Cómo dar un masaje deportivo

El masaje deportivo es una técnica manual que tiene como finalidad mejorar tu rendimiento y estado físico. Se puede emplear tanto como preparación previa al entrenamiento o competición, como para estirar y relajar la musculatura después de realizar el entrenamiento. Además, se diferencia del resto de masajes porque va orientado a beneficiar a los músculos específicos que se hayan sometido o vayan a someterse a una carga de entrenamiento, siendo los beneficios: prevenir lesiones, aliviar el dolor, estirar y relajar tus músculos mejorando su elasticidad, estimular la circulación sanguínea y relajar tu mente destensando los músculos.

Debes entender el masaje deportivo como una parte de tu entrenamiento, ya que aplicándotelo conseguirás adelantarte a algún posible dolor y, sobre todo, podrás prevenir lesiones. Además, puedes complementar el masaje deportivo con técnicas dedicadas a la enlongación muscular y a la descontracturación. Una correcta aplicación de un masaje deportivo debe perseguir un acondicionamiento óptimo de todos tus grupos musculares, para ello, se debe realizar según una serie de técnicas y siguiendo unas normas:

Posición correcta

Procura adoptar la posición correcta mientras te das el masaje intentando no descuidar tu cuerpo. Concéntrate en la respiración y en mantener la columna recta para evitar así sobrecargas innecesarias en tus hombros.

Ambiente relajado

Crea un ambiente adecuado, con música relajante, buena iluminación y temperatura, sin ruidos, y siempre con una buena actitud para que puedas disfrutar de un buen masaje.

Detecta las tensiones

Antes de empezar a darte el masaje realiza una exploración previa con la finalidad de detectar alguna tensión. Palpando los músculos propulsores y estabilizadores de tu tren inferior conseguirás adaptar el posterior masaje.

Evita los cambios bruscos

La forma de ejecución del masaje debe ser constante, de forma profunda e intensa y evitando cualquier cambio brusco.

Siempre que cambies de grupo muscular debes empezar de forma progresiva para que puedas adaptarte a la sensibilidad de cada uno de ellos. De esta manera evitarás cualquier presión que pueda generar algún tipo de dolor innecesario. Respecto a la dirección del masaje, debes orientar los movimientos en dirección hacia el corazón.

Técnicas del masaje deportivo

Por último, las técnicas que debes emplear se distribuyen en cuatro fases (rozamientos, fricciones, amasamientos y vaciamientos):

– Rozamientos: utiliza toda la palma de la mano procurando no perder el contacto con la piel para mantener la temperatura corporal. Sobre todo, no presiones los grupos musculares ya que esta técnica tiene como objetivo estimular la circulación sanguínea y aumentar la sensibilidad de tus músculos.

– Fricciones: en esta técnica debes de colocar una mano encima de la otra para conseguir comprimir el músculo con mayor firmeza, con el objetivo de favorecer el flujo sanguíneo. Vigila el ritmo ya que el movimiento debe ser suave, lento y controlado.

– Amasamiento: coloca las manos contrapuestas y realiza movimientos alternos (como si le dieras puño a la moto con las dos manos, pero en direcciones opuestas). Esta es una técnica en la que tienes que profundizar de forma intensa, debes de presionar el músculo en su inserción y a lo largo de toda su extensión.

– Vaciamiento: es parecido a las fricciones pero se aplica ejerciendo una mayor fuerza. Es la técnica en la que tienes que profundizar de forma más intensa. Su objetivo es drenar al músculo para facilitar la recepción de nueva sangre. Es la última técnica que te tienes que aplicar para eliminar toxinas y disminuir la fatiga muscular.

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