El queso suizo AOC (Appellation d’Origine Contôlée) no sólo es el popular Gruyere, también lo son otros tipos de queso como Appenzeller, Sbrinz, Emmentaler, Raclette o Tête de Moine.

¿Qué significa AOC?

La terminación AOC, que significa Denominación de Origen Controlada, es un sello francés creado por el Ministerio de Agricultura que protege el origen y la calidad de un producto alimentario. Esta denominación de origen garantiza un queso 100% natural, el más adecuado para los corredores.

Hay cientos de AOC diferentes en Francia, este tipo de denominación existe en el país del amor desde 1935. Al principio, solo estaba presente en vinos pero, posteriormente, se extendió a otro tipo de productos, como en el caso de los quesos.

¿Cómo se elaboran?

Los quesos suizos están elaborados a base de leche cruda de vaca, sal y una pequeña dosis de cuajo natural y fermentos lácteos, sin aditivos y con un tiempo de maduración natural. La leche proviene de vacas alimentadas con pastos naturales, no tratadas con hormonas ni antibióticos.

¿Cuáles son sus beneficios?

Son ricos en calcio, vitamina D, fósforo y proteínas, como otros lácteos. Sin embargo, al ser elaborados con leche cruda, son más digeribles porque mantienen la flora bacteriana presente de forma natural en la leche.

Tan solo tienen el inconveniente de que son alimentos muy calóricos ya que poseen un alto contenido en grasa, así que se tienen que consumir en pequeñas cantidades. Durante el proceso de maduración del queso, su grasa se distribuye en minúsculos glóbulos, más fáciles de digerir y que aportan vitaminas liposolubles como la A, D, E y K.

Por otro lado, los quesos suizos son ricos en el aminoácido triptófano, que ayuda a prevenir y a superar los problemas de insomnio, estados depresivos, ansiedad e incluso fobias.

El queso suizo Tête de Moine AOC

Si tuviéramos que recomendarte un queso, sin duda sería el ‘Tête de Moine’. Es un queso suizo con denominación de origen muy especial: no se corta, se raspa con una navaja (girolle) que, al girar, proporciona unas laminas enrrolladas en forma de flor.

Su traducción literal es “cabeza de monje”porque para rasparlo hay que destaparlo, lo que recuerda al curioso afeitado de la cabeza de los monjes cuando se empezó a fabricar tantos siglos atrás en la región suiza del Jura. Este tipo de corte potencia el aroma y el sabor del queso. Tiene un 25% de proteínas lácteas, si no te guste el olor del queso, te puede echar desagradar un poco, pues es extremadamente oloroso.

Además, es rico en calorías, con 420 por cada 100 gramos, pero ten en cuenta que con este tipo de corte, las raciones se minimizan. El raspado también potencia su sabor y su aroma gracias al contacto con el oxígeno.

Ensalada con lechuga, pera y Tête de Moine

Este tipo de queso combina muy bien con pera y nueces, y le da un auténtico sabor a la lechuga. Además, la presentación con las flores del queso suizo hacen de esta ensalada un excelente plato:

Ingredientes:

  • Una lechuga.
  • 5 rosetas de Tête de Moine.
  • 1 pera madura.
  • 10 gramos de nueces.
  • 1 cucharada de zumo de limón.

Preparación: limpia la lechuga y córtala en pedazos; lava la pera y córtala en cuatro partes, rociándolas con zumo de limón. Por último, adorna con las flores de queso, sazona con sal y pimienta y salpica la ensalada con nueces picadas y con la salsa que te apetezca (mostaza picante, aceite de oliva, vinagre de Modena, etc.).

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