¿Tienes miedo a dejar de fumar y engordar? ¿Dejar de fumar y subir de peso o seguir fumando y mantener el peso? Es un auténtico dilema para quien se lo propone pero, mirando por la salud, siempre será mejor dejar de fumar, pues son de sobra conocidas las consecuencias negativas que tiene el tabaco.

Por otra parte, la obesidad junto con el tabaquismo constituyen dos de los principales factores de riesgo de enfermedades del corazón, lo que te puede llevar a pensar que dejar de fumar no resulte tan beneficioso, pero no te confundas, dejar de fumar tiene un efecto muy positivo sobre el riesgo cardiovascular, aunque se aumenten unos cuantos kilos de peso.

¿Se aumenta realmente de peso al dejar de fumar?

Es cierto que se pueden llegar a engordar hasta unos 10 kg durante el primer año de abstinencia, pero son muchas las personas que recuperan su peso normal dentro de ese primer año. Aunque aún no se conocen las causas directas, se ha podido observar que cerca del 65% de los aumentos de peso se debe a un incremento de la cantidad de calorías ingeridas.

Martin et al. (2005) en su estudio titulado “Insulin Resistance, the Metabolic Syndrome, and Incident Cardiovascular Events in the Framingham Offspring Study” examinó los hábitos de fumar y la salud cardiovascular de alrededor de 3000 participantes entre los años 1980 y 2000, según los resultados del estudio, los exfumadores que habían permanecido sin fumar durante más de cuatro años tenían un riesgo 54% menor de enfermedades al corazón que los fumadores, aunque se mantuvieron en un peso superior de entre 2’5 y 5 kg durante un periodo de 4 años.

En este estudio se concluyo que “dejar  de fumar tiene un efecto muy positivo sobre el riesgo cardiovascular de los pacientes con y sin diabetes, incluso si experimentan un aumento de peso moderado“.

¿Por qué se engorda al dejar de fumar?

Dejar de fumar genera más hambre debido al síndrome de abstinencia causado por el efecto psicológico y por la nicotina, principalmente.

El cigarrillo suprime el apetito, muchos fumadores sustituyen las comidas secundarias como, el almuerzo y la merienda, por el cigarrillo. La nicotina interfiere en la liberación de insulina provocando un descontrol en los niveles de glucosa en sangre, lo que vuelve a la persona hiperglucémica, haciendo que el cerebro genere pérdida de apetito en cada calada que das.

Además, fumar inhibe el sentido del gusto en el paladar y hace que no saborees las comidas. Al dejar de fumar, las ganas de volver a hacerlo generan un fuerte e incómodo estrés, siendo lo más habitual que se busquen alternativas para calmar ese estrés, como comer más.

¿Cómo evitar el aumento de peso?

Es necesario llevar un control nutricional durante el síndrome de abstinencia, evita los restaurantes de comida rápida y picar entre horas, respeta los horarios a la hora de comer, haz más de tres comidas al día y asegúrate de que lo que tengas más a mano sean alimentos con bajo contenido en grasas y en carbohidratos.

Una dieta adecuada para dejar de fumar sería una saciante, rica en antioxidantes y fibra, con carbohidratos de absorción lenta, que mejore el estreñimiento y que depure el organismo, ten en cuenta que fumar no engorda si llevas buenos hábitos alimenticios.

Por último, si estás planeando dejar de fumar, practicar actividad física de te ayudará a controlar tu peso con mayor eficacia.

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