cosquilleo en el estómago de la incertidumbre. Yo le había ocultado el perfil porque sabía que era duro. La subida al faro era demoledora y el final de carrera también ya que tras doce km. de tralla los últimos 4 en subida se iban a hacer durísimos.
Cuando hemos llegado allí y hemos visto la montaña al fondo ya se ha dado cuenta de lo que le esperaba. Pero bueno, yo estaba allí y eso le daba la seguridad que necesitaba. Durante los preparativos no se separaba de mí. La situación, la gente, el ambiente, todo era nuevo para ella porque hasta ahora las carreras que había hecho eran más familiares y más cortitas. Esto eran palabras mayores, había muy buen ambiente y todo eso le imponía respeto.
De hecho hemos salido a cola de grupo muy, muy despacio. A los cien metros le he dicho: "Ruth, ¿así vas a ir?". Su respuesta ha sido clara y concisa: "Edu, déjame, que yo tengo que empezar despacito." Y así hemos empezado, despacito. Lentos pero seguros.
Menos mal que enseguida hemos empezado a bajar. Ahí quieras que no te aceleras y desde las primeras millas ya el ritmo ha sido constante. Aún así, lo que ha marcado la carrera han sido las subidas.
La subida al faro era por un camino asfaltado de hormigón de dos metros de ancho que compartíamos los que subíamos con los que bajaban. A mitad de subida hemos podido disfrutar de cómo bajaban los primeros porque nos hemos cruzado con ellos. Impresionante verlos bajar a tumba abierta. Ahí he animado a José Ramón, un galgo amigo de mi hermano que iba sexto y que finalmente ha acabado en séptimo lugar.
Pero lo que me estaba alucinando era la forma de subir de la Gbka. Ha metido una marcha más en cuanto ha empezado a empinarse la carretera y se ha empezado a cepillar PPF´s que me estaba dejando asustado, incluso permitiéndose el lujo de ponerse detrás de ellos, esperar a que pasaran los que bajaban y entonces meterles un hachazo cuando había hueco que hacía imposible que le cogieran rueda.
Yo en ese momento estaba con los pelos de punta. La veía disfrutar, la veía feliz, la veía subir y me daban ganas de gritar: "¡Sí, sí, esa es la Gbka.!", y además el entorno era inigualable. Las vistas de la playa de L´Albir por un lado y de Benidorm por el otro con todo el Mediterráneo de fondo eran preciosas. El día estaba claro, el cielo azul y el mar en calma. No podía pedir más.
En esas hemos llegado arriba, la gente se paraba, resoplaba, bebía, y la Gbka. a lo suyo, ahora para abajo. Los primeros metros de descenso la han pillado a contrapié: "¡Uy!, las piernas..." "No te relajes," le he dicho, "intenta encontrar un equilibrio. No te esfuerces en frenarte pero tampoco te dejes llevar que si no cuando lleguemos abajo y tengas que volver a subir te vas a llevar la h*stia." Chico, como si lo llevara haciendo toda la vida.
Ha seguido adelantando gente bajando, aunque aquí la he tenido que frenar porque el final de carrera iba a ser duro y no quería que le entrara la pájara en los últimos tres kilómetros, no quería que gastara fuerzas. El momento era peligroso porque ya había subido la parte más dura, el cuerpo ya iba engrasado y las sensaciones eran buenas, así que la tentación de apretar estaba ahí y dieciseis km. mal regulados se podían hacer interminables.
Pero nada, hijo, no había quien la parara. Yo le iba dando agua cada veinte minutillos más o menos, algo más a menudo en la subida, y cuando hemos llegado al llano, coincidiendo con el paso por donde más gente había animando aquello no había quien lo controlara.
Cuando hemos llegado a la señal de 8 millas y empezaba la parte final que sin duda era la que más dura se hacía, se veían más de 500 metros de subida por delante y el rosario de corredores que habían pinchado era tremendo. Aquí le he dicho: "Venga, cariño, nos queda lo mismo que desde la rotonda de casa de tus padres hasta casa" y el hecho de tomar como referencia un recorrido que hace
prácticamente todos los días que entrena le ha dado la confianza necesaria y la seguridad de que no sólo iba a acabar, sino que lo iba a hacer bien, con fuerzas y sin el menor atisbo de pájara.
Durante el último km. de subida la gente iba fundida y ella los pasaba con una soltura tremenda. Algunos la miraban extrañados, sin creerse que pudiera ir tan bien a esas alturas de la película, pero es que estaba eufórica. Luego me ha confesado que el final se le ha hecho duro. C*ño, normal, se me ha hecho duro hasta a mí, con el calor, la kilometrada que llevábamos encima y el cacho de cuestas que teníamos que subir.
Cuando hemos llegado al polideportivo, a falta de trescientos metros para la meta hemos visto una veterana justico en el centro de la cruz del punto de mira y le he dicho: "Enga, Ruth, que te la han puesto a huevo. Yo te lanzo." Y hemos apretado para ir a por ella. Había una bajada de unos cincuenta metros por un empedrado paralelo a la recta de la pista de atletismo, un giro de 180 grados para entrar en la pista y luego otros setenta u ochenta ya en la recta de meta por el tartán y han entrado las dos casi a la par en el giro, pero ver el arco de Coca-Cola al fondo le ha puesto la puntilla a la otra porque aquí la troto-killer se ha lanzado como si fuera Bekele jugándose la final del 5.000 de Berlín con Tergat. Eso le ha supuesto ser la 18ª en vez de la 19ª en veteranas, o sea, nada, pero bueno, el gustazo no se lo ha quitado nadie. Teníamos el cronómetro al fondo y cuando le he dicho que se fijara en el tiempo que iba a hacer no se lo creía.
Cuando hemos cruzado la meta no sabría decir quién estaba más contento y más satisfecho, si ella o yo.
Ella estaba alucinando por cómo había corrido, lo bien que se había encontrado y lo entera que había terminado. Yo estaba más hinchado que el arco de meta, orgulloso como un padre y emocionado con lo que suponía para ella. Cuando le he dicho el parcial por km. todavía se lo creía menos. ¡16 km. a menos de 5'30'' y con un perfil que daba miedo! No sólo lo había conseguido, sino que encima había hecho un marcón.
A partir de aquí ya todo era alegría. Nos hemos hidratado, nos hemos abrigado con la camiseta de la prueba que era de manga larga, hemos estirado bien, a conciencia, y para la ducha.
La pregunta era inevitable: "Ruth, ¿habrías podido hacer 5 km. más?" La respuesta, rápida y sin dudar: "Sí. Si no hay que subir lo que hemos subido, si es una media maratón normal, sí".
En fin, veremos cómo va yendo el invierno y si la cosa transcurre bien intentaremos debutar en Santa Pola.
Para acabar, que ya está bien, una reflexión de estas de todo a cien. No hay nada más satisfactorio que poder compartir tus aficiones con tu pareja, y más cuando para mí más que una afición es una pasión. Sé que desde mi posición es muy fácil decirlo porque ella lleva muchos años corriendo, con los parones de los dos embarazos y sus recuperaciones, pero varios años al fin y al cabo. Pero tengo también el caso cercano de mi hermana, que siempre ha llevado una vida sedentaria, con algo de sobrepeso y que al final se ha enganchado a esto y es capaz de correr ya sus cuarenta y cinco minuticos seguidos partiendo desde cero patatero. Desde aquí os animo a que lo intenteis con vuestras parejas. Pero que lo intenteis de verdad, que se lo pongais fácil, que compartais sus primeros entrenamientos, que lo planteeis no como unos freakies que sólo dan el c*ñazo hablando todo el día de lo mismo, sino que sea algo compartido, algo de los dos, algo que va a mejorar su calidad de vida, en fin, algo que os una más que os separe. Ya os digo, sé que soy un privilegiado, pero como decía antes mientras seguía el carrerón de Andreu, lo que he vivido hoy no tiene precio.
Un saludo.