-Entrevista necesariamente a dos bandas. Primero, para conocer las tribulaciones de un navarro en China a propósito de su reciente boda, en septiembre.
-[Luis Miguel Landa] ¡Fue larguísima, duró todo un día con sucesivas ceremonias, y eso que prescindimos de la del té! Hubo rituales con velas, cambios de traje de la novia y todo eso. Como la parte esencial del enlace tiene lugar en un restaurante, les he resumido a mis amigos: «¡Me he casado en un chino!». [Liu Dong, resignada] Landa dice que la boda china es como una carrera de maratón.

-¿Cómo se conocieron?
-[Dong]¡Hace muchos años, en el campeonato del mundo de Stuttgart de 1993! Coincidíamos en las pistas, en las sesiones de preparación. Yo entonces competía y me iba con él porque era muy buen entrenador y trataba muy bien a sus atletas, con palabras amables. Eso me llamaba mucho la atención. Le dije: «Tú quieres a tus atletas y tus atletas te quieren a ti». [Landa] Es que su entrenador, Ma Junren, era un déspota. Aquel que se hizo famoso porque decía que daba de beber a las chicas sangre de tortuga y que por eso destacaban. Dong se rebelaba y era la oveja negra de su grupo.

-¿Por qué tanta tiranía donde hay una cantera de 1.300 millones de habitantes?
-[Landa, mirando con admiración a su esposa] Las mujeres del norte de China, como Dong, son altas, fuertes y muy trabajadoras, y de ahí salía la élite. Luego, las entrenaban a morir.

-Hablará en sentido figurado...
-[Landa] ¡No! Una de sus compañeras se suicidó por la presión.

-¡Qué horror! Pero después de aquella etapa tardaron ustedes años en volver a verse.
-[Landa] No coincidimos de nuevo hasta la Universiada de 2001. Después, todo se fue consolidando a partir de 2006. Los responsables federativos chinos me pidieron que entrenara allí a sus atletas, pero la Federación Española les contestó que yo sólo podía entrenar al equipo femenino de maratón. Así que vinieron ellas, y me llevé la sorpresa de que Dong estaba al frente. Con el tiempo, ella se vino conmigo y los chinos se disgustaron. Pero ahora todo se ha arreglado y hemos reanudado relaciones laborales con ellos. Prepararemos a atletas para el Mundial de Alemania.

-¿Qué añora de China?
-[Dong, con un leve mohín de nostalgia] A mi familia y a mis amigas, con las que viví casi seis años en el internado. [Landa, emotivo] ¡No sabes cómo se quieren, han sido testigos de la boda!

-¿Y de España, qué le atrae?
-[Dong] El clima. En mi provincia los inviernos son a veinte bajo cero. También me encanta la comida.

-¿Más que la de su país?
-Es diferente. Pero muy rica: la paella, la tortilla de patatas y el gazpacho. También me gusta mi marido. [Landa] ¡¡Eso no se come!! [Dong, consciente de los malentendidos derivados de su todavía precario dominio del castellano] Quiero decir que cocinas muy bien el bonito.

-Ciertas costumbres españolas le chocarán.
-[Dong] Todo se hace muy tarde. La gente vive de noche en los bares. [Landa, sorprendido] ¿¿Pero dónde te han dicho eso?? [Dong] ¡Aquí! [La entrevista se celebra en el Centro de Alto Rendimiento del Consejo Superior de Deportes].

-Fue campeona del mundo de 1.500 metros, una distancia que también ha dado muchas satisfacciones al deporte español. ¿Cuál es el secreto de esa carrera?
-[Dong] Velocidad, fuerza y técnica. Pero también hay contacto, no va cada uno por su calle. ¡Hay que ser inteligente!

-Usted, Landa, además de entrenador de la Federación ha sido «profe» y tutor en el colegio de los jesuitas de Madrid durante muchos años. Ahí habrá tenido como pupilos a no pocos políticos.
-Como el alcalde de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón.

-No le veo hechuras de gran deportista.
-Pues te equivocas. ¡Era excelente!

Blanca Torquemada, 21-01-09
Fuente: ABC