LEÓN.— Salva Calvo no deja de romper barreras. El deportista leonés acaba de sumar un nuevo hito a una carrera deportiva tan atípica como sobresaliente al ganar la séptima edición del maratón del desierto de Gobi al que acudía por primera vez el corredor de Brimeda. Iba para probar, pero en su cabeza no caben más ideas que las de ganar y en aquel desierto que pisaba por primera vez, no sólo se llevó la victoria sino que la logró bajando de las tres horas y aventajando al segundo clasificado en más de una hora. Una distancia sideral, más de la que cualquier deportista de elite haya conseguido nunca respecto a sus perseguidores. Una exhibición más del Gebrselassie de la Cepeda,.

Hasta el desierto de Gobi habían llegado corredores de varios países (Canadá, Estados Unidos, Japón, Australia, Alemania, Bélgica, Francia, Mongolia y España). Todos ellos buscaban un prestigioso triunfo en un terreno duro y en una climatología extrema. Tendrán que probar de nuevo porque entre ellos estaba un cepedano que puede presumir de haber corrido y ganado carreras en cuatro continentes [sólo le falta irse a Oceanía, pero todo se andará], que igual es capaz de atravesar un desierto a una velocidad impensable que subir montañas de tres mil metros a un ritmo infernal o plantearse subir un 'ochomil' con raquetas.

Salva Calvo, es un aventurero de verdad, de los anónimos, de los que huyen del boato al que son tan dados las 'pseudoestrellas' que nunca le llegarán a la altura de sus talones; de los que en lugar de sacar pecho para presumir, que tendría muchos motivos para hacerlo, casi guarda sus hazañas para él mismo; de los que se dejan su dinero en el empeño, porque él no vive de subvenciones y todas sus carreras las cubre con el dinero de su cuenta corriente y a base de sacar días de sus vacaciones. Hasta en eso es atípico

Sus anteriores hazañas habían tenido por escenarios los rincones más raros de España y la más famosa, la Muralla China, donde antes del verano se impuso a lo grande, superando los desniveles y los miles de escalones que jalonaban la Gran Muralla con una superioridad casi insultante.

Desde que ganó en el corazón de China, Salva Calvo ya se puso a pensar en su siguiente 'locura'. Encontró un nuevo reto en uno de los lugares más inhóspitos del planeta, el desierto de Gobi. La exhibición que dio quedará para el recuerdo.

Después de dormir la noche anterior a la carrera en un ger [la tienda que usan los nómadas mogoles] y levantarse a las 7 de la mañana para trasladarse a la salida, que no son las condiciones ideales para una carrera de más de 40 kilómetros, Salva Calvo se enfrentó a un día que amanecía frío y nublado. Quedan claras las primeras diferencias desde la salida. Muchos corredores optan por salir con ropa térmica, pero Salva Calvo, curtido en miles de kilómetros con niebla, agua y nieve por los Picos de Europa, opta sale con camiseta de manga corta.

Nada le podía parar. Para paliar el frío decidió salir fuerte y en un abrir y cerrar de ojos, el cepedano ya estaba solo al frente de la carrera. Nadie le volvió a ver el dorsal. Ni el terreno plano, ni las dunas que aparecían a mitad de la carrera, ni el fuerte viento de cara, frenaban un ritmo de poco más de cuatro minutos el kilómetro que llevaba el leonés que en el tramo final, con constantes subidas y bajadas, justo lo que más le gusta a él, acababa elevando su distancia sobre un estadounidense, Jake, y un canadiense, Roland, que sólo conseguían alcanzar la meta cuando Salva Calvo llevaba ya una hora descansando, después de una espectacular carrera cubierta en 2h.58. Sencillamente impresionante.

Y ahora, a una carrera de 150 km en Cabo Verde

Las hazañas de Salva Calvo han llegado a tantos lugares de la tierra que casi tiene que echar mano de los papeles para recordar en los lugares en que ha estado y, lo que es más importante, en los que ha hecho ondear la bandera de León que siempre le acompaña, como ganador de carreras de todo tipo. Ha ganado carreras en España, en casi todos los macizos montañosos; ha triunfado entre los volcanes de la isla Reunión; se ha impuesto en desiertos como el Gobi y el Sahara... Aun con todo ello, lo mejor de Salva es que eso lo deja en el recuerdo porque en cuanto pisa tierra leonesa ya está poniendo en marcha la maquinaria para buscar el siguiente reto. El lunes aterrizaba en León y ayer ya tenía clara cuál sería la 'próxima': «Me voy a correr a Cabo Verde».

Como quien se toma un refresco, Salva Calvo ya tiene planteado el próximo reto. «Me voy a una carrera de 150 kilómetros. No la conozco más que por referencias y me han dicho que se trata de correr todo el perímetro de una de las islas de Cabo Verde, con un recorrido muy exigente, mucha humedad y un terreno muy variado», señala el atleta de la Cepeda que aprovechará estás próximas semanas para entrenarse en las montañas de León. No tiene mucho tiempo para descansar porque su siguiente aventura está a la vuelta de la esquina ya que la prueba de Cabo Verde se disputará el primer fin de semana del mes de diciembre.
César F. Buitrón
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