No hago más que llegar a casa el otro día y me suelta mi mujer: tu estás muy mal tío (pronúnciese con rintintin). Me tuve que tumbar en el sofá y pillar un par de bolsas de hielo… pufff.

En nada mejoró los siguientes días, más bien al contrario. Mis maltrechos tobillos dijeron basta. Esta vez de verdad, no como otras veces que no dejaba de ser una amenaza más o menos velada. Como quien mira con soslayo tras una cortina, esperando que pase de largo sin verte, así estaba yo jugando con mi suerte en la esperanza de que la próxima tirada me saldría favorable… pero no siempre los dados suman 7. La suerte es inconstante y ya estoy frente al peor de mis temores: ya no será suficiente unos días más de descanso, ni más hielo, ni el fisio,… esto huele a parón largo.

Pero no es esto por lo que os voy a pedir ayuda, para males del cuerpo, médicus mundi. Me toca recomponer el alma. Os cuento: no es fácil hacer entender a tu entorno que yo no corro por ser fashion. Yo no soy un runner, que quede claro. Cuando no había ropajes técnicos, cuando lo mejorcito que había eran unas John Smith –sí, sí, las que llevan las chicas ahora para ir a la moda--, cuando se le llamaba jogging o footing, en aquellos lejanos años yo ya estaba ahí. Yo soy un corredor, en letras mayúsculas, y lo digo con el orgullo de quien no se apunta a esta fiebre runner actual sobrevenida.

Entiendo la honestidad e integridad como un valor, yo me considero honesto, soy incapaz de traicionar mi naturaleza. Y en este sentido razono que cuando mi pareja me conoció “eso de salir correr” ya venía conmigo en el pack. Pero bueno, estos análisis ya sólo me sirven de autoayuda, fuera de mi universo, son inútiles. Ahora entiendo cuanto sufren las parejas de los corredor@s, y que hay que poner en valor lo que es tener a tu lado alguien día a día.

Joder, al principio super bien, incluso molaba contarlo. Pasaron los años y solo solito me quedé tirando kilómetros, semana tras semana. Ahora, igual que mi tobillo, mi relación comienza a flaquear. En la ecuación niños, trabajos, amigos, familia, no termino de encontrar la variable que encaja en “maratones”. Y lo que es peor, imposible hacer entender que no pienso en otra cosa.

Acepto el paso de los años, el deterioro que sin duda he sufrido a causa de acumular kms. Pero no soy capaz de ponerle razón. En verdad estoy “enfermo”, pero del alma. Porque la auténtica realidad es que igual que los planetas orbitan alrededor del sol, mi vida se llena de energía en cuanto planifico cuantas veces saldré a correr cada semana. Ya ni miro la climatología, me he hecho insensible a cualquier meteoro que intente hacerme desistir. Es una sinrazón. Por supuesto que quiero a mis niños, y a mi pareja, y a todos que me rodean, a ver qué os pensáis!.

Tardé algún tiempo en captar el mensaje, aquel “tu estás muy mal tío” (con su ritintin) llevaba una carga de profundidad que me costó ver (punto aquí para mi madre que ya me venía avisando).

He decidido tomar las riendas de la situación. Esta vez firmemente, no como otras que se me cruzaba éste o aquel maratón y volvía a dar todo al traste. He pensado tomarme impasse en forma de vacaciones con mi pareja y los chicos. Les quiero sorprender, quiero triunfar. Muchas vueltas le he dado (la verdad es que soy de gustos muy sencillos) y creo que me decantaré por ir al norte, probablemente sea un destino más familiar y tranquilo: la cornisa cantábrica se me antoja perfecta para una escapada familiar y tranquila… preciosos paisajes, buenas carreteras, playitas. Perfecto!. Aquí es dónde me podríais ayudar, por si mejora estos días mi tobillo… ¿me llevo sólo la trail mixtas o hecho también las glycerin?


Gracias por vuestros sabios consejos