
Originalmente escrito por
Gebrekele
I San Silvestre de Alicante
Menudo fiestón que se montó ayer en la SS. A ver si toma nota la alcaldesa y podemos cortar las calles más a menudo para correr por "tó" el centro de la ciudad.
El día salió espléndido, fresquito pero soleado, perfecto para correr.
Yo estaba muy nervioso, porque corría en casa, por calles que recorro a diario, de las que conozco cada metro, cada trapa de alcantarilla, cada bordillo y porque tenía unas ganas locas de correr.
Era un recorrido corto pero más largo que el anunciado (que era de 3.700 m.), 3.834 m. según el gmaps incluso teniendo en cuenta la única acera que pisé

. Eso me iba a servir para volver a comprobar si los entrenamientos andromedianos me habían servido para algo. No era una milla, pero como si lo fuera.
Llegué con bastante tiempo, incluso demasiado, pero eso me sirvió para ir paseando por la zona y ver cómo se termina de organizar una carrera, o mejor dicho, para ver cómo no se termina de organizar, porque para la salida eligieron la calle más estrecha de todo el recorrido y encima la llenaron de conos y colocaron enmedio una furgoneta. Tócate los h*evos.
Después de saludar a algún conocido y comprobar que los mejores galgos de la ciudad y alrededores no tenían nada que hacer esa mañana y que habían decidido pasarla en Alicante, fui al coche a cambiarme y me encontré con mi hermana y, al poco rato, con mi padre.
A la Gbka. y a mis hermanos ya los tengo en la secta, a mi cuñada ya la está medio convenciendo mi hermano y a mi padre voy a ver si lo hago cambiar el paso y de recorrer senderos y montes con la mochila a cuestas pasa a asfaltear de vez en cuando, previa prueba de esfuerzo y reconocimiento médico

.
Después de la foto de familia me coloco en la salida, habiendo calentado bien y acomodándome en una discreta tercera fila, que debido a la estrechez del tramo era como casi estar delante.
Salimos disparados, aquí ni popular ni h*stias. No había clasificación, ni chip, ni tiempo oficial ni nada de nada, pero todos queríamos correr bien y rápido.
Tras unos 500 m. rapidísimos cogí un ritmo que pensaba que podía aguantar. Llevaba delante como referencia un galgo que me iba de algún modo marcando el ritmo y al que no conseguía pillar, pero que me hacía ir esforzándome un poquito más cada vez. En el tramo de subida casi lo alcanzo, pero luego en el llano de la Plaza de los Luceros se me volvió a ir unos metros, aunque lo seguía teniendo a tiro. La carrera iba muy estirada, de modo que se podía ver la cabeza de carrera en todo momento, algo que me indicaba que no iba del todo mal pese a que no había señales de los km. ni nada por el estilo.
Justo al final de la subida más dura, la que terminaba en el Mercado Central unas vocecitas me gritaron: "¡Vamos, papiiiii!" Eran la Gbka. y los trotones, a los que no esperaba allí, y que me dieron una alegría tremenda. Yo iba más o menos delante y un poco más y casi no me ven, pero llegaron a tiempo y me pudieron saludar. Como los quiero.
A partir de ahí ya sabía que lo que quedaba era en bajada, así que era a mariquita el último. Yo seguía teniendo la referencia del galgo delante y cada vez que veía que se me iba un poco intentaba otra vez acercarme a él sufriendo como no lo había hecho nunca.
A falta de 800 m., más o menos, me adelantó otro corredor que pilló al galgo y en vez de adelantarlo se quedó con él y lo que hizo con ello fue cometer el mayor error de su vida: tocarme los h*evos y quedarse a tiro. Al fin y al cabo el galgo había ido por delante toda la carrera y tampoco me había hecho nada, pero éste cometió la osadía de adelantarme y no ajusticiarme. Arrieritos somos. Me acordé de Nai* y ya sólo tenía un objetivo: pasarle en la recta de meta, así que aguanté como pude su ritmo ayudado por los aplausos y gritos de mi madre y entré en la recta unos cinco metros por detrás de él, con lo cual el pobre al final nada pudo hacer. Cayó como un atún de Barbate. Y por su culpa el galgo también cayó en los últimos 50 metros.
Pasé bajo el arco de meta en 13'47'', a 3'37'' de media, otro tiempazo que jamás habría podido imaginar.
Tras pegar un trago de agua para enjuagar la sangre de la garganta y recuperar el resuello perdido continué una vuelta más al circuito aprovechando que las calles seguían cortadas.
Había mucha gente que iba haciendo el recorrido andando, así que en el enfriamiento pude recorrer las mismas calles, esta vez sí, al trote, disfrutando de una ciudad invadida de corredores, de niños, de gente disfrazada, de paseantes, de carritos de bebé, en definitiva, de miles de personas que quieren que Alicante tenga sus carreras populares como todas las ciudades de España.
Tras hacer estos 3.800 m. de la segunda vuelta para enfriar me quedé un ratito con la familia estirando y comentando la jugada, saludando a los conocidos y ya pensando en comer algo ligero porque por la tarde tocaba doblar y lo de Alcoy eran ya palabras mayores.
Nos fuimos para casa a preparar la comida para comer pronto e intentar descansar algo y a las cinco de la tarde pusimos rumbo a Alcoy.
Pero eso será otra crónica...