El atletismo español, calificado con un 8 por su presidente, José María Odriozola, regresó al medallero de unos Mundiales en pista cubierta, del que se vio apeado en la edición anterior, pero el oro, nunca tan accesible y cercano como ahora, se quedó en Moscú.

Glory Alozie, olvidando dos años de adversidades, tuvo el título de 60 metros vallas a dos centésimas; Ruth Beitia, que sigue creciendo como atleta, el de altura a cuatro centímetros. Las dos pertenecen al club Valencia Terra i Mar, que tendrá en 2008 un papel relevante en los Mundiales bajo techo de la ciudad del Turia.

Algunos de los ausentes españoles en los Mundiales moscovitas tal vez estén lamentando ahora su renuncia porque las oportunidades, como afirmó una exultante Ruth Beitia tras conseguir su medalla de bronce, "no hay que dejarlas pasar jamás".

España llevó a Moscú a un equipo reducido de 20 miembros (en Budapest 2004 fueron 32 y en Birmingham, un año antes, 27), pero ofreció, con pocas excepciones, la imagen aguerrida que hizo famosos a los "mosqueteros rojos" hace pocos años.

La clasificación por puntos, que mide el verdadero nivel de un país en atletismo, situó a España en el sexto lugar del mundo, por detrás de Rusia, Estados Unidos, Alemania, Polonia y Jamaica, y por delante de potencias como Cuba, Kenia, Ucrania, Suecia, Francia o Etiopía.

Una medalla de plata, otra de bronce, el cuarto de Concha Montaner, los quintos de Sergio Gallardo (1.500) y Juande Jurado (800) y los sextos del capitán, Manuel Martínez (peso), y de Naroa Agirre (pértiga) resumen una actuación notable que devuelve la moral a una selección a punto de sumirse en una crisis de confianza.