La paradoja de los extensores
Hace unos días se dijo que quizá fuera conveniente dar una visión más comprensible, menos técnica, del método POSE. También se llegó a decir que las explicaciones del método que ofrecíamos AntonioC y yo eran en muchos casos superfluas (concretamente se decía que había poco grano y mucha paja). Bien, creo que es hora de continuar con el hilo y dar satisfacción, al menos en parte, a quienes nos han objetado falta de claridad.
Mi idea es dar una versión compresible de las ideas del N. Romanov (el inventor de POSE) sobre cual es el sustrato, el punto de partida de POSE. La idea fundamental es que cuando corremos no avanzamos porque empujemos con nuestro pie contra el suelo y el suelo (por el principio acción reacción, según el cual a toda acción –empuje- surge en respuesta una reacción -impulso- y así, cuando empujamos con el pie contra el suelo, éste nos impulsa). N. Romanov pone de manifiesto que no corremos por los motivos que tradicionalmente se ha creído. En realidad corremos porque activamos los músculos de modo que permitimos que la fuerza de la gravedad haga su trabajo. Todo trabajo que se oponga a la gravedad más allá de mantener el nivel de nuestras caderas, cuerpo y cabeza, es un trabajo ineficiente. En esta línea va el método POSE.
Hay un artículo escrito por N. Romanov que se titula la paradoja de los extensores. Para introducir al lector en el artículo, conviene decir, simplificando las cosas, que en la pierna los músculos extensores son aquellos que permiten estirarla, mientras Flexores serían aquellos que permitirían doblarla. Romanov hace referencia a la llamada “paradoja de los extensores”. Esta expresión fue acuñada en un libro de Peter R. Cavanagh titulado “Biomechanics of distance running” (biomecánica de las carreras de fondo). ¿A qué se refiere Cavanagh con la expresión “paradoja de los extensores”?
Vayamos con el capítulo del libro de Cavanagh titulado paradoja de los extensores. Comienza diciendo que “es bien sabido que la flexión de rodilla tiene lugar después de que el pie aterrice tomando contacto con el suelo con la finalidad de amortiguar el impacto. Una vez que finaliza el movimiento descendente del centro de gravedad (situado en la cadera) asociado a la necesidad de amortiguación, comienza la extensión de rodilla y así continúa la fase propulsiva del ciclo de carrera”.
No obstante, Cavanagh remarca que hay estudios mediante electromiografía (dispositivo que detecta la actividad nerviosa en un músculo concreto) que indican que el cuádriceps no registra actividad nerviosa durante buena parte del llamado impulso de zancada. ¿Cómo se explica que la rodilla se extienda (o dicho de otro modo la pierna se estire) sin que haya actividad en el cuádriceps? ¿Cómo se extiende la pierna con el cuádriceps en silencio?
Antes de continuar, indico los enlaces donde figuran el artículo de Romanov titulado “ la paradoja de los extensores” y la trascripción del capítulo del libro de Cavanagh con la misma rúbrica, ambos en inglés. Confío en que este escrito ayude a los que no dominan el inglés a comprender ambos artículos.
THE EXTENSOR PARADOX IN RUNNING - Training With Dr.Romanov
Sigamos con lo anterior. Cavanagh por su parte emprendió un estudio electromiográfico de la actividad de los cuádriceps (recto anterior, vasto interno y vasto externo) durante la zancada. Observó lo mismo que en los estudios anteriores. El cuádriceps se activaba para amortiguar la caída (el aterrizaje del pie) y ejercía una función de amortiguación. La actividad del cuádriceps se prolongaba hasta el inicio de la extensión de rodilla y una vez transcurridas 30 milésimas desde el comienzo de la extensión, dejaba de registrarse actividad nerviosa en el cuádriceps. Veamos un gráfico de cómo se producía esto.
http://www.posetech.com/training/ima...ox-Fig6-7a.jpg
Se podía apreciar que a pesar de que la rodilla seguía extendiéndose, ya no se registraba actividad nerviosa a partir de las 30 milésimas desde el momento en que se iniciaba la extensión. ¿Cómo se podía extender la rodilla si el cuádriceps no actuaba?
Se especulaba con que fueran los extensores de cadera (glúteo e isquiotibiales) los músculos encargados de extender la rodilla, pero las electromiografías mostraban que durante la extensión de rodilla tampoco había actividad de isquiotibiales ni glúteos. ¿Entonces qué diablos ocurre? ¿Cómo se extiende entonces la pierna?
Romanov sugiere que Cavanagh vio una paradoja en este experimento porque partía de la idea antigua -y equivocada- de que las piernas nos dotan impulso para correr. Y esto no es así. Es la gravedad lo que nos hace avanzar hacia adelante y lo que hace que la pierna se estire sin tener que activar el cuádriceps para ellos. ¿Cómo actúa la gravedad? La gravedad hace que la cadera, donde está nuestro centro de gravedad, caiga hacia abajo. Al caer la cadera abajo y estar la cadera unida al fémur, se produce una extensión de la pierna, es decir, que el ángulo que forma el fémur con el suelo va disminuyendo al caer la cadera por la acción de la gravedad. Pero también podemos ver que cuando corremos la cadera no cae de nivel. ¿Qué es lo que hace que la cadera no avance a la par que cae de nivel cuando corremos, sino que se limite a avanzar horizontalmente sin caer de nivel?
Un momento de reflexión. ¡Respuesta! La articulación del tobillo. En efecto, la cadera no puede caer más porque el pie lo impide. Al extenderse el tobillo (lo que ocurre cuando la punta de pie se aleja de la rodilla, lo cual se llama flexión plantar o extensión de tobillo) el pie mantiene la altura de las caderas sin necesidad de que actúe el cuádriceps. Es la gravedad la que extiende la pierna y el pie al extenderse lo que contribuye a que el nivel de las caderas no baje.
Imaginemos que la base que sostiene la torre de Pisa se desmorona y esta cae a plomo. La parte más alta de la torre de pisa estará haciendo un movimiento horizontal y vertical a la vez. Avanzará a la vez que cae. Si no avanzara a medida que cae, la parte más alta de la torre caería a los mismos pies. De modo que experimente un movimiento horizontal que la aleja de la base y un movimiento vertical descendente que la lleva al suelo. Lo mismo ocurre cuando cae un árbol que ha sido recién cortado por un leñador que lo empuja ligeramente hacia donde cree que va a caer (esperemos por su bien que acierte). Es obvio que la punta del árbol no cae donde está la base, sino que su caída es pendular y la punta del árbol caerá unos metros más allá de donde se sitúa la base del árbol. Nuestras caderas cuando corremos son la punta del árbol. Ni más ni menos. Ahora bien, a diferencia de lo que ocurre con la punta de árbol o con la parte más alta de la torre de Pisa, nuestras caderas no pierden nivel. Se mantienen más o menos a la misma altura a medida que las piernas se extienden y están cada vez más inclinadas hacia delante. ¿Por qué se mantiene la altura de las caderas? Porque a medida que la pierna se inclina hacia adelante el pie se va extendiendo, de forma que hace posible que el nivel de las caderas sea constante en su avance. Así se logra que las caderas avancen horizontalmente.
Dice N. Romanov en relación con las conclusiones de Cavanagh:
“La idea común de que la extensión de las articulaciones de la pierna constituye una fuerza de propulsión en la carrera a pie, no cuenta con el sustento de los datos relativos a la actividad eléctrica en los músculos responsables de la extensión de tobillo en el estudio señalado (el que da lugar al capítulo rubricado por Cavanagh como“la paradoja de los extensores”). Pero al mismo tiempo no se extrajo (se refiere al citado autor del estudio) ninguna conclusión acerca del papel de la gravedad en la carrera a pie.
Si tomamos la gravedad como fuerza motriz en el avance horizontal del cuerpo, es lógico que los músculos responsables de la extensión de la pierna no interfieran en la acción de la gravedad. Es fácil llegar a la conclusión de que esta lógica data desde el nacimiento de la vida en la tierra. Bajo este punto de vista, los esfuerzos conscientes para propulsarnos hacia adelante son ignorados por la naturaleza. Sin embargo, la percepción del esfuerzo de determinados músculos en la fase de amortiguación tras el aterrizaje del pie nos produce la ilusión de que empujamos para despegar. Muchos atletas creen sinceramente en la eficiencia de este empuje para impulsarnos y la necesidad de este impulso para poder correr, lo que sucede debido a la aparentemente real percepción de cómo se corre.
El sentido común a menudo es engañoso y no coincide con la lógica abstracta, la cual hemos de usar para percibir la realidad oculta que hay en los distintos sistemas dinámicos. Para este asunto, hemos de usar el sistema de referencia de la Naturaleza, empleando una terminología científica, con arreglo a la cual la gravedad es una fuerza predominante. Después estudiaremos cómo las distintas fuerzas operan en un sistema jerarquizado, cada una con un espacio y tiempo adecuados para su participación en el sistema".
Úlima edición por SanchoPanza fecha: 28-01-2010 a las 19:02