Por marcas y regularidad, José Arconada era la principal baza española en 800 metros para Barcelona-92. Llegó a Montjuich en el mejor momento de su carrera, pero en el día D y a la hora H todo le salió al revés. Se bloqueó de tal manera que marcó un registro tres segundos por encima de lo habitual. En definitiva, eliminado a la primera en la carrera más importante de su vida. Hubiera sido como para salir corriendo, pero abandonó la pista en camilla. A la derecha, Arconada, en la actualidad, en la pista de Las Mestas.

Cuando José Arconada estaba en el momento cumbre de su carrera, la prueba de 800 metros tenía más competencia que nunca en España. Por eso se quedó a las puertas de vivir su primera experiencia olímpica en Seúl: «Me la jugué en una carrera en Atenas, que salió muy rápida, con keniatas que hacían 1.43. Pinché a 60 metros de la meta, entré casi andando y me pasó Tomás de Teresa. Me quedé a diez centésimas de la mínima».

Pese a los intentos de la Federación de reclutarlo para la concentración de los mejores atletas en Madrid, Arconada cumplió el ciclo olímpico en casa. «Fueron incapaces de convencerme. Solía viajar a Madrid con Adelino y Lorenzo Hidalgo. Ninguno de los tres aguantaba más de una semana. Gijón es de los mejores sitios de España para entrenar. Por instalaciones, servicios médicos y, sobre todo, la temperatura, que es un privilegio».

En 1992, Arconada ni siquiera tuvo que salir de Asturias para buscar la mínima que le pedían para estar en Barcelona: «Montamos una carrera en Oviedo, en la pista de San Lázaro, a menos de un mes de empezar los Juegos. Vinieron atletas de fuera de Asturias y nos hizo de liebre Miguel Cuesta hasta el 600. Hice la mínima, con 1.45.60». El cántabro Tomás de Teresa y el madrileño Luis Javier González tuvieron que ganárselo una semana después, de nuevo en Atenas.

Arconada se plantó en Barcelona como la principal baza española para el 800, aunque siempre con modestas aspiraciones ante los intratables africanos. El gijonés se había proclamado meses antes subcampeón de Europa en pista cubierta y su objetivo más realista era entrar en semifinales. A la hora de la verdad, nada de nada: «Los tests que hicimos hasta el final fueron buenos. Pero en la carrera me encontré mal. Pasé la meta y no pude dar ni un paso más. Me mareé. Sentí una gran impotencia cuando me llevaban en camilla».

Han pasado casi diecisiete años, pero José Arconada sigue dándole vueltas a lo que ocurrió aquella tarde del 31 de julio de 1992, en el estadio olímpico de Montjuich. La explicación que él encuentra más plausible tiene que ver, de nuevo, con su aversión a estar fuera de su ambiente: «Me fui a Barcelona casi una semana antes de participar. Hacía muchísimo calor y recuerdo que aquellos días comí poquísimo. No sé si en la carrera me faltó glucosa. Pasé por el 400 pensando que iba muy bien y después, a falta de 200 metros, intenté cambiar y estaba totalmente agarrotado. El caso es que salió una carrera cómoda para mí, pero nada, no andaba. Fue una impotencia tremenda».

Un atleta acostumbrado a rondar el 1.46 paró el cronómetro en el estadio olímpico en 1.49.23. «No lloré porque no me salían las lágrimas», recalca ahora Arconada. «Si me caigo, o me pasa algo raro, todavía, pero quedarme bloqueado de esa manera... Psicológicamente no me he recuperado todavía. Estar en un evento como ése, con todo el mundo pendiente, y que me pase lo que me pasó...».

Pese a la depresión, José Arconada decidió quedarse en la villa olímpica para disfrutar de los Juegos como espectador: «Estuve hasta el último día, casi siempre metido en el estadio. Fue espectacular ver a Cacho ganar el 1.500. Y otras pruebas de máximo nivel. Disfruté mucho». En la ceremonia de clausura volvió a pisar el tartán, desquitándose de su ausencia en la apertura. «Estuve en inauguraciones de campeonatos del mundo y seguro que hubiera sido algo especial».

Ahora, con la perspectiva que dan los 16 años transcurridos, Arconada se siente un privilegiado: «La gran ilusión de mi carrera era participar en unos Juegos y la cumplí. Si no, hubiera sido como si me faltara algo. Una vez allí esperaba hacerlo mejor, pero era consciente de mis limitaciones. En aquel momento, en un Mundial o unos Juegos había 15 o 16 atletas que corrían en menos de 1.45». Arconada lo volvió a intentar cuatro años después, pero no logró la mínima para estar en Atlanta.

José Arconada Ramos

Nació el 18 de enero de 1964 en Gijón. Empezó a practicar atletismo, con 14 años, en el Colegio Rey Pelayo. Después, pasó al Grupo Covadonga, con el que se proclamó subcampeón de España juvenil de 800 metros. Además de Barcelona-92 (eliminado en primera ronda), participó en el Campeonato del Mundo de Goteborg-93 y logró la medalla de plata en el Campeonato de Europa de pista cubierta de Génova, en 1992. También fue cuarto en el Europeo bajo techo de Glasgow-90. En la actualidad, es el responsable de la sección de atletismo del Grupo Covadonga, además de entrenar a los atletas de mediofondo y fondo. Es propietario de una tienda de deportes en Gijón.

Gijón, Mario D. Braña
Fuente: La Nueva España