La "condromalacia" no es un "diagnóstico" en sí mismo.
No obstante ello resulta de gran trascendencia social la preocupación sobre este asunto que es bien patente en los foros de todo tipo, en especial en los de ámbito relacionado con el deporte.
Lamentablemente, como sucede muy a menudo (el poder de las palabras) se ha adueñado de ella toda una legión de elementos externos a la disciplina médica que la creó, modificando esencialmente su significado original.
Pervertida en su esencia, en la actualidad "significa" muchas cosas no significando nada.

El sofisma sobre el que se construyó lo que hoy día se conoce con varios nombres como el de síndrome fémuro-patelar, condromalacia rotuliana, síndrome de hiper-presión externa de la rótula, etc. intentaba explicar el porqué del dolor en la rodilla en ausencia de lesiones comprobables a Rx, atribuyéndole un mecanismo esencialmente mecánico que provocaba el "desgaste" del cartílago articular.

Algunos cirujanos ortopédicos tenían muy presente que las imágenes radiológicas no se correspondían exactamente con lo que podían observar en las rodillas a cielo abierto. Generalmente el "daño" estructural era mucho mayor de lo que podía presuponerse a la vista de las radiografías. Pero también eran conscientes de que no necesariamente la "artrosis" debía significar dolor, ni el dolor debía significar "artrosis".
Posteriormente el desarrollo tecnológico permite, en radiología (RMN) y en cirugía mínimamente invasiva (Artroscopia), la evidencia de la afectación del cartílago articular en la rodilla y sus diferentes estados evolutivos.
El palabro "Condromalacia" (que en esencia tan solo significa reblandecimiento cartilaginoso) ha tomado de esta guisa visos de entidad nosológica de manera torticera. Al generalizarse el conocimiento de esta evidencia y con el apoyo de la industria química y protésica se asume como algo natural que la distrofia del cartílago es el origen del dolor en la rodilla ante la que no se puede "demostrar" otra "lesión" en su estructura.
La filosofía biomecánica se ha impuesto "por goleada" como casi explicación única.

Este planteamiento resulta tan solo adecuado en algunos casos, en otros (bastantes) es incompetente; por ello las actitudes terapéuticas "protocolizadas" generalizadas resultan inefectivas y/o contraproducentes.

Considerando al paciente como un ser singular es correcto pensar en el mecanismo biomecánico fémuro-patelar, pero no como el absolutamente único.

La Medicina Manual, al valorar globalmente la "condromalacia" como una consecuencia y no necesariamente como una causa, ofrece otro tipo de planteamientos.
De entre los más destacables, por su incidencia, mencionar la disfunción de la cabeza del peroné (que en deportistas acostumbra a acompañarse de disfunción en el tobillo), y la presencia de campos interferentes (Medicina o Terapia Neural) con los que localizar el origen del síndrome rotuliano (cicatriz, odontón, etc.).
Sin descuidar el abordaje de la integración del control y la adaptación de las estructuras músculo-tendinosas (patrones de activación) que también están ligados a la normo-función neurológica (tono en terapia neural). Las disfunciones en un músculo pueden acarrear (sistemas de adaptación) alteraciones en cualquier otro músculo o grupo muscular del organismo, aunque no parezca evidente su relación.
Proveer al organismo de las sustancias "naturales" que pueden ayudar al entorno celular global y específico resulta muy útil también en casos concretos en los que se sospeche un déficit o un mal aporte/aprovechamiento de las mismas.

El concepto de biotensegridad permite abordar y restaurar la correcta pre-tensión de los ligamentos propios articulares que la mantienen en deslizamiento sin compresión. Las maniobras en biotensegridad sobre la torsión tibial son sorprendentemente efectivas en las patologías de la esfera tendón-rótula, sobre todo en pacientes jóvenes con sobreentrenamiento deportivo.

Así pues, el experto en Medicina Ortopédica Manual Osteopatía puede añadir por lo menos tres formas más de "pensar" y "actuar" cuando se encuentra ante una "condrofalacia" rotuliana.
El adecuado tratamiento tras una buena valoración global debería permitir el cese del dolor, la normalización de la función articular y la regeneración del cartílago en la medida de la capacidad de auto-regeneración trófica de ese paciente. El objetivo debería centrarse en proporcionar la "curación" en el menor tiempo posible, con la máxima efectividad, la mayor sencillez y el mínimo coste económico para cada paciente en concreto según sus características.

La actitud diagnóstico-terapéutica unipartidista exclusiva; ya sea en el aspecto biomecánico, nutricional, kinesiológico, manual, neural, o cualquier otro, podrá bien solucionar algún caso en concreto. Su protocolización generalizada conducirá a más de un fracaso.
Las terapias "agresivas", ya sean infiltraciones intra-articulares con cualquiera de los "productos" que se ofrecen en el mercado, ya sean las propuestas quirúrgicas de muy variadas índoles, deberían estar reservadas como última alternativa para los casos muy bien estudiados que no han respondido al resto de los procedimientos antes descritos.
En resumen:
Los ¡DIAGNÓSTICOS! Basados en imágenes radiológicas no son diagnósticos médicos clínicos; en consecuencia no deben ser tomados en cuenta en su vertiente absolutamente parcial (interpretación de la imagen). No representan más que la constatación de que existe una estructura que está sufriendo; no la causa que lo provoca. Y mucho menos permite la extrapolación para explicar lo que está sucediéndole al paciente.
La visión holística (global) del organismo debe tener en cuenta la multiplicidad de factores que pueden abocar a la alteración física o funcional de una zona del organismo.
El, o los tratamientos adecuados deberían tener en cuenta todos estos factores.
Cuando ante un problema se plantean múltiples opciones para su resolución es que no existe un procedimiento capaz de solucionar casos particulares aplicando una regla general.
Se puede estar haciendo lo correcto en algún caso en particular, pero ello no conlleva que se pueda extrapolar al resto de los sufrientes. El que una o determinadas técnicas hayan solucionado el problema de un individuo no permite suponer que el resto estén en su misma situación.