Ya no voy a necesitar girar la cabeza una y otra vez mientras corro para comprobar que vienes al galope allá a lo lejos después de haberte entretenido con el último rastro de vete tu a saber qué...
Ya no tendré que silbar apenas sin aliento para llamar tu atención y evitar perderte de vista por los caminos...
Ya no volveré a alucinar con tu desmedida reacción de alegría al verme prepararme para salir a trotar...
Ya no estás aquí y parece que el mundo a dejado de existir tal y como lo conocíamos tu y yo... ya no tengo ganas de correr, ni de levantarme por las mañanas, ni siquiera de llegar a casa, pues en cada una de estas acciones me falta tu generosidad sin límites...
Ya no voy a continuar lamentándome y me calzaré de nuevo las zapas para destilar este inmenso dolor con cada gota de sudor y voy a dedicarte la próxima salida por estos caminos que tantas veces recorrimos juntas disfrutando... donde quiera que estés me has hecho inmensamente feliz acompañándome en mis corredurias y me consuela saber que esa felicidad fue mutua... ya sé que nunca más volveré a correr sola...

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