Eritrea eleva la voz. Al menos, en el atletismo. Ya no sólo es noticia por la casi continua guerra con Etiopía -30 años-. Sus atletas pelean ahora de tú a tú con kenianos y etíopes. La joya se llama Zersenay Tadese, un héroe nacional después de su medalla olímpica en Atenas 2004 y el título mundial de cross en 2007. Pero hay otros. Por ejemplo Teklemariam Medhin, el ganador del cross de San Sebastián. Un corredor de 19 años con enorme progresión. Medhin ha ganado en Lasarte y también en el cross de Fuensalida. Sus compatriotas han sumado en España otras seis victorias en la actual campaña invernal. Kenia y Etiopía ya no están solos sobre el barro.

Los aficionados guipuzcoanos han disfrutado de exhibiciones de atletas eritreos. El gran Zersenay Tadese venció en el cross donostiarra en 2003; el joven Yared Asmeron ganó el maratón de San Sebastián (2004) a pesar de ser debutante y cuando a él sólo se le contrató para ejercer el papel de liebre. Este atleta maravilló en el Medio maratón Azkoitia-Azpeitia (2007) con un espectacular registro (1h.00:28).

El misterio/milagro de los atletas eritreos pasa por Madrid. La mánager y ex atleta Julia García invirtió y apostó por los fondistas de este país en 2000. Lo que comenzó siendo un acuerdo verbal entre el ministerio de Deportes de Eritrea y la manager española, terminó en un contrato en el que Julia aparece como la representante única de los atletas eritreos. La madrileña ha logrado acuerdos de material deportivo para la federación primero con Kelme y actualmente con Nike, lo que proporciona tranquilidad económica a los atletas de nivel.

El parásito de Tadese

Julia ha formado un grupo de trabajo en Madrid para dirigir a estos atletas. Jerónimo Bravo es el entrenador. Cuentan con el apoyo de un fisioterapeuta y los atletas pasan por el médico para tratar dolencias que en su país resulta imposible solucionarlas. «El hermano de Zersenay sufría del estómago. Nadie sabía qué le ocurría. Al final se le detectó un parásito contra el que casi no había ni medicinas», describe Julia como ejemplo.

Los corredores pasan en Madrid dos periodos. Llegan en septiembre para iniciar su preparación invernal. Compiten en diciembre y enero y regresan a su país: «Tienen que participar en el campeonato nacional de cross cara al Mundial. Además, les gusta terminar en su país su preparación antes del gran campeonato internacional. Se ven más seguros. El segundo periodo en España es de mayo a julio, ante la gran cita veraniega de pista».

Jerónimo les entrena. Julia les contrata carreras. También hace la selección de corredores que entrarán a formar parte de su grupo de privilegiados. «En unos días viajo a Eritrea. Veré los campeonatos de cross, me reuniré con la federación y con Berhane Gebremariam, la persona que controla allí a los atletas. Es eritreo. Antes fue entrenador con Etiopía».

«Intentamos que los atletas no compitan por dinero» recalca García. «No queremos mercenarios». A diferencia de muchos corredores kenianos que se prodigan con negativa frecuencia en carreras, los eritreos eligen los objetivos y piensan en alargar sus trayectorias deportivas.

El problema de invertir

La cantera de Eritrea (5 millones de habitantes) es inagotable, como la de Etiopía -al sur- y la de Kenia, aunque etíopes y kenianos llevan años de adelanto. «Eritrea tiene mucho retraso como país». Ni tan siquiera ofrece posibilidades para que los atletas inviertan sus ganancias procedentes del atletismo. Un eritreo tiene un sueldo medio de 100 euros al mes. Medhin se embolsó en San Sebastián unos 1.200, es decir, en un día ganó lo que un hermano suyo gana en Asmara en todo un año.

Los etíopes construyen hoteles en su país, compran granjas, flotas de autobuses... Eritrea no ofrece esas opciones. No es turística. «Tadese compró una gran casa y otra para sus padres, por ejemplo. Pero no se le conocen inversiones. Otros atletas mandan dinero para mantener a sus familias que son numerosas. Tekle, el ganador en San Sebastián, tiene siete hermanos y ayuda todo lo que puede».

Eritrea se independizó de Etiopía hace 16 años. Los etíopes reclaman la salida al mar Rojo. La feroz guerra tenía un fin estratégico de las zonas costeras, precisamente las que menos atletas aportan. De las regiones interiores llegan los corredores de fondo. Son ciudades a 2.500 metros de altitud. Como etíopes y kenianos, su entrenamiento es natural.

Julia tiene acuerdos con cuatro clubes de atletismo. Paga a entrenadores, les aporta material... Todo se coordina en un centro de alto rendimiento «nada que ver con los europeos, pero entrenan bien y se cuida mucho la dieta». De ahí se eligen a los que viajarán a España -1.000 dólares cuesta el viaje- para iniciar el sueño de hacerse rico gracias al atletismo. «Son muy disciplinados, con los pies en el suelo. Y la federación nos deja trabajar con libertad. Además, es un país sin corrupción, hecho que en otros países es una lacra...», comenta Julia.

Los eritreos están iniciando un precioso pique atlético con los etíopes... aunque Kenenisa Bekele y Haile Gebreselassie están muy por delante. «No se llevan mal a pesar del conflicto sufrido, siempre y cuando no hablen de política. Incluso han llegado a compartir habitación. La verdad es que entre atletas la relación Eritrea-Etiopía es cordial», analiza la mánager.

¿Y las mujeres? Eritrea ha mejorado en los últimos años su nivel atlético en categoría femenina pero... «Es un país muy machista. Hay cuatro o cinco mujeres buenas, pero el futuro no es tan claro. En junior son subcampeonas del mundo aunque lo más difícil es el paso a senior y que les permitan seguir haciendo deporte», señala con resignación la ex atleta y madre deportiva de los eritreos.


Despertador a las 6.30

En el Mundial de cross de 2001 Eritrea no puntuó por naciones. Cinco años después fueron subcampeones del mundo. Sus equipos juniors eran muy discretos hasta 2004 y las chicas casi ni existían. En los mundiales de hace dos años sólo Kenia pudo con Eritrea, en hombres y en mujeres.

¿Cómo se logran estos éxitos? «Se quieren asegurar su futuro gracias al atletismo y trabajan como profesionales europeos», explica Julia García, que ha vivido en primera persona las condiciones de sus casas, de los centros de entrenamiento... Allí el despertador suena a las 6.30 horas para realizar la primera sesión de entrenamiento que dura hora y media. Los empleados del centro preparan un abundante desayuno. Después, unos van a la escuela y otros a clases de inglés. A las 12.30 comen. A las 4 entrenan de nuevo. A las 6 regresan al centro. Aseo, cena, un poco de tele, charla y juegos de mesa... y a dormir. Así una y otra vez. Sólo descansan el domingo. Ese día son los propios atletas quienes hacen las tareas: unos se encargan de la comida, otros de la colada o de cortarse el pelo entre ellos. Hombres y mujeres colaboran en igual medida. Y todos con el sueño de convertirse en atletas profesionales.

Antxon Blanco / San Sebastián
Fuente: El Diario Vasco