La práctica mental como técnica de concentración permite al deportista recrear una situación concreta de la competición (o incluso del entrenamiento), pero para llevarla a cabo se requiere de cierta capacidad de imaginación para poder relajarse y concentrarse en las situaciones de su ámbito deportivo, pues no basta con imaginar la situación de forma intuitiva u ocasional, sinó que hay que practicar de forma sistemática para ser capaz de imaginar los sonidos, sensaciones y emociones de una competición.

Esta técnica de concentración es muy útil para determinados momentos en los que son muy importantes la concentración, como, por ejemplo, la salida de tacos de una carrera de velocidad, el lanzamiento de un penalty en fútbol o de un triple en baloncesto.

Uno de los requisitos de la práctica mental es hacerse en grupos o parejas, y mientras que el deportista se intenta concentrar en la situación, el resto intenta distraerle y desconcentrarle con palabras, gritos o cualquier medio que no requiera el contacto.

Al acabar, tras un tiempo imaginando la situación, el deportista indica qué nivel de concentración ha alcanzado. Se puede hacer una escala, siendo 0 nada concentrado, y 5 totalmente concentrado.

La clave de la práctica mental reside en que el deportista que la ejecuta tiene que imaginarse a sí mismo con el nivel y la técnica óptimos en la situación del partido o actividad que realice, controlando la respiración, moviéndose y ejecutando a la perfección todo lo que su deporte requiera, recordándose que en ese momento tiene que seguir su rutina de actuación.

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