Pie de atleta es una infección micótica producida por hongos y generalmente debido a falta de higiene en los pies o un mal secado cuando te bañas o te duchas. Además, contagiarse es relativamente fácil, ya que se puede producir por el simple contacto de un individuo a otro a través del suelo si vas descalzo, como en piscinas, duchas o vestuarios.

Los hongos hacen que la piel del pie se vuelva frágil y quebradiza en los pliegues y entre los dedos, y se puede detectar también porque la piel se torna blanquecina y desprende mal olor.

Prevención

Lavado todos los días de los pies con agua y jabón, incluso puede hacerse con grasa de ácido salicílico para mantenerlos limpios. Un secado a conciencia es igual de importante, sobre todo poniendo especial atención en las zonas más inaccesibles, entre los dedos.

Además, es preferible usar algún tipo de calzado para andar por el vestuario o las piscinas, ya que el agua estancada suele favorecer al contagio de los hongos.

Renovar los calcetines regularmente y un calzado siempre transpirable también son las claves para prevenir el pie de atleta. Los corredores que tengan este tipo de problemas deberán evitar las zapatillas con Goretex o ese tipo de compuestos que aislan más el pie. Aunque no se practique deporte, el calzado en general tendrá que ser transpirable y que favorezca la evaporación de la humedad.

Tratamiento

El pie de atleta se trata con medicación antimicótica -siempre bajo transcripción médica- y no suele haber más problema que un par de semanas siguiendo el tratamiento. Para evitar las recaídas habrá que seguir a conciencia los consejos dados para la prevención.

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