A lo largo de la vida de un entrenador, o de cualquier profesional de la salud en general, se escuchan o nos lanzan preguntas diversas. Una que siempre me llama la atención es . “¿Las endorfinas euforízan?”.
Bueno, como diría un tertuliano de cualquier medio de comunicación. “Me alegra que me haga esa pregunta”. Parece haber acuerdo en los científicos que han estudiado la carrera a pie. Son como unas drogas naturales de la felicidad” y se se segregan con la actividad física, y especialmente se han estudiado en corredores, nadadores y ciclistas.
Pero esto también tiene su lado malo y es que cuando faltan se echan mucho de menos. Cuando estás parado, por ejemplo al lesionarte, el carácter se altera y puedes llegar a ser insoportable para los tuyos.
Por tanto correr puede ser una estupenda fuente de placer, si esta secreción endorfínica se da.
De hecho nuestra rica lengua, el castellano a la forma verbal correr la hace reflexiva cuando quiere nombrar el cénit orgásmico. Eso será por algo ( yo soy de los que piensan que las cosas no suceden porque sí). No nos engañemos, cuando un atleta está fino correr fuerte es su gran fuente de placer. Y a la típica pregunta que, no sin maldad, se nos atribuye a los machos: Ah pero ¿es que hay otra cosa?.
Mi consejo es que quien no ha probado esta droga empiece con ella en pequeñas dosis, hay que recordar que un atracón de puede resultar lo contrario a placentero. Dejemos que el veneno llegue al torrente sanguíneo. Y poco a poco podremos inyectarnos grandes cantidades sin problemas ni efectos contra-producentes, sólo placer y nada más que placer.

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